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Stop

Por Manuel Romero, tor

¡Párate un rato y piensa! ¿Quién se pone a gritar en el desierto? Allí donde no hay nadie, ¿para qué hablar? Es evidente, que hay que gritar si ves que a lo lejos alguien puede oírte. No obstante, es poco efectivo porque pueden considerarte un herido o un loco.

 Bueno, algo de eso pensaban los que habían oído hablar de Juan. Parece ser que él hacía y decía lo que esperaban los judíos religiosos: proclamar a voz en grito la llegada del Mesías. Vivía pobremente, sin sacar partido de su predicación, y animaba a la gente a cambiar de vida. Para ello ofrecía el bautismo. Un gesto, un inicio, para prepararse a la llegada del Mesías.

Eso de gritar ya no se lleva en el mundo religioso. Y no creo que sea por no estar poco convencidos. Se grita más en otros ámbitos sociales donde las voces muestran sentirse poco escuchadas o lejos del resto. La agresividad del grito no lleva al cambio o al convencimiento. Si acaso, a la imitación irracional y al seguidismo de la masa.

Nosotros ya no gritamos porque nos consideramos propietarios de la razón. Hemos suavizado el discurso por convencimiento de la llegada del Mesías cada año, al lugar que le preparamos. Me da la impresión de susurrar el Adviento y edulcorar la presencia de Dios entre nosotros.

Porque ya no se lleva lo de gritar el evangelio. Porque lo argumentos se imponen por su veracidad. Porque la autoridad viene de la honradez de vida. Y como pensamos estar en el camino, ya no gritamos.

Y claro, no nos escuchan los sordos. No nos miran los ciegos. No nos siguen los cojos. Nos acompaña, una gran mayoría, que no quiere ni ruido ni revueltas. Y nos sumimos en el silencio del desierto… y sin gritos.

Juan anuncia que Jesús, el Mesías, el que ha de venir, quiere bautizarnos con “Espíritu Santo y fuego. Él que tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga”. Y el fuego supone cierta violencia: quema lo que hay para dejar espacio libre. Pues, ¿qué habré de quemar en mí? ¡Párate y piensa! Y luego, cuéntalo porque te habrá cambiado la vida. Y has de contarlo al mundo. Y has de gritarlo a las gentes. Con la sensación, eso sí, de que estás gritando en el desierto. Atentos, ¡stop!

Via LCDLP

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