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Un cura, franciscano y vasco, en Seul.

Con cerca de 73 años, el franciscano Joxe Murguzur lleva en Corea del Sur desde 1967 y ha visto su paso de la pobreza a la opulencia.

Joxe Murguzur Seul 644x362Corea del Sur, el destino del primer viaje del Papa Francisco a Asia, es hoy uno de los países más desarrollados del mundo. Pero la situación era muy distinta cuando el sacerdote español Joxe Murguzur llegó aquí como misionero en 1967. «La gente era pobre y pasaba muchas necesidades», explica a ABC este franciscano vasco que cumple 73 años dentro de unos días. Natural de Oñate, en Guipúzcoa, se ha pasado dos terceras partes de su vida en Corea del Sur, donde ha visto el paso de la dictadura a la democracia y de la miseria tras la guerra a la opulencia que se aprecia en los rascacielos con luminosos de Seúl.

Un viaje a la modernidad y a la riqueza que, a su juicio, «ha sido demasiado brusco porque ha dado lugar a una sociedad muy egoísta y materialista». Tras dedicarse los dos primeros años a estudiar coreano, el padre Murguzur estuvo destinado primero en un pueblo pesquero de la costa oriental, donde conoció la pobreza del campo, y luego en barrios industriales de grandes ciudades como Suwon e Incheon, donde descubrió la explotación laboral y se implicó en la lucha por la democracia durante los años 70 y 80. En esa época, las conversiones al catolicismo se dispararon por el compromiso de la Iglesia, que incluso daba cobijo a los activistas políticos. Coincidiendo plenamente con el Papa Francisco, su nuevo caballo de batalla son las desigualdades sociales.

«Espero que su mensaje de humildad cale en Corea del Sur y sirva para que su Iglesia vuelva a ser pobre y para los pobres», confía el sacerdote, quien se muestra muy crítico con la opulencia que, en ocasiones, muestra la jerarquía eclesiástica. «Aunque es cierto que ayuda mucho a los pobres y ejerce una importante labor social, la Iglesia surcoreana es rica y debe aprender de la sencillez del Papa con ejemplos como el del pequeño coche KIA que ha utilizado aquí», razona Murguzur.

Escéptico al principio con el viaje del Pontífice porque «no pensaba que le iban a dejar entrar en contacto con los problemas sociales de este país», se muestra encantado de que se haya volcado con los familiares de las 300 víctimas en el naufragio del ferry Sewol, la mayoría estudiantes de un instituto. Predicando tanto el mensaje del Papa como el del fundador de su orden, San Francisco de Asís, el padre Murguzur se dedica a la formación de grupos católicos y a ayudar a los más necesitados.

Una misión que le ha llevado dos veces a Corea del Norte para repartir vacunas infantiles con una delegación de Cáritas. «Allí visitamos algunos hospitales de tuberculosos que eran horribles», recuerda aún conmovido.

Junto a él, hay otros cinco franciscanos españoles que también llevan varias décadas en Corea del Sur, además de 150 surcoreanos. Aunque el sacerdote se congratula por el aumento de las conversiones al catolicismo durante los últimos años, alerta de que hace falta más compromiso social dentro de la Iglesia porque «mucha gente se ha quedado atrás».

Además de reconocer la fuerte división entre católicos y protestantes, Murguzur también advierte de que la «Iglesia no atrae a muchos jóvenes por el autoritarismo de algunos curas, la rigidez de las liturgias, el materialismo imperante en la sociedad, la falta de compromiso político y social y el culto al dinero». Graves problemas contra los que también lucha el Papa Francisco, cuyo viaje a Corea del Sur pretende difundir su ejemplo de humildad y sencillez.

Via ABC

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Escrito por Redacción

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