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Un nombre

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¿Por qué la cultura, la política nos cansan tanto?

¿Por qué la cultura, la política nos cansan tanto? Porque son usadas con virtuosismo por intelectuales y artistas, periodistas y políticos para desviar la mirada del blanco: la pobreza material, la pobreza de los pobres. Para distraernos del primer y último objetivo del trabajo del hombre sobre la tierra, librarnos de ella. En la medida en que olvidamos eso somos gente que no va en serio, no se pueden dar lecciones de bondad o belleza, de verdad o justicia, dejando lo de combatir la verdadera pobreza, la pobreza material de los pobres, para luego. Y desde luego mucho menos recibirlas.

Pobre se puede ser de muchas maneras. Por ejemplo es mucho mejor reconocer decididamente la pobreza espiritual que supone la falta de símbolos que simular una posesión que no tenemos. Del mismo modo que el cristianismo con su voto de pobreza mundanal dijo querer apartar los sentidos de los bienes del mundo, los defensores de la pobreza espiritual dicen poder pasarse de las falsas riquezas del espíritu… para recogerse en si mismos, allí donde a la fría luz de la conciencia la desnudez del mundo se extiende hasta las estrellas. A este respecto y según Santo Tomás la pobreza es carecer de lo superfluo mientras que la miseria es carecer de lo necesario. Pero la maldad consiste en tener de algo demasiado.

Para librarnos de nuestra responsabilidad hacia los pobres tenemos muchos trucos culturales.  El primero de ellos es invocar la libertad, decir que son pobres porque quieren, el segundo es criminalizarles. Vincular la pobreza con la criminalidad es todavía mejor para desterrar a los pobres del mundo de las obligaciones morales. Los media mostrándonos las barbaridades, los crímenes de los tercermundistas son los predicadores de esta manera de desvincularnos de su contraria suerte.

Al insistir en no detenernos en la pobreza, en saltar hasta los pobres hay que recordar a los franciscanos, verdaderos defensores de los pobres, y a los nominalistas, cuyo principal teórico era el franciscano Guillermo de Occam, cuando afirman que sólo hay individuos singulares y que las palabras que sirven para designar un conjunto de individuos o un concepto son convenciones cómodas, pero no designan ninguna realidad, y que, por consiguiente, hay que desconfiar de ellas. Occam sostiene así que “no hay que multiplicar las entidades abstractas sin necesidad” principio de economía designado a menudo como “la navaja de Occam” y que pensando en economizar palabras podría tomar la forma: “las explicaciones más simples son las mejores”.

Cuando uno habla de tasa de desempleo en lugar de los desempleados, del índice de precios en lugar del alza de los precios, de la pobreza, en lugar de los pobres… está poniendo palabras en manos de los que gobiernan es decir (del gobierno) y contra el pueblo (es decir, de los gobernados). A estos sacerdotes del modernismo les encanta vestirse de amarillo y cambiar las palabras para, convirtiendo las dificultades prácticas en teóricas, poder seguir trabajando (y mangoneando) en teoría. Y de paso prácticamente.

Hubo una época que los que ayudaban a los pobres militando a su lado, los franciscanos, prosperaron tanto que pronto comenzaron a dirigir numerosos monasterios y ricas propiedades agrícolas. Sin embargo, para permitirles respetar, al menos nominalmente su voto de pobreza, el papa había aceptado tomar a su cargo la propiedad de esos bienes aunque cediéndoles el usufructo. Pero en el siglo XIV esta sutil construcción sufre severas críticas.  En esta situación tan compleja interviene Occam para defender la posición de los franciscanos frente al papa. Argumenta que no es posible entregar los bienes a la orden considerada como un todo, ya que esta no es más que un  nombre que designa  individuos franciscanos. Niega así la posibilidad de que existan personas colectivas distintas a personas singulares…. que la libertad, la responsabilidad son individuales.

Hoy gracias a esos mamporreros del abuso que han medrado bajo el paraguas del arte, la cultura, la religión o la política… la libertad, la responsabilidad de los individuos son las de los granujas que pretenden hacerse escuchar por el poder para que les conceda todos los márgenes que permiten emplear, para su propio beneficio, el trabajo de los pobres.

 

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Escrito por Redacción

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