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Un sueño africano.

untitledSolo la escuela pueda cambiar las cosas” Mientras habla en su italiano “nasal” aprendido en Roma durante sus estudios de teología, fray Linus Mulenga mira mas allá de sus gafas rectangulares, decenas de cabecitas semi rapadas. En la amplia sala hecha de ladrillos de barro con techo de paja hay, por lo menos, noventa niños agrupados en pequeños grupos sobre el suelo polvoriento.

Los mas pequeños en brazos de los mas grandes. El silencio es irreal, la atención es máxima, la disciplina intachable. Un profesor va y viene entre esta y otra clase, niños mas pequeños aquí, niños mayores en la otra. Dos clases, dos programas, la misma hora y el mismo profesor. “Ningún profesor quiere venir aquí, pero cambiara, las cosas cambiaran” repite fray Linus contra toda evidencia, con el optimismo que solo un franciscano puede tener.

El proyecto que Caritas Antoniana propone al lector comienza con una pequeña comunidad de frailes menores conventuales originarios de Zambia destinados a Mzimba, un distrito rural del norte de Malawi, en el Africa sudoriental.

Se trata de una escuela superior que estará dedicada a San Francisco: ocho clases, servicios higiénicos, tres pozos de agua y un alojamiento para los profesores. Un proyecto, en apariencia, similar a tantos otros, que aquí, entre los pobres del interior atrasado del país es una revolución Fray Linus lo sabe y sabe que este es un gran desafío: para su gente, para él que es el responsable y para los otros tres frailes, Justin, Abraham y Cornelius, que con el, han iniciado esta aventura en 2008. Un desafío también para la Provincia de los santos protomartires franciscanos de Zambia, porque la suya es la primera misión totalmente africana en tierra africana. Una primacía que es un signo de los tiempos en una Iglesia cada vez mas multietnica y abierta al mundo.

Pioneros y franciscanos.

Hemos venido aquí porque el Nuncio Apostólico, que es el mismo para Zambia y Malawi, pensó que el carisma franciscano era el mas adecuado para estos lugares. Cada día buscamos entender como testimoniar el espíritu de Francisco y ahora tenemos un Papa que lleva su nombre. ¡Que oportunidad maravillosa!” Los ojos de Linus brillan mientras dice estas palabras. Un momento de silencio y luego comienza a contar, como se hace de noche, alrededor del fuego, en el pequeño poblado tribal de chozas color tierra rodeado del verde intenso del altiplano. “Llegamos el 16 de junio de 2008, sin una idea precisa de que nos encontraríamos” La parroquia de San Pablo a la que fueron asignados, tiene un territorio de unos 5000 kilómetros cuadrados, subdividido en 88 iglesias, llamadas outstation (termino ingles para definir lugares remotos), diseminadas por poblados de veinte o treinta casa cada uno, mal comunicados y con caminos que se vuelven intransitables durante la temporada de lluvias. “No había ningún censo fiable, pero las estimaciones hablan de unos 80.000 bautizados. ¿Como podremos llegar a todos?”

No es la única sorpresa: hace poco me he enterado que bajo su responsabilidad esta, ademas, la gestión de 38 escuelas publicas que el gobierno dio a los católicos dándoles solo una subvención para los gastos de los profesores: “De la noche a la mañana -continua Linus- nos hemos encontrado con la responsabilidad de casi 40.000 alumnos sin ni siquiera saber donde estaban sus escuelas”. A los hermanos les lleva meses rastrearlos a todos, recorriendo kilómetros y kilómetros de caminos. Al final el panorama es desolador: “Las escuelas explotaban de alumnos, cada una con entre 400 y 1000. Cada una en condiciones ruinosas, inutilizables con las lluvias, sin bancos ni materiales. En algunos casos las salas no alcanzaban y las clases se daban a la intemperie”. Pero el aspecto mas preocupante se da con los profesores, son dos, tres, máximo cuatro, por cada escuela: cada uno con ciento veinticinco, ciento cincuenta alumnos contra una media nacional, ya muy alta, de un profesor cada sesenta alumnos. “No obstante todas las lecciones se imparten – comenta Linus – y los niños están ávidos de venir a la escuela y aprender todo lo que puedan”

 Una misión toda africana.

Pero la dificultad mas grande no radica en la vastedad de la misión sino en las diferencias culturales. “El Africa es grande, incluso para nosotros africanos -sonríe Linus-. Es inmensa y difícil de comprender pero tiene un alma muy grande” En el interior de Mzimba sobreviven costumbres milenarias. Hay un sentido del respeto al otro que se expresa en la distancia y en rígidos rituales. Hay, por ejemplo, un distanciamiento enorme entre hombres y mujeres y en particular entre padres e hijos. Los rituales tienden a bloquear las relaciones porque no se puede tratar directamente a una persona a la que se debe respeto como los padres o los sacerdotes. “Para nosotros, frailes, habituados a contextos diversos, venir a este lugar de Africa para anunciar el Evangelio, que es la Palabra que libera, y no poder hablar directamente con las personas y en particular con los jóvenes es una contradicción en extremo”. No se trata solo de una limitación pastoral: rápidamente los frailes se dieron cuenta de que el black out de relaciones es un peligro para los mas jóvenes que no tienen guía ni posibilidades de expresarse. Esta “Palabra que libera” debe ser encarnada, testimoniada todos los días pero ¿como? “Respetamos los rituales de saludo pero luego comenzamos a hablar a todos directamente y en publico – continua fray Linus- incluso con las mujeres. Abrazamos a nuestros jóvenes y vamos de casa en casa explicando a los padres cuan peligroso puede ser aquel silencio. La gente nos miraba con recelo, decían que eramos africanos, si, pero con la mente como los occidentales, casi inmorales: esto fue un gran sufrimiento. Nos confortaba saber que testimoniar a Francisco en esta situación significaba trasmitir a la gente la alegría, la paz y la libertad de los hijos de Dios. Fue realmente un gran desafío”

