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San Ignacio de Santhià a 250 años de su nacimiento en el cielo

El Ministro General de los hermanos menores Capuchinos Fray Roberto Genuin en una carta a toda la Orden comparte la vida y mensaje que transmite a las generaciones presentes San Ignacio de Santhià (Lorenzo Mauricio Belvisotti) a los 250 años de su muerte.

San Ignacio sigue vivo. Hombre, cristiano y hermano que abandonó evangélicamente todo para poder vivir en obediencia a la voluntad de Dios y llevar así, los hombres al Señor.

Ayudémonos a hacer memoria activa, nos decía Fray Roberto, según la invitación de nuestras Constituciones “cuidemos y desarrollemos amorosamente el patrimonio espiritual de nuestra Fraternidad, especialmente cuanto se refiere a aquellos hermanos nuestros que se han distinguido por su santidad de vida, trabajos apostólicos y ciencia” (Const. 6,1-2) y así comienza a recordar brevemente los pasos terrenales de San Ignacio para invitarnos a leer su vida en nuestro presente descubriendo su constante búsqueda de obedecer a Dios antes que a sí mismo, su oración prolongada y comprometida.

Hacer la voluntad de Dios en obediencia al ministro y al guardián es una fuente de enriquecimiento personal y de verdadera libertad decía San Ignacio, a lo que Fray Roberto complementa diciéndonos que algunas cargas que nos pesan y que a veces hacen insoportable la vida de consagración en fraternidad, para uno mismo y para los demás, serían más fáciles de afrontar, si nuestra adhesión fuera verdaderamente cordial, y no solo exterior sino con una disponibilidad interior, pronta y eficaz en la práctica.

San Ignacio caracterizará su forma de vivir como hermano con la oración asidua y el generoso trabajo doméstico y apostólico. Así como también hace énfasis en el sentido de la finitud, el hombre finito o definido por un tiempo cumplido, que debe reconocerse como un don del poderoso amor del Señor. De esta manera, nos dice Fray Roberto, el sentido de la finitud, así entendida, nos impulsa a la sobriedad, valor tan vital para el cristiano y aún más para el hermano menor capuchino: ¿no estamos llamados a hacer de la esencialidad de las cosas nuestro estilo de vida?

Aprendamos; un hermano que hace de todo, es decir, disponible a cualquier servicio que le pidiera su Ministro o su guardián; porque es consciente de haber recibido de Dios grandes y valiosos dones, como buen administrador es ponerse generosamente al servicio del hermano, del hombre, del mundo y de toda la creación. Realizando así un acto de restitución  (San Francisco de Asís, Regola no Bulada, XVI). Sólo con este movimiento de retorno, que interpela nuestra libertad, el regalo puede dar fruto.

El recuerdo de San Ignacio de Santhià hoy, doscientos cincuenta años después de su nacimiento en el cielo es una ocasión para que cada hermano de todas las partes del mundo redescubra y comprenda, una vez más, que hacer «prontamente la voluntad de Dios, principio de nuestra salvación» se cumple en obediente adhesión al estilo de vida de nuestro carisma, a los votos profesos, a la vida fatigosa y hermosa de la fraternidad, a la oración fiel, a la disponibilidad generosa del trabajo, a los gestos sencillos y humildes que dan a Dios y a los hermanos lo que es suyo.

Para nosotros hermanos capuchinos y para todos los hombres invocamos y pedimos que «tu amor, oh Señor, reine en cada hombre y en toda la creación«.

Roma, 22 de septiembre de 2020
Memoria de San Ignacio de Santhià

Fray Roberto Genuin
Ministro General OFM Cap

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Escrito por Redacción

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