Una caravana de madres y familiares de migrantes desaparecidos.

 

Migrantes centroamericanos cruzan el río Suchiate que marca la frontera entre México y Guatemala (Orlando Sierra / AFP)

En el año 2000 inició la caravana de madres hondureñas en búsqueda de sus familiares migrantes desaparecidos. Estas madres en búsqueda de sus hijos surgieron en Yoro y progresó, porque después de la destrucción del huracán Mich, muchos migraron, luego no se supo nada de esos hijos e hijas. Con este sentir surgió la iniciativa de este peregrinar de coraje, amor y fe por la ruta migratoria al imperio Estadunidense. Con dolor y esperanza año con año estas mujeres y organizaciones van encendiendo una vela de esperanza en la oscuridad que se vive. A partir del 2010 se organizaron familiares de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, que se sumaban a la búsqueda de sus familiares desaparecidos en el paso por México. Estos años, se han encontrado unos 250 migrantes: unos infelizmente muertos, otros privados de libertad (trata), y otros en centros psiquiátricos.

Nuevamente la caravana de familiares en búsqueda de migrantes desaparecidos, salió de Honduras el 20 de octubre del 2018; el 22 se tendrá una conferencia de prensa en Ciudad de Guatemala, luego entrarán el 23 a México por Tapachula, pasando por varias ciudades del 23 al 31 de octubre; del 1 al 4 de noviembre en Ciudad de México participarán en la primera cumbre mundial de “madres migrantes desaparecidos”, retornando el 9 de noviembre por estas tierras del triángulo norte.

¿Qué se siente tener un familiar desaparecido? Fuera de la curiosidad morbosa, de la noticia amarillista y sangrienta de los grandes medios de “confusión” social, de los comentarios del vecindario, está la pregunta en el viento, en las noches y días de dolor de no saber dónde está el ser querido que salió de la casa con paso firme y tembloroso. Para Eduardo Galeano, que fue testigo de desaparecidos por motivos políticos y económicos en las dictaduras militares, tiene un poema que nos recrea en letras que muestran sentimientos con colores esta realidad de un desaparecido:

“Desaparecidos: los muertos sin tumba, las tumbas sin nombre.

Y también:

los bosques nativos,

las estrellas en la noche de las ciudades,

el aroma de las flores,

el sabor de las frutas,

las cartas escritas a mano,

los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,

el fútbol de la calle,

el derecho a caminar,

el derecho a respirar,

los empleos seguros,

las jubilaciones seguras,

las casas sin rejas,

las puertas sin cerradura,

el sentido comunitario

y el sentido común”.

Un bebé descansa en la carretera mientras la caravana avanza de fondo en Ciudad Hidalgo (Pedro Pardo / AFP)

Unamos este poema que recrea sentires de dolor del pueblo Latinoamericano, con el sentir y pensar del papa Francisco en su mensaje para la jornada mundial del migrante y del refugiado 2018:

«El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios» ( Lv 19,34).

Cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia (cf. Mt 25,35.43). A cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia. Esta solicitud ha de concretarse en cada etapa de la experiencia migratoria: desde la salida y a lo largo del viaje, desde la llegada hasta el regreso. Es una gran responsabilidad que la Iglesia quiere compartir con todos los creyentes y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que están llamados a responder con generosidad, diligencia, sabiduría y amplitud de miras —cada uno según sus posibilidades— a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas. A este respecto, deseo reafirmar que «nuestra respuesta común se podría articular entorno a cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar».

Esta invitación y motivación que el papa hace principalmente a todos los que nos mueve la espiritualidad cristiana, es a tomar un accionar comprometidos desarrollando creativamente el “acoger, proteger, promover e integrar” a cada migrantes que pasa por nuestra puerta o caminos. En estos momentos históricos ante el drama del migrante (que es mi familiar, vecino, amigo…), actuar no queriendo ver y sentir, sin hacernos cargo de la realidad con toda su complejidad devastadora, es actuar indiferentes como los “sacerdotes y escribas” de la parábola contada por Jesús (Lc 10); es cierto que muchas veces y en momentos históricos de dramas sociales, los líderes cristianos pasamos indiferentes ante el “prójimo, hermano/a, compa” que está viviendo una realidad de peligro o muerte, que está pasando una necesidad existencial y social. Estamos invitados como cristianos a reaccionar ante la situación del migrante, provocada por los poderes políticos y económicos, por los partidos y empresarios que han explotado al pueblo y la CASA COMUN.

Sigamos gritando con ellos y ellas:

¡NO SOMOS DELINCUENTES, SOMOS MIGRANTES!

 

Fr René Arturo Flores. JPIC, El Salvador.

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