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Un reino de escándalo.

Por Mons. Santiago Agrelo, ofm

March 24 2016 : A statue of Jesus, life-size, represented as a homeless man lying on a bench, wrapped entirely by a light blanket, with only the feet that emerge and marked by the nails of the crucifixion, is the bronze sculpture during Holy Week of ' year of Mercy was placed in the courtyard of Sant'Egidio at the Vatican, the entrance of the Apostolic Charities offices, work of Canadian sculptor Timothy P. Schmalz.

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

Habían arrestado a Juan, que como todos saben, iba de profeta y, para el orden establecido, un profeta es más peligroso que un delincuente.

Arrestan a Juan, y se establece Jesús. Se llevan al testigo de la luz, y se enciende la luz verdadera. Acallan a la voz, y comienza su ministerio la palabra.

Su mensaje resuena hoy en nuestra asamblea litúrgica: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”.

Eso dijo… y pronto se entendió que habría que acallar al profeta de Galilea como habían acallado al profeta del Jordán. Porque el reino del que hablaba Jesús no era cosa de ritos, no encajaba en los cánones de la ortodoxia, no apuntalaba el orden establecido.

Daba incluso la impresión de que se ocupaba más de prostitutas y ladrones que de Dios.

Lo normal en ese reino de escándalo va a ser que Dios se olvide de ritos, doctrinas y tradiciones para ocuparse de ovejas que se le pierden, de monedas extraviadas, de hijos que se le han ido de casa…

En el reino cuya cercanía anuncia este profeta blasfemo y borracho, Dios se ocupa de enfermedades y dolencias, de pecadores, de ciegos, de lisiados, de leprosos, de oprimidos, de humillados, de pobres.

Con razón dice el evangelista que se cumplió la palabra del profeta: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

¡El pueblo que no el templo!: Parados, desahuciados, sin techo, refugiados, emigrantes… ellos traen de cabeza a Dios, que nunca perdió un minuto de sueño por una disquisición dogmática o una cuestión moral.

Y yo te digo que hoy, en la eucaristía que celebras, se cumple el evangelio que acabas de oír. Hoy la luz de Cristo brilla para ti.

Hoy el reino de los cielos se te acerca, y tú, Iglesia amada del Señor, pueblo arrebatado a las tinieblas, eres testigo de ello, pues escuchando, creyendo y comulgando, eres liberada, iluminada, purificada, perdonada, pacificada, embellecida, salvada.

Feliz domingo, Iglesia de Dios, en la que brilla la luz de Cristo resucitado.

Via Diócesis de Tánger.

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Escrito por Mons. Santiago Agrelo, ofm

Pertenece a la Orden de Frailes Menores. Fue nombrado arzobispo de Tánger por Benedicto XVI en 2007, cuando era párroco en la diócesis de Astorga, servicio que desempeñó hasta 2019. Es profesor en el Instituto Teológico de Compostela, entre otras actividades.

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