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Tu rostro. Por Daniela Pelussi

Probablemente naciste en una aldea de unas cien familias. Entre montañas. Gente del campo. Hijo de un obrero. Aprendiste de tu abbá a construir chozas de barro y paja y lagares en la piedra. De vez en cuando algún banquito de madera. Alguna cosa de hierro, tal vez.

Pero lo tuyo, lo tuyo es el Reino. Y de eso te nutrió Miryam, tu immá. Así que dejaste la tierra, la casa y la familia pa´ desandar caminos. Lo buscaste. Te uniste a un “bautizador”, anduviste en el desierto entre la gente pobre que nadie quería. A vos mismo te abrazo un agua viva. Del desierto te quedó el encuentro nocturno y silencioso con el Padre. Pero al bautizador lo mataron…. Y te volviste profeta itinerante. Dejaste un pequeño grupo para abrir los brazos a todos.

Yo te imagino antes, antes… celebrando la boda de alguna hermana tuya o tomando un cincel para cavar el lagar. Puedo ver tus pies, tus manos… Tu rostro bueno. Construyendo taperas para los recién casados…

Y la hondura de recibir a manos llenas el amor que te daban los niños y una prostituta. Y las ansias buenas de un pescador bastante ignorante, y el inconciente coraje de un joven y las críticas de la gente del pueblo a rechazar la mayor riqueza que dá Dios: los hijos, la mujer buena. La burla hiriente de ser tenido por borracho y comilón. Huésped en tu tierra.

Como que si me vieras a mi te enternecerías y harías lugar en Ti para recibirme, con lo que soy y todo lo que quiero darte. Y no te escandalizarías de mi impureza. Como cada vez que nos encontramos ahora…

Tus ojos podían sentir el viento y tu corazón veía lo maravilloso de las flores del campo y un atardecer del sol. Amo tu sonrisa y el perfume de las flores que la envolvía. Y los pies en el pasto, y los cayos con sus manos en el agua y el cincel… No, la pureza no la entendimos: hay que tener alma de niño para creerle a Dios.

¿Quien sos, vos, el más bello de los hombres?

¡Muero de ternura por un Dios que ama a los pequeños y a los pobres!

Hija del viento. Abro mis brazos como vos. Sale el sol y Tu sonrisa y la música de la vida… de esta pequeña y tuya vida, de esta simple esperanza y simple alegría. Ropa simple, dolores simples.

No puedo simplemente creer.

No te puedo recordar.

Apenas me conformo con algunos instantes del deseo vital.

Yo te busco.

Porque pocos tienen ojos para ver…

Y vos estás.

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Escrito por Redacción

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