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San Romero de América: La gloria de Dios es que el pobre viva.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, salvadoreño, conocido por el pueblo de Dios como Mons. Romero, quedó en el corazón de una gran cantidad de hombres y mujeres, creyentes y no creyentes en Jesús. El pueblo de Dios lo reconoció como: pastor, profeta y mártir. Es desde su asesinato, planeado por el grupo de poder económico, político y militar, que una gran cantidad del pueblo latinoamericano y de otros continentes, le tienen devoción, ternura y valoración. 

Su figura humana, política y cristiana sigue inspirando a muchos hombres y mujeres de buena voluntad.  Hoy 2020, Mons. Romero, sigue siendo modelo civil en la lucha por un mundo más humano, justo y equitativo. Desde nuestra fe cristiana, su martirio, fue causado por defender y amar hasta el extremo a las mayorías empobrecidas, y al pueblo organizado en defensa de la justicia.

Uno de sus discursos significativos, por considerarse como su testamento profético, fue el que expresó al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Lovaina, el 2 de febrero de 1980. Estas palabras salieron del corazón fragmentado y esperanzado de Mons. Romero, a 51 días de su asesinato. Resaltaré algunos aspectos significativos de este documento, que en estos tiempos de hambre y sed de justicia, nos iluminan e inspiran. En medio de la pandemia que estamos viviendo, no perdemos la visión y compromiso cristiano de ser constructores y anunciadores de la Buena Noticia del reino de Dios en esta CASA COMÙN. 

En este discurso, Mons. Romero, inicia resaltando con dos aspectos significativos en el ser y misión de la Iglesia.

“Una Iglesia al servicio del mundo:

Debemos estar claros desde el principio de que la fe cristiana y la actuación de la Iglesia siempre han tenido repercusiones socio-políticas. Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración socio-política del mundo en que viven…La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres.

El mundo de los pobres:

Nuestro mundo salvadoreño no es una abstracción, no es un caso más de lo que se entiende por «mundo» en países desarrollados como el de Vds. Es un mundo que en su inmensa mayoría está formado por hombres y mujeres pobres y oprimidos. Y de ese mundo de los pobres decimos que es la clave para comprender la fe cristiana, la actuación de la Iglesia y la dimensión política de esa fe y de esa actuación eclesial”.

Siguiendo con el documento, a continuación resaltare aspectos pastorales significativos, que orientan nuestra praxis, y que los bautizados podemos vivir desde el lugar ministerial que ocupemos en el “Cuerpo de Cristo”, en la iglesia local.

“En los últimos años nuestra Arquidiócesis ha ido tomando una dirección en su actuación pastoral que sólo se puede describir y comprender como una vuelta al mundo de los pobres y a su mundo real y concreto…

Encarnación en el mundo de los pobres.

El constatar estas realidades y dejarnos impactar por ellas (de injusticia en América Latina), lejos de apartarnos de nuestra fe, nos ha remitido al mundo de los pobres como a nuestro verdadero lugar, nos ha movido como primer paso fundamental a encarnarnos en el mundo de los pobres. En él hemos encontrado los rostros concretos de los pobres de que nos habla Puebla. (cfr. 31 -39)… En ese mundo sin rostro humano, sacramento actual del Siervo Sufriente de Yahvé, ha procurado encarnarse la Iglesia de mi Arquidiócesis.

El anuncio de la Buena Nueva a los pobres.

Este encuentro con los pobres nos ha hecho nos ha hecho recobrar la verdad central del evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión… Es una verdad en nuestro pueblo que los pobres vean hoy en la Iglesia una fuente de esperanza y un apoyo a su noble lucha de liberación. La esperanza que fomenta la Iglesia no es ingenua ni pasiva. Es más bien un llamado desde la palabra de Dios a la propia responsabilidad de las mayorías pobres, a su concientización, a su organización en un país en que, unas veces con más intensidad que otras, está legal o prácticamente prohibida. La esperanza que predicamos a los pobres es para devolverles su dignidad y para animarles a que ellos mismos sean autores do su propio destino.

Compromiso en la defensa de los pobres.

La Iglesia no sólo se ha encarnado en el mundo de los pobres y les da una esperanza, sino que se ha comprometido firmemente en su defensa. Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país… En nuestra Arquidiócesis vivimos a diario lo que denunció vigorosamente Puebla: «Angustias por la represión sistemática o selectiva, acompañada de delación, violación de la privacidad, apremios desproporcionados, torturas, exilios. Angustias de tantas familias por la desaparición de sus seres queridos de quienes no pueden tener noticia alguna. Inseguridad total por detenciones sin órdenes judiciales. Angustias ante un ejercicio de la justicia sometida o atada»(n. 42).

Perseguida por servir a los pobres.

Esta defensa de los pobres en un mundo seriamente conflictivo ha ocasionado algo nuevo en la historia reciente de nuestra Iglesia: la persecución… En menos de tres años más de cincuenta sacerdotes han sido atacados, amenazados y calumniados. Seis de ellos son mártires, muriendo asesinados; varios han sido torturados y otros expulsados… Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto de lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. La verdadera persecución se ha dirigido al pueblo pobre, que es hoy el cuerpo de Cristo en la historia.

