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Tánger: el amor desinteresado.

A unos pocos metros de las Misioneras de la Caridad esta la Casa Nazareth de los Franciscanos de la Cruz Blanca.

Llamo al timbre y abre Jesús, uno de los dos españoles que trabajan en esta misión, el otro es el superior de la casa, José Luis.

Jesús esta muy atareado, se acerca la hora de la comida, pero muy amablemente me muestra la casa y me cuenta lo que allí hacen. El proyecto DAR AL BARKA esta destinado a la atención de personas con discapacidad profunda.

Esta residencia, en el centro de la medina vieja, es para personas con discapacidad física y/o psíquicos gravemente afectados. Aquí se les ofrece una atención integral a su necesidades, se les ofrece un hogar acogedor, se fomenta un entorno estable, se promueve la atención individualizada y se busca reducir su grado de dependencia.

Ahora mismo, me dice Jesús, tienen 11 residentes. El equipo, mas allá de los dos religiosos, se completa con enfermeros, cuidadores, cocineros, etc. Los destinatarios del proyecto son personas que no pueden hacer nada por si solas, la dependencia es total.

Jesús lleva medio año en Tanger, es un hombre que habla rápido y se mueve con mucha energía. Suena el timbre, llega la cocinera, » vamos a preparar la cena, como están en ramadan solo comen por la noche».

Mientras Jesús se mete en la cocina me doy una vuelta por el comedor, una cuadro de San Francisco con el Sultán preside la sala.

Me despido. En la calle dos chavales, que esperan para entrar en lo de las «calcutas» se trenzan a puñetazos, no entiendo nada de lo que dicen, gritan y forcejean. Rápidamente la gente los separa y les recrimina su actitud. A pesar de todo, la violencia no se ha instalado como algo «normal» con lo que convivir.

Amor sin medida.

He aprendido mucho en estas pocas horas en Tánger. Lo principal es que toda esta gente tiene un amor sin medida y sin esperar nada a cambio. Y viven, codo con codo, con muchos otros que tienen una gran necesidad de ser amados.

Trabajan con los más marginados, con los excluidos, no esperan dinero a cambio. Trabajan con musulmanes, principalmente, y no esperan su conversion.

Su trabajo es absolutamente desinteresado. Me viene a la cabeza la frase de Jesús en el Evangelio: «lo que hagáis a uno de estos más pequeños, a Mi me lo hacéis» (Mt. 25, 40)

¿Y yo creo que se lo que es el amor? ¿me creo un buen cristiano? Ante estos hermanos que se dejan la piel yo no soy más que un farsante… Desde la comodidad de mi casa escribo estas lineas, sin sudor, sin ajetreos, sin oler a oveja….

Aqui la fe se vive públicamente, los musulmanes se ponen a rezar, cuando toca, estén donde estén. Es normal ver en un parque, en una calle, a alguien mirando a la Meca y rezando. Pienso en nuestra Europa «laica», en la vergüenza que nos daría a muchos cristianos si tuviésemos que ponernos a rezar en la calle…

¿Como hablarles de Dios? me preguntaba, la respuesta estaba ante mis ojos: por las obras. 

A Dios se lo predica con obras, no con palabras. La Fe desprovista de obras, como decía Santiago, es una fe muerta que no puede dar frutos (cf. Santiago 2:14-17). 

Francisco de Asís tiene esa frase maravillosa y tan contundente: «Prediquen el evangelio en todo tiempo y de ser necesario usen palabras». 

Muchos se escandalizarían al ver iglesias reconvertidas en refugios o comedores. Muchos se escandalizarían al ver a cristianos sirviendo a musulmanes… ¡pero el escándalo seria si no fuese así!. Que los cristianos solo amaramos a los que son de nuestra propia raza, de nuestra propia religion… «lo que hicisteis a uno de estos…» Cristo no dice lo que hicisteis a un judío, a un cristiano, a un galileo… Cristo dice «a uno de estos más pequeños».

Los que se escandalizan son «aquel pueblo de corazón extraviado» del que habla el salmo 94.
Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad… (Gal 5, 22-24)

Paz y bien!

 

Gabriel López Santamaría

 

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Escrito por Redacción

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