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¡Paz y bien!¡Paz y bien!

San Francisco nos enseña a «ver con el corazón»

“Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.” 

Esta frase gigantesca, que cuesta “digerirla” en su totalidad, está en El Principito, un texto del francés Antoine de Saint-Exupéry, publicado en 1943. Quién no ha leído esta maravillosa y profunda obra de la literatura universal, incluso, algunos seguro miraron la película que se hizo para resaltar esta obra. Este mes de junio, la Iglesia católica, lo dedica al “Sagrado Corazón de Jesús”.

El corazón, una parte del cuerpo sin la cual no se puede vivir, es todo un símbolo en temas diferentes para referirse al misterio del amor, del sentir y de la vida. “Ver con el corazón”, ésta frase la neurociencia la descartaría, haciendo comprender como sucede en realidad en el cuerpo y la sique humana el proceso del afecto o amor, no es este el interés a desarrollar. 

“Ver con el corazón…”, retomemos la frase con toda libertad, hondura y sensibilidad humana, así como llega. En estos días de pandemia y confinamiento, al mismo tiempo de dolor y muerte, nos hemos encontrado con los límites existenciales de nuestra humana creaturidad, de nuestro ser especies finitas, de saber que no somos “supermen” o la “mujer maravilla”, cuentos alienantes de la ideología del gobierno guerrerista de los EEUU. En realidad, hemos experimentado con sensibilidad los límites colectivos como especie de este único planeta; al mismo tiempo, nos damos cuenta que estamos relacionados, que somos interdependientes con los otras creaturas, con los otros vivientes que habitan en “igualdad” esta CASA COMÙN. 

“ver con el corazón…”, es una manera simbólica de decir, desde donde vemos la vida, con qué “ojos” estamos mirado, desde dónde vemos, qué se mueve en el interior al ver lo que vemos, y que sentires pensantes surgen al ver al otro: humano, animal, planta, bacterias y el territorio con todos sus ecosistemas. Esto nos lleva a preguntarnos, cómo experimentamos dentro de nosotros, en ese misterio vital que define nuestra vida, que es el amar y ser amados. Desde Jesús es preciso el amar, “dar la vida por quien se ama”; la propuesta del Reino de Dios, incluye amar al enemigo, orar por ese humano considerado enemigo. También, desde las bienaventuranzas, amar es trabajar por una sociedad justa, equitativa y solidaria; es considerar al otro con reverencia y dignidad, no por su actuar moral o ético, sino por su ser humano; así con las creaturas, que son posibles ser amadas en su diversidad y belleza sin defensa.

“Ver con el corazón…”, es una frase que hizo vida san Francisco de Asís, que le va con su propuesta de espiritualidad y praxis en la realidad. Francisco logró ver la pobreza evangélica en ser menores, la fraternidad ante la desigualdad jerárquica y feudal, en el leproso un humano con dignidad, en la ermita de san Damián un Cristo pobre con los pobres, y en cada criatura los vestigios del Dios creador, por eso las llamó: hermana agua, hermano viento, y la hermana madre tierra. Esta frase tomada con todo su simbolismo e interpretada desde un sentir pensante, tiene para muchos aprendizajes y prácticas colectivas.

“Ver con el corazón”, nos lleva a defender y proteger la vida en toda su biodiversidad, a los más frágiles, enfermos y empobrecidos, y unirnos con un mismo sentir, a las luchas con los pueblos que defienden sus territorios, el patrimonio ancestral y los bienes naturales.

René Arturo Flores, OFM

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Escrito por Redacción

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