Esta es la dimensión política de la fe. 

La dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive la Iglesia. Lo que hemos redescubierto es que esa exigencia es primaria para la fe y que la Iglesia no puede desentenderse de ella… Esta opción de la Iglesia por los pobres es la que explica la dimensión política de su fe en sus raíces y rasgos más fundamentales. Porque ha optado por los pobres reales y no ficticios, porque ha optado por los realmente oprimidos y reprimidos, la Iglesia vive en el mundo de lo político y se realiza como Iglesia también a través de lo político.

Historización de la fe desde el mundo de los pobres:

Conciencia más clara del pecado

En primer lugar ahora sabemos mejor lo que es el pecado. Sabemos que la ofensa a Dios es la muerte del hombre. Sabemos que el pecado es verdaderamente mortal; pero no sólo por la muerte interna de quien lo comete, sino por la muerte real y objetiva que produce… Pecado es aquello que dio muerte al Hijo de Dios, y pecado sigue siendo aquello que da muerte a los hijos de Dios… No es por ello pura rutina que repitamos una vez mis la existencia de estructuras de pecado en nuestro país. Son pecado porque producen los frutos del pecado: la muerte de los salvadoreños, la muerte rápida de la represión o la muerte lenta, pero no menos real, de la opresión estructural. Por ello hemos denunciado la idolatrización que se hace en nuestro país de la riqueza, de la propiedad privada absolutizada en el sistema capitalista, del poder político en los regímenes de seguridad nacional.

Mayor claridad sobre la encarnación y la redención

Sabemos ahora mejor qué significa la encarnación, qué significa que y Jesús tomó carne realmente humana y que se hizo solidario de sus hermanos en el sufrimiento…Sabemos que no se trata directamente de una encarnación universal, que es imposible, sino de una encarnación preferencial y parcial; una encarnación en el mundo de los pobres. Desde ellos podrá la Iglesia ser para todos… El mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia… El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales.

Fe más profunda en Dios y en su Cristo

Creemos en Jesús que vino a traer vida en plenitud y creemos en un Dios viviente que da vida a los hombres y quiere que los hombres vivan en verdad… Con gran claridad vemos que en esto no hay posible neutralidad. 0 servimos a la vida de los salvadoreños o somos cómplices de su muerte. Y aquí se da la mediación histórica de lo más fundamental de la fe: o creemos en un Dios de vida o servimos a los falsos de la muerte… Donde el pobre comienza a vivir, donde el pobre comienza a liberarse, donde los hombres son capaces de sentarse alrededor de una mesa común para compartir, allí está el Dios de vida…. La mayor muestra de la fe en un Dios de vida es el testimonio de quien está dispuesto a dar su vida… Muchos salvadoreños y muchos cristianos están dispuestas a dar su vida para que haya vida para los pobres. Ahí están siguiendo a Jesús y mostrando su fe en él. Insertos como Jesús en el mundo real, amenazados y acusados como él, dando la vida como él están testimoniando la Palabra de la Vida”.

Mons. Romero, concluye este discurso resaltando: 

“Opción por los pobres: orientación de nuestra fe en medio de la política…

La dimensión política de la fe se descubre y se la descubre correctamente más bien en una práctica concreta al servicio de los pobres…La fe es la que impulsa en un primer momento a encarnarse en el mundo socio-político de los pobres y a animar los procesos liberadores, que son también socio-políticos… Pero en lugar de detallarles todos los vaivenes de la política en mi país he preferido explicarles las raíces profundas de la actuación de la Iglesia en este mundo explosivo de lo socio-político. Y he pretendido esclarecerles el último criterio, que es teológico e histórico, para la actuación de la Iglesia en este campo: el mundo de los pobres… Los antiguos cristianos decían: «Gloria Dei, vivens homo«, (la gloria de Dios es el hombre que viva). Nosotros podríamos concretar esto diciendo: «Gloria Dei, vivens pauper«. (La gloria de Dios es el pobre que viva)”.

Mons. Romero dirigió estas palabras en un espacio universitario del primer mundo; aquí tenemos un legado, como lo son todos sus documentos y homilías, que fundamentan nuestra espiritualidad cristiana, aclaran el enfoque teológico e inspiran la praxis pastoral, en las iglesias locales e instituciones cristianas de nuestra región Latinoamericana. 

René Arturo Flores, OFM

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  1. Gracias a quienes ayudan a avivar las conciencias en nuestra America Latina siendo mensajeros del legado de San Monseñor Romero . en este momento de crisis. En el que como siempre se olvida a los menos favorecidos por los intereses económicos, que las palabras de Monseñor Romero sirvan de ejemplo a la acción por proteger y acompañar a los menos favorecidos Amén Amén Amen

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Escrito por Redacción

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