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Un obispo franciscano mediador en la crisis migratoria de Costa Rica.

FullSizeRender-14-636x373Mons. Gabriel Enrique Montero Umaña, OFM;  (Moravia – 1945). Hizo su profesión religiosa como Franciscano Conventual el 02 de febrero 1965 y la profesión solemne el 24 de febrero de 1972. Fue ordenado sacerdote el 16 de agosto de 1973 y el Papa Francisco lo nombró Obispo de San Isidro de El General, el 24 de diciembre del 2013.

Fray Gabriel lleva unos días recorriendo las «periferias» de su diócesis. En estos días ha tenido la oportunidad de visitar las comunidades de Mariposa, Colorado y La Palma donde fue recibido con gran alegría y gozo entre sonrisas y globos. La alegría de la gente, indicó el padre Oscar Gonzalez, se debe a que es la primera vez que un obispo va a visitarlos.

Pero la experiencia más intensa ha sido, quizás, la visita a la zona de frontera con Panama donde se encuentran centenares de inmigrantes africanos expulsados por Panama y en una situación del todo irregular.

Monseñor Montero, realizó el trabajo de mediador entre los habitantes africanos, con quienes buscó propiciar diálogo en grupos y muchas veces de forma individual, para convencerles de la necesidad de que se trasladen, al menos, al Campo Ferial y se ofreció para éstos como garante de fiscalización sobre los compromisos del gobierno. Esta tarea la realizó dialogando toldo por toldo y entrando entre los grupos africanos, en medio de sus “clanes”, unos más pacíficos que otros.13100713_525776707617486_7620881314512118646_n

Finalmente algunos grupos han aceptado trasladarse pero para lograr esto, el mismo Mons. Montero ha recorrido los terrenos una y otra vez, durante más de 4 horas, buscando las mejores condiciones; y para convencer a los africanos. Él mismo junto a otros colaboradores han iniciado el traslado de los baños químicos a una mejor ubicación evitando los olores y propiciando mejores condiciones.

Pero el arduo trabajo ha dado sus frutos y el gobierno de Costa Rica se ha comprometido a gestionar, en los refugios, el proceso migratorio que durará, como máximo, un mes.

La presencia del obispo ha sido clave, el gobierno le ha reconocido su valor como voz de la Iglesia y su aceptación y respeto por parte de la gente. Para los africanos el obispo se ha convertido en una voz creíble porque lo consideran, en medio de su situación, un enviado de lo alto y delegado del Papa Francisco.

Más información en Diócesis de San Isidro. 

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Escrito por Redacción

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