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¿Seguro? ¿De tí? Por Manuel Romero, tor

Vivimos un momento hermoso en la Iglesia. Una época de esencialidad, de vuelta a la misericordia de Dios y a una búsqueda de la trasparencia. Unos años que han de ser aprovechados para poner nuestras seguridades en Cristo, vivir fiados de la Providencia del Padre y volcados hacia los más indefensos.

Esta radiografía adolece, no obstante, de ciertas tendencias justicieras, normativistas y excluyentes. Posturas -denunciadas por el evangelio de Lucas 18, 9-14- que retratan a los fariseos.

La perfección nunca ha sido un objetivo para el seguidor de Cristo. Ciertamente ha sido una aspiración humana para salir de la fragilidad y colmar las ansias de ser dios. Mezclada con la sangre cristiana ha dado a luz: inhumanidad, espiritualismos y herejías. Los verdaderos cristianos o católicos o liturgistas han llegado a considerar al resto como inferiores, pecadores… equivocados. Los gestos de misericordia con los desplazados, pobres, divorciados, pecadores, progres o conservadores, homosexuales o familias tradicionales… producen en “los perfectos”, vengan del Papa de Roma o de Cristo mismo. Mientras tanto, rezan diciendo: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás”. 

En esta Iglesia de campaña conviven los twitter de la misericordia con unas posturas inmisericordes. Pedimos por los desplazados en la misa, pero nos quejamos de los extranjeros en la barra del bar. Dando muestras de que el fariseísmo va por barrios.

Nos salva la humanidad de Cristo. Que nos recuerda nuetra fragilidad y que nos define. Esa que nos lleva al templo para decirle a Dios, “Señor, ten misericordia de este pecador”y que nos iguala a los que rechazamos.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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