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¡Perdona, te he curado!

Por Manuel Romero, tor

Perdona, te he complicado la existencia-, fue la consideración que hizo Jesús a aquel hombre al que le había dado la vista.

El  dar la vista a un ciego debería ser motivo de alabanza a Dios y de agradecimiento por su intervención en nuestra debilidad. Sin embargo, toda acción –por amable que sea- puede ser interpretada torticeramente desde los intereses de los que observan. Los fariseos de antes y los de ahora siguen al acecho para cuestionar los milagros de Dios. Da lo mismo si lo que se produce es un bien y quien lo provoca es Hijo de Dios. Da igual. Lo interesante es descalificar “a Dios mismo” por lo acontecido si no redunda en nuestro beneficio.

A Jesús no se le acepta como Mesías, ni como Maestro y, menos, como Hijo de Dios. Y haga lo que haga se considera una ofensa a la religión, una ruptura con las costumbres o un insulto a los superiores. ¡Y era Jesús! ¿Qué no harán con un simple elegido suyo para dar un poco de luz a los que se le encomiendan?

Visto lo visto, el ciego se tuvo que arrepentir más de una vez de ser curado; por la insistencia e interrogatorios de aquellos religiosos para que denunciara a Jesús. Y no sólo con él, buscaron testigos en su familia y en los conocidos para ponerlo en contra suya. Lo peor de todo es que los cuestionadores se sentían amparados por la Ley y defensores de la Fe.

Jesús, en algunos casos, se marchó de la presencia de aquellos por no poder hacer milagros. Y sigue sin querer hacerlos porque falta fe. Falta -esencialmente- sencillez de corazón para buscar primero el Reino de Dios en los más necesitados y la justicia que conlleva. Y sobran intereses y afán de dominio que ponen a la Iglesia en función de deseos puramente humanos.

Hoy Jesús cura a un ciego y ha de pedirle perdón por complicarle la existencia.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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