San Romero: “Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor”

Este sábado 13 y la madrugada del domingo 14 de octubre del 218, estuvimos miles de personas reunidos en la plaza Barrios frente a la catedral, para celebrar la canonización de parte del Vaticano a Mons. Oscar Romero, con el título de: obispo y mártir.

En la plaza y frente a la catedral se dio convocatoria el mismo pueblo, sin pedir a los párrocos que llenen de cristianos algunos buses y lo lleven a la catedral; la fiesta fue del pueblo organizado, grupos cristianos, la comunidad de la Cripta, presencia de cristianos de otras iglesias, familias, y una cantidad considerable de jóvenes.

La actividad fue hecha con una creativa organización, utilizando distintos escenarios en los alrededores de catedral; entre las actividades del programa estaba la celebración eucarística, con la presencia de las jerarquías (entre ellas mujeres) de las otras iglesias cristianas, con intervenciones significativas dichas por mujeres líderes de las comunidades cristianas. Toda la celebración hasta la madrugada del domingo 14, fue cargada de emotividad, convicción, sensibilidad y fe, entre las consignas estuvo el rotundo “no a la privatización del agua”, por ser ésta una de las luchas de este momento histórico, donde el pueblo salvadoreño se enfrenta contra los empresarios ávidos de poder, los conocidos vende patria. El pueblo reunido esta noche, sentía que Romero le pedía estar en esta lucha con espíritu cristiano.

Para el pueblo reunido en la plaza Barrios, en la cripta de catedral y las calles, Romero estaba presente, Monseñor estaba dando con su palabra nuevamente, por eso se gritaba la consigna: el pueblo te hizo santo. Mons. Romero desde su asesinato, fue proclamado por las grandes mayorías salvadoreñas y por otros pueblos: mártir, profeta y santo.

Para Romero ser profeta está relacionado con el mismo pueblo, es en ese encuentro con el corazón del pueblo reprimido y asesinado, que Mons. actuaba con honestidad y movido por el Espíritu acompañando y defendiendo al pueblo: es una especie de “simbiosis” pueblo y Romero integrada por el Espíritu: solo escuchando con honradez al pueblo (Ellacurìa), se puede acompañar con profecía el mismo pueblo:

“Queremos ser la voz de los que no tienen voz para gritar contra tanto atropello contra los derechos humanos” (agosto de 1977). “Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor, Es un pueblo que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender su derechos y para ser su voz” (noviembre, 1979).Cada uno de ustedes tiene que ser un micrófono de Dios” (julio, 1979). “Siento que no soy yo más que el humilde canal, como el micrófono que está transmitiendo, agradando mi voz. Yo soy el micrófono, nada más, de Dios, para hacer llegar a los oídos de ustedes lo que Dios les quiere mandar a decir” (noviembre, 1977).La voz de la Iglesia ha sido siempre la voz del evangelio; no puede ser otra. Que ese evangelio toque, muchas veces, la llaga viva, es natural que duela; pero es la voz del evangelio” (noviembre, 1977).

Esta relación de Romero con el pueblo, lo llevó a ser “voz”, una voz que surge de su sensibilidad humana, de su dolor, indignación, fragilidad y convicción de ser discípulo de Jesús, de tener el ministerio de pastor de su pueblo, de ser hermano con sus hermanos y hermanas salvadoreñas. Una voz cuando muchas voces del pueblo organizado se habían acallado por la bota criminal del ejército salvadoreño. Romero tenía clara su misión personal y al mismo tiempo como institución eclesial, la palabra Iglesia en Monseñor, estaba transida de evangelio y compromiso con el pobre: la Iglesia no puede ser Iglesia sino es voz profética del pobre.

“He aquí, que la Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social; si callara la Iglesia, sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha de este adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una mayoría del pueblo” (junio, 1977).  “La Iglesia no puede hablar de otro modo, y tiene que inquietar a los hombres que se quieren dormir sobre sus bienes, sobre sus triunfos, sobre sus poderes” (julio, 1977). “No cumpliría la Iglesia su misión en la sociedad si fuera, como decía el profeta: ‘Perro mudo que no cuida la heredad del Señor” (septiembre, 1978).

Cuando Mons. Romero dice que “con este pueblo no cuesta ser pastor”, no es una frase populista o fanfarrona, él no era un político populista de los de hoy. Era una frase que salía de su interior, bueno es que lo auténtico sale del interior del humano, eso afirmó Jesús (Mc 7,1-9); por eso la frase dice de una eclesiología, un modo de entender la Iglesia, en su organización y misión. De igual manera está el sentir hondo de que se es profeta con el mismo pueblo:

“Ustedes y yo…somos profetas; somos el pueblo  profético” (julio, 1979). “… la palabra de Dios no está apagada. El hecho es que cuando quisieron apagar la voz del padre Grande para que los curas tuvieran miedo y no siguieran hablando, han despertado el sentido profético de nuestra Iglesia” (octubre, 1977). La vida y muerte de P. Rutilio Grande marcó la vida de Romero.

En Mons. Romero se dio un movimiento psicológico-espiritual del interior al exterior, de su corazón a la práctica por la justicia y la verdad, de amar y defender al pobre; el sentirse profeta solo le salió por tener su corazón arrebatado por el mismo Espíritu de Jesús (Lc 4,18-21), y por sentir con el pueblo su misma realidad de represión, persecución y muerte por parte de los poderes de facto en la sociedad salvadoreña:

“No es que me crea profeta. Es que ustedes y yo somos un pueblo profético, es que todo bautizado ha recibido participación en la misión profética de Cristo…; a mí me está enseñando con la unción que el Espíritu ha hecho en su bautismo y que los hace incapaces de aceptar una doctrina equivocada o errónea; ustedes como pueblo la rechazarían, como rechaza el organismo esos cuerpos extraños que se le meten a veces” (julio, 1979). “Queridos hermanos, llevar la capacidad de la verdad es sufrir el tormento interior que sufren los profetas” (abril, 1979).

“Siento que el pueblo es mi profeta”, estas palabras que movían el corazón y accionar de Mons. Romero, se hicieron vida y actualidad en esta fecha de la canonización por parte del Vaticano. Ser profeta y pastor al modo de Romero, toma un sentido significativo desde el reconocimiento oficial en la Iglesia católica como SANTO. Por eso cantemos, como dice la canción popular de Cierra Madre: “AHORA NO ES MONSEÑOR, AHORA ES EL SANTO ROMERO…”.

 

Fr René Arturo Flores. JPIC, El Salvador

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