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¡Que viene el lobo! Por Manuel Romero, tor

“Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”.

Llama la atención, ¿verdad? El dinero no es justo ni injusto. La procedencia del mismo y el uso que le damos le proporciona la valoración de la que habla Jesús. La carencia del dinero, del trabajo que lo proporciona, del medio de vida es la que provoca en nosotros la reacción.

En el evangelio vemos como, en esta vida, estamos empleados por Dios para gestionar lo que nos encomienda. Hay muchas formas de hacerlo, pero cuando perdemos los beneficios, la salud, la fama, es cuando se descubrimos su valor y se manifiesta nuestra negligencia.

Cuando era niño y se acercaba el examen me ponía a estudiar día y noche. Cuando veía “las orejas al lobo” resumía, decidía y optaba por unas partes o por otras ante la premura de tiempo. Y salía adelante. En otros ámbitos me pasa igual. Y es que -la gran mayoría- somos así; los hombres reaccionamos cuando se pone en juego nuestra supervivencia.

Jesús alaba la reacción y la decisión de un corrupto de ponerse a tono; en ningún momento lo hace con la desidia, la dejadez o la malversación. Pone de ejemplo un caso extremo para mostrarnos que si lo que mueve el mundo -el dinero-, sirve de revulsivo para poner en orden nuestra vida… bienvenido sea. Ese es el sentido del refrán inicial y que nos lleva a tratar las cosas de Dios con tanto empeño y cuidado como las cosas de comer.

Aún así, hay que reconocer que siempre hay un tanto por ciento que no reaccionan ni ante el lobo: “Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?” 

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

Dinero. Por José Antonio Pagola

No se puede servir a Dios y al dinero.