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Preparativos de una entrega. Manuel Romero, TOR

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Celebramos estos días la festividad del Corpus et Sanguinis Christi. Recuerdo, por una parte de aquella última cena que Jesús vivió con los que eligió y vivencia real, por otra de un gesto extremo de entrega.

Una cena bien preparada, al detalle, porque él presentía que le iban a entregar. Llama poderosamente la atención esa concatenación de acciones para llegar a la sala donde cenaron: la previsión de entrar en la ciudad a la hora adecuada, de encontrarse con la persona indicada, para entrar en la casa prevista y descubrir la sala pertinente. Bien sabían los discípulos dónde era; habían celebrado con él, al menos, dos más. Lo que nos indica la intuición de Jesús a la hora de preparar su cena de despedida; cena distinta a otro tipo de cenas. Jesús sabía de la inminencia de su final y se prepara; sin saber el cómo, prevé que no volverá.

Y antes de que lo traicionen y le arrebaten la libertad y la vida, entrega su persona a los que le aman. “No me quitan la vida, yo la entrego” -había dicho en más de una ocasión-. Y anticipa su final -como por la mañana preparando el lugar de la cena- con uno de los panes y una de las copas de vino.

Y tal y como repetimos en cada misa, el Maestro puso toda su vida y su destino encima de la mesa. Resumió ambos en un trozo de pan que les reparte y que comen, y en un sorbo de vino que distribuye y beben; y así los convierte en prolongación de su Cuerpo.

Todo aquello nos llega a nosotros, que formamos parte de ese Cuerpo de Cristo, desde que nos atrevimos a “comulgar”. Y, aunque no solemos beber el vino, estamos metidos en la ruta que sigue la barca del Maestro. Lo que sí compartimos es el pan; y esa comida nos hace responsables de alimentar a los hermanos.

De ahí que cada Eucaristía nos vaya dando más “forma de Cristo”. A mi, que buscaba saciarme con el pan que adquiero y que se agota. Y a la comunidad cristiana, que se reunía más por precepto que por convicción.

“Después de la cena salieron para el monte de los olivos”. Y nosotros, ¿hacia dónde caminamos? ¿Nos preparamos para lanzarnos a los caminos y repartir el pan? ¿Nos disponemos a dar nuestro tiempo? Busca hoy en la alacena de tu vida y mira con qué resumirías tu amor y tu destino… y cómo prepararías -como el Maestro- tu entrega.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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