Fratelli Tutti – Capítulo dos

La parábola llamada del buen samaritano, es una propuesta y opción universal, más allá de una enseñanza religiosa (n. 56).

Esta es una propuesta basada en la solidaridad y la misericordia (n. 56.58); “Dios cuestiona todo tipo de determinismo o fatalismo que pretenda justificar la indiferencia como única respuesta posible.” (n.57). se trata de “ampliar el corazón”, no de ser una comunidad creyente aislada y sectaria (n. 60-61).

La parábola resalta el tiempo y generosidad dada por un humano al necesitado (n. 62-63), esta propuesta cuestiona que, “hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas.” (n. 64). El modelo del “buen samaritano”, es una propuesta ética ciudadana, “la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro” (66). Tenemos que pasar a ser una comunidad que se preocupa del caído y del frágil, que no deja a nadie “en la orilla”, mucho menos excluye, como lo hace este sistema actual (n. 67-68).

Cada humano somos algún de esos personajes de la parábola, lo que mide un sistema o proyecto político, es cuanto no excluye o margina al frágil de la sociedad (n. 69). “hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso” (n. 70). Basta mirar el sistema de globalización y ver los tirados en el camino (n. 71).

Los personajes de esta parábola evangélica dicen de la situación actual, plantean los que ejercen violencia sobre el débil, los indiferentes, los hipócritas e insensibles que son los líderes religiosos (n. 72-74). “Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: así obra la dictadura invisible” (n. 75). El “hombre herido” es el que reproduce este sistema de globalización (n. 76).

La encíclica invita a retomar esta parábola, como una oportunidad de reestructurar las relaciones y el sistema…”Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas… de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído” (n.77). La propuesta es hacernos “cargo” de esta realidad dramática que ha creado este sistema globalizado (n.78). “Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra” (n.79).

Tenemos que aprender y sensibilizarnos con el otro, que es distinto y diverso a mí, reconocerme como prójimo de ese otro (n. 80-82). “Este encuentro misericordioso entre un samaritano y un judío es una potente interpelación, que desmiente toda manipulación ideológica, para que ampliemos nuestro círculo, para que demos a nuestra capacidad de amar una dimensión universal capaz de traspasar todos los prejuicios, todas las barreras históricas o culturales, todos los intereses mezquinos” (n. 83).

Todos somos forasteros por estos caminos y al mismo tiempo, todos tenemos dignidad plena por ser habitantes de esta casa común (n. 84-85). La encíclica, critica a los miembros de la Iglesia y sus leyes, que no reaccionan ante la violación de los Derechos Humanos, “todavía hay quienes parecen sentirse alentados o al menos autorizados por su fe para sostener diversas formas de nacionalismos cerrados y violentos, actitudes xenófobas, desprecios e incluso maltratos hacia los que son diferentes” (n. 86).

Fray René Arturo Flores OFM

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Escrito por Redacción

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