Observando un gran avance.

12243200La misión de los frailes se convirtió en un incansable peregrinaje por los caminos polvorientos de Mzimba, pueblo tras pueblo. Para provocar un cambio es necesario hacerse presente, aceptar el desafío del silencio, del rechazo. Un viaje espiritual y humano que lleva a los frailes a comprender cada vez mas nitidamente que “la escuela, solo la escuela pueda cambiar las cosas” Y el peregrinaje deviene en vida nueva, Palabra encarnada: “Tuvimos que preparar un plan de intervención y fijar un objetivo mínimo: debíamos subdividir el territorio y encontrar un responsable en cada uno que se hiciera cargo de las condiciones de las escuelas”. Así nació la SPACTA (Asociación católica de maestros parroquiales de San Pablo, por sus siglas en ingles) una asociación de profesores y padres de la parroquia. Al inicio no es simple: “la gente se preguntaba: “¿que podrán hacer ustedes que son pobres como nosotros?” Es verdad no teníamos ni dinero ni medios, como en vez sucede cuando llega un misionero blanco, pero dentro mio estaba convencido que la hermana pobreza seria capaz de unirse con el hecho de que somos hijos de esta tierra. El no tener nada resalta nuestro testimonio. Nuestro oro era el franciscanismo. Entonces entendí porque el obispo nos había querido aquí”.

La desconfianza se resiste a morir y llevara mucho tiempo. Pero la gente comienza a comprender, a colaborar: los pobladores se comprometen con la mano de obra para construir las residencias de los profesores, condición mínima para ayudar a los maestros a establecerse en las comunidades.

El punto de inflexión se produjo en 2010 cuando los frailes organizaron un workshop (jornada de trabajo y estudio) para promover el trabajo en equipo y brindar conocimientos de liderazgo. “Vinieron representantes de todas las zonas y escuelas: por primera vez se escucharon unos a otros compartiendo dificultades y soluciones”

UNA ESCUELA SUPERIOR ¿PORQUE?

AL día de hoy no todo esta resuelto, requerirá tiempo pero el mejoramiento del sistema escolar básico esta ya al alcance de la comunidad. El problema ahora se encuentra con los adolescentes que a los 13 o 14 años salen de la escuela básica y no tienen ninguna posibilidad ni de trabajar ni de seguir estudiando, una situación que en Mzimba le espera a 6000 jóvenes cada año: “Aquí no hay industrias se vive de la agricultura para sobrevivir -explica Linus-. La falta de perspectivas vuelve muy frágiles a estos jóvenes, exponiéndolos al matrimonio precoz, la prostitución, el alcoholismo, a contraer el SIDA, muy expandido en esta zona. Una preocupación, compartida ahora con los padres, luego de cuatro años de intenso trabajo de concientización. Razones que nos llevaron a pedir ayuda para construir una escuela, una tarea imposible debido a nuestra pobreza pero que haría avanzar notablemente la lanza del desarrollo”

Una escuela secundaria del estado ya existe en el centro de la ciudad de Mzimba pero solo acoge a unas centenas de estudiantes y no es viable para los jóvenes del interior. “Entonces nuestra escuela resolverá el problema – admite fray Linus- pero tenemos la ambición de convertirla en la mejor de la zona, buscando a los profesores mejor cualificados. Algunos de nuestros frailes en formación en Zambia eran profesores antes de entrar en la Orden y serán un gran recurso para el futuro. Este lugar olvidado por todos sera el centro de una nueva fase”. La Escuela Secundaria San Francisco acogerá trescientos estudiantes que podrían convertirse en el doble si los frailes logran encontrar los profesores necesarios. “Una gota en el océano – concluye fray Linus-. Pero Madre Teresa decía que incluso una gota puede hacer la diferencia porque produce un efecto multiplicador. Si tenemos éxito en nuestro objetivo, en la Escuela San Francisco podrán formarse los administradores, los profesionales, los lideres del mañana. Haremos mejores las condiciones de todos los otros y serán protagonistas del desarrollo futuro. Una esperanza que nosotros, franciscanos del Africa, queremos donar a estos hermanos con vuestra ayuda”.

Puedes colaborar con esta y otras iniciativas de CARITAS ANTONIANA ingresando en www.caritasantoniana.org

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Escrito por Redacción

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