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Salgan de Jericó…. Por Manuel Romero, TOR

WayOutWest“Salgan a buscar corazones”, fue la invitación que el Papa Francisco -entonces cardenal Bergoglio- hizo a los catequistas de Buenos Aires. Una insinuación a dejar la seguridad de la parroquia para encontrarse con los que transitan los caminos; estén como estén y busquen lo que busquen.

Jesús, salió de Jericó y se lanzó a los caminos. Salió de la seguridad de las murallas de una de las ciudades más antiguas de Palestina, para encontrase con la inseguridad de los caminos, del hospedaje, de los caminantes, de su futuro en Jerusalén. Salió y se encontró con Bartimeo.

Con un hombre venido a menos al perder la vista: solo, sentado, pidiendo limosna, al borde del camino. Un hombre al que sí le funcionaba el oído; ya que fue ese el sentido que le permitió descubrir a Jesús. Y aprovechó la situación: gritó, le oyó el Maestro y le preguntó, y pidió: “Y al momento recobró la vista… y le seguía por el camino”.

Jesús, salió para encontrarse con todos. Y brotaron los que se estaban al borde del camino; en los límites de la ley, de la moral, de la salud, de la humanidad… Se hicieron manifiestos aquellos que no se quieren ver. Y quedaron en evidencia los que niegan la pobreza, la miseria, el dolor desde la seguridad de sus murallas.

“Quiero una iglesia en salida”, ha pedido el Papa Francisco. Y eso comporta inseguridad, riesgo, cansancio, entrega y pobreza. La misma que vivió Cristo y que permitió a tantos volver al camino de la vida y de Dios. ¿Estamos dispuestos a dar el primer paso? ¿Nos detendrán los miedos a encontrar trigo poco limpio en los que gritan a la vera del camino?

¡Hijo de David, ten compasión de nosotros. Sal y espabila nuestros corazones!

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