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«Somos la única comunidad católica en Siria; 35 misioneros se están jugando la vida»

Via El Faro de Vigo.

José Rodríguez Carballo, en la iglesia de Lodoselo, Sarreaus, A Limia. // Jesús Regal

X.M. DEL CAÑO – OURENSE Todavía no deshizo las maletas. El superior general de los franciscanos en el mundo, José Rodríguez Carballo, acaba de llegar a su Lodoselo natal (Sarreaus), A Limia, para pasar un corto período de tiempo con su padre, Ángel, y su hermana, Josefina. Trae en la carpeta un proyecto importante de reformas de la cúpula de la orden para reducir el número de consejeros, con el fin de agilizar la acción de gobierno, además de ampliar el período de mandato de seis a nueve años.

-¿La Orden de San Francisco continúa creciendo?

– Sí, en estos momentos cuenta con 15.500 frailes de los que 13.000 son sacerdotes y 2.000 hermanos laicos, y 18.000 clarisas, que se encuentran en 125 países. Tenemos cerca de 800 colegios y doce grandes universidades en el mundo. La mayor parte de las universidades se encuentra en América latina y Estados Unidos. Y los colegios están en América latina, Europa y África. En España tenemos muchos colegios.

-¿ Cuáles son los países en los que se están jugando el físico los misioneros franciscanos?

– Treinta y cinco misioneros franciscanos se están jugando la vida en Siria, donde prácticamente todo el clero católico es de nuestra orden. Tenemos casi todas las parroquias, denominadas latinas. Allí estamos pasando por circunstancias muy serias. También estamos sufriendo mucho en Libia, donde todo el clero católico es franciscano. Ahí tenemos alrededor de 18 religiosos. La situación es muy delicada en Pakistán, con cerca de 40 religiosos. Y no es nada fácil en Egipto, donde hay 200 frailes. Lo estamos pasando como el pueblo, con grandes dificultades.

– ¿Han tenido alguna baja?

– Hemos tenido una muerte en Brazzaville (Congo), y no sabemos cómo terminará una desaparición en México; nos tememos lo peor. En el norte de México hay mucha violencia. Los hermanos están al lado del pueblo, sufriendo con el pueblo. En esos países hay escenas muy violentas. En otros países no hay episodios violentos de guerra, pero sí de miseria y de pobreza. A mí me ha quedado en la mente la imagen que vi en Guinea Bissau, donde los hermanos tienen un gran leprosario. En Guinea Bissau la lepra es una enfermedad todavía muy frecuente. Y también tienen un hospital para terminales de sida. Son imágenes que manifiestan la cercanía de los franciscanos, que están al lado de los más pobres. Allí los leprosos y los que tienen el sida son abandonados y dejados a su suerte en los bosques, y los hermanos los van recogiendo con un grupo de voluntarios para llevarlos al hospital y darles una condición digna de vida hasta la muerte.

– Siria se encuentra en pleno conflicto armado.

– La situación en Siria es de guerra civil, entre dos fracciones del Islam; es una guerra civil y religiosa al mismo tiempo. La gente que más sufre es la minoría cristiana, porque está entre dos fuegos: mal de una parte y mal de otra.

– ¿A ustedes los consideran unos intrusos y los reciben con hostilidad?

– En todo Oriente hay recelos contra los católicos, porque consideran que aquello es tierra musulmana. Pero hay que recordar que nosotros somos más antiguos allí que el Islam. Hay un pueblo en Siria donde todavía se habla arameo, que era la lengua de Jesús. Y pasa lo mismo en Egipto. Nosotros no somos intrusos en esos países. Siempre ha habido una buenísima convivencia pero últimamente, debido a ese enfrentamiento interno del mundo islámico, quienes sufren son los cristianos.

– ¿Les hacen invitaciones a marcharse?

– Si no las hacen directamente las hacen de forma indirecta. Pero de momento nosotros nos vamos a quedar con los cristianos y vamos a seguir trabajando por el pueblo, sea de la religión que sea.

– ¿Con quién se ceban más, con los frailes o con los creyentes cristianos?

– A nosotros no nos han tocado, porque los franciscanos somos muy queridos en todo Oriente. Permanecemos allí desde la época de San Francisco, desde 1218, cuando fue a Oriente, y nos conocen como los frailes de la cuerda o del cordón. Los franciscanos somos muy populares, por eso nunca nos han hecho daño en Oriente. El problema es que los más indefensos se han refugiado en nuestros conventos, que están totalmente ocupados por mujeres y niños cristianos. Y ha habido un problema real, porque no teníamos ni para darles de comer. Gracias a Dios hemos movilizado un poco al mundo franciscano y en este momento ya no hay ese problema de carestía.

– ¿A cuánta gente acogen en los conventos de Siria?

– Tenemos miles de personas, porque somos el único clero católico que hay en Siria. La situación es dramática en ese país. Occidente no es suficientemente consciente de la situación que se está viviendo allí.

– ¿Todavía se encuentran al límite, o ya disponen de fondos suficientes?

– Nos encontramos al límite, porque son muchas las necesidades que hay.

– ¿Qué pueden hacer las personas que se quieran solidarizar con la causa?

– Pueden dirigirse a nuestros conventos para ofrecer donaciones.

– ¿Qué medidas piensa impulsar en los tres años que le quedan de mandato, hasta junio de 2015, tras permanecer doce como ministro general?

-En el mes de noviembre de 2013 vamos a tener el consejo plenario de la orden, que es casi un capítulo general, para decidir las estructuras de gobierno de los franciscanos, sobre todo el número de consejeros del ministro general, que nosotros llamamos definidores, y sobre el mandato del propio ministro general. Yo tengo una propuesta algo distinta de lo que era la praxis hasta ahora. No sé si los participantes la aprobarán o no. A mí me gustaría que el ministro general fuese elegido por nueve años, porque seis son pocos. Y también propondré que pueda ser reelegido para otros nueve, con el apoyo de una mayoría cualificada.

– ¿Cuántos consejeros hay en la actualidad?

– Nueve consejeros, de los que cuatro representan a Europa por las regiones de España y Portugal, Italia y Albania, centro Europa y Europa del Este, uno representa a Asia, otro a África, dos a América Latina y uno a América del Norte. Mi idea es que en lugar de nueve sean seis o siete, dándoles más importancia a los presidentes de las conferencias de ministros provinciales. De esa forma habría una mayor representatividad de la base, y al mismo tiempo el gobierno sería más ágil. Ahora mismo el gobierno está conformado por doce personas: nueve consejeros, el ministro general, el vicario general y el secretario general. Reducir el gobierno a nueve personas para mí sería el número ideal.

– ¿La ampliación del período de mandato le afectaría a usted, teniendo en cuenta que solo han transcurrido tres años desde la reelección?

– No, yo ya llevo doce años como ministro general.

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Escrito por Redacción

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