Tanto amo Dios al mundo, que envió a su Hijo a ser un migrante más…

Migrantes centroamericanos cruzan el río Suchiate que marca la frontera entre México y Guatemala (Orlando Sierra / AFP)

Hace más de dos mil años según nuestro calendario occidental y religión cristiana, nació Jesús El Cristo, en Belén de Judá, es decir, en Palestina, el Oriente, en una cultura y familia hebrea, en la religión Judía basada en la ley y los profetas del Antiguo Testamento de la Biblia; en un espacio geopolítico invadido y reprimido por el poder del imperio Romano, y dominado por reyes locales como Herodes, en medio de revueltas guerrilleras por la liberación política-religiosa de los opresores militares romanos, y la expectativa del mesías que llegaría a liberar al pueblo e instaurar el reino de Dios.

Según la descripción bíblica (Mt 1,18-2,15; Lc 1-2), Jesús es hijo de María y José, familia judía, su nacimiento se da dentro de un censo que busca el control de la población: ¿Cuántos son los que están en el imperio o territorio? ¿quiénes son? ¿qué hacen, donde viven, que descendencia poseen?; estas y otras preguntas posibles estaban en la motivación del dominio en el emperador romano. Entendemos que Jesús, El Cristo, El Hijo de Dios, como lo profesaron las primeras comunidades cristinas (Hch 1-11), o de manera titubeante y confusa lo expresaron sus discípulas y discípulos (Mc 8,27-33; Lc 8,1-3); nace en un contexto social muy convulsionado, en medio de un pueblo reprimido política y militarmente, oprimido por su doctrina y práctica religiosa judía (Mc 3,1-6), donde la vida no es lo importante tanto para los romanos como para los jerarcas de la religión oficial (Jn 8).

Jesús es originario Nazaret de Galilea, un lugar mal visto o despreciado, por tanto, un poblado poco religioso para que salga un maestro (Jn 1,46). Jesús nace en Belén, el evangelista Lucas, narra que nació en un “pesebre” por no “haber lugar en la posada”. Jesús, El Cristo, no pudo nacer en un espacio normal, seguro y limpio, sino en un lugar de animales, inseguro e antihigiénico, nada parecido a los nacimientos folclóricos que hacemos en las casas o templos católicos: fue un espacio no sagrado, impuro y miserable.

De los primeros visitantes que da testimonio Lucas, son unos “pastores que cuidaban las ovejas a la intemperie”, esos hombres son mala fama, considerados no de buena reputación moral, impuros ante la religión judía, antihigiénicos y sin nombre en la memoria bíblica. Hablamos de un encuentro con un sector de la sociedad excluido moral y religiosamente. ¿qué personaje importante llego a visitar a Jesús, El Hijo de Dios? ¿por qué prevalece lo marginal y anti-religioso en todo este proceso del nacimiento? ¿Qué le pasa a este Dios que quiere ubicarse en la historia y realidad social de esta manera?; incluso los llamados “magos” que los visitan son de otra religión que la judía; realmente no hay argumento religioso y social que nos haga comprender fácilmente porqué la divinidad de los cristianos se hace real en la Vida desde no cuenta la vida.

Bueno como si no bastara, al “Hijo de Dios, cuando está indefenso, como un niño en brazos de su padre y madre, llega la persecución política y militar por parte de “Herodes”. Esta familia judía, la familia de Jesús, salió con lo que tenían puesto huyendo, de la persecución por miedo a ser asesinados. Es una familia que tiene que migrar por sentirse insegura por estar en peligro su vida. Vivieron como “refugiados” en Egipto, hasta que murió Herodes. ¿será que la familia de Jesús, y él mismo, fueron migrantes? Esta familia constituida de tres, fue perseguida por el poder de Herodes. Hablamos de una persecución política-militar que perseguí, reprime y asesina. ¿qué le pasa a este Dios cristiano que opto por nacer en estas condiciones políticas, sociales y militares?

Hoy siguen saliendo familias enteras de nuestros países de Honduras, El Salvador y Guatemala, expulsados por el sistema social que genera desigualdad y empobrecimiento, perseguidos por el crimen organizado y los grupos represivos del Estado; también, por los empresarios que tienen proyectos extractivistas que despojan de sus tierras y hogares a las familias y pueblos originarios. Solo en el refugio de la “72” en Tenosique, Tabasco, México, que está ubicado en frontera con el Petén Guatemala, están albergando diariamente unos 150 humanos, hombres, mujeres y niñas/os. Esta es solo una casa de refugio de migrantes, hay muchas más en todo el territorio mexicano. Estas familias con niños y niñas, son tan iguales que la familia de Nazaret, que la “sagrada familia”, como religiosamente es llamada. Somos una sociedad, sistema económico, y poder político que expulsa, reprime y abandona a las familias más vulnerables.

Hay que estar claros, estas migraciones y éxodos forzados de familias, no es parte del plan de Dios, no tiene que ver nada con su voluntad sobre sus creaturas; todo esto se da por una realidad de injusticia, de despojo, empobrecimiento e inseguridad ciudadana en cada país expulsor. Sabiendo que en la actualidad estos países tienen una población mayoritariamente cristiana, es decir, creen en Jesús como el Señor, Salvador y Mesías de sus vidas.

 

Fr René Arturo Flores. Tenosique, México

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