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Reconciliar arte y religión.

Via Diario Vasco

La comunidad de franciscanos de Arantzazu ha tenido la feliz y acertada idea de recuperar la figura y la obra de uno de sus hermanos más conocidos, el fraile Javier Álvarez de Eulate (Donostia, 1919), que además de monje ha sido uno de los artistas contemporáneos más importantes que se ha dedicado en exclusiva al arte religioso.

Conocido principalmente por sus ya famosas vidrieras que realizó en el propio templo de Arantzazu proyectado en 1950 por Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga, su nombre siempre se ha relacionado con el resto de los artistas que participaron en aquel ambicioso proyecto y que tenía como objetivo reformar, renovar el arte religioso -tanto arquitectónico como plástico- de un período tan difícil y delicado como fue el inicio del franquismo.
Y es que frente a unas directrices generales impartidas por el propio régimen franquista y que aconsejaban enfocar el arte religioso bajo un prisma académico e historicista, los artistas que tomaron parte en el proyecto de Arantzazu y que se conoció como Grupo de Arantzazu -Jorge Oteiza en las esculturas de la fachada, Eduardo Chillida en las puertas del recinto, Basterretxea en la cripta, Lucio Muñoz en el retablo y Álvarez de Eulate en las vidrieras- apostaron por trasladar, aplicar el lenguaje del arte contemporáneo a la religiosidad y crear un nuevo modo de entender la espiritualidad, la fe a través de un arte moderno y renovador.
En la exposición de la sala Boulevard se nos muestran algunas de las series en las que Alvarez de Eulate ha trabajado a lo largo de su trayectoria artística en la que ha combinado la abstracción con la figuración, la abstracción expresionista con los campos de color, creando una obra heterogénea y compleja, pero siempre religiosa.
De hecho, el gran mérito de Álvarez de Eulate es haber conseguido combinar y crear un diálogo fructífero entre arte contemporáneo y religiosidad sentida y manifiesta, aunando unas formas con unos contenidos que muchos pensaban que eran irreconciliables. Se merece el homenaje.

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Escrito por Redacción

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