in

Pensionistas e inmigrantes, en el comedor de necesitados de los franciscanos.

Via Faro de Vigo

Lejos de los índices económicos que reflejan la actual situación económica, de las políticas de la Unión Europea o del azote de la prima de riesgo, en Pontevedra y Marín unas 170 personas acuden a diario a los comedores sociales mostrando la cara más cruda de la crisis, que, en varios meses, ha multiplicado el número de comensales que acuden a estos centros. Jubilados que cobran la pensión mínima u hombres de mediana edad en situación de desempleo, en el caso de Pontevedra; o inmigrantes subsaharianos, en el caso de Marín, proliferan en los últimos meses.

Algunas de las personas que hacían ayer cola frente al comedor de San Francisco. // Rafa Vázquez

FELIPE SÁNCHEZ – PONTEVEDRA «Se ha triplicado el número de familias que requieren ayuda», reconocen desde el comedor benéfico de Marín. De las 60 familias que hace unos años recogían alimentos los sábados se ha pasado a las 150 actuales. Igualmente, en el comedor social de San Francisco se ha notado un repunte de las personas necesitadas, acogiendo, en la actualidad, a una media de 103 comensales al día.
Ambos centros coinciden en que, además de multiplicarse el número de asistentes, han surgido varios perfiles de nuevas personas necesitadas. En Pontevedra proliferan jubilados que cobran una pensión insuficiente para subsistir y hombres de mediana edad que han perdido el empleo en los últimos meses. En Marín, por su parte, ha aumentado el número de inmigrantes subsaharianos que acuden a diario a almorzar. En ambos casos, también se percibe un repunte de gente joven.
«Llevo dos años viniendo y la verdad es que he notado el aumento. Aquí cada uno tiene sus motivos para venir, pero está claro que la actual situación económica nos afecta a todos», explicaba un hombre de mediana edad que hacía cola ayer frente al comedor de San Francisco, minutos antes de las 13.00 horas, hora de apertura del comedor.
Los comensales habituales que acudían a este centro desde hace años son alrededor de 50. Sin embargo, en la actualidad esa cifra se dobla hasta llegar a una media diaria de 100 personas, como reconoce el coordinador del comedor, Gonzalo Diéguez, aunque la cifra fluctúa bastante sin motivo aparente. «Hace unos días sólo atendimos a 77 personas», comentaba, aunque es cierto que se percibe una ligera disminución cuando, a principio de mes, cobran sus ayudas o pensiones.
En cualquier caso, aumenta el número de asistentes al mismo tiempo que evoluciona el perfil de los mismos hacia hombres de mediana edad, en situación de desempleo y con una hipoteca o gastos fijos que le obliga a acogerse a este último recurso. Junto a estos, jubilados que reciben una pensión mínima insuficiente para subsitir.
Ésta es la situación de una mujer de avanzada edad y con visibles problemas de movilidad que también se encontraba haciendo cola. La pensión que cobra cada mes es tan reducida que se ve obligada a acudir al comedor. La mujer, que anda con dificultad apoyada en unas muletas, cobra la paga reducida de la Seguridad Social a pesar de haber trabajado «toda la vida». «Siempre cobró en ´negro´ y ahora, claro, aparece como que no cotizó nada en su vida», explicaba su compañero.
En cuanto a las familias, únicamente son una o dos las que suelen acudir a diario.
Se percibe también un aumento de gente joven, hasta un 40 por ciento del total, como estimaba Diéguez.
El centro tiene una capacidad máxima para atender a 130 comensales, ya que hay que tener en cuenta que, además de las instalaciones y el material limitado del que dispone, únicamente trabajan dos cocineras. Ya hubo días que se contabilizaron hasta 125 personas, según explicaba el franciscano.
En cuanto al sustento del comedor, Diéguez no duda en elogiar la «generosidad de la gente de Pontevedra, ya que, a pesar del actual momento económico, la aportación se ha mantenido en niveles similares a los de otros años». La principal vía de ingresos proviene del cepillo de las limosnas del pan de los pobres de San Antonio, que sufraga un 90 por ciento del gasto total. Una aportación básica que viene de «los católicos que van a misa». Además, los franciscanos cuentan con la aportación alimentaria de empresas como Supermercados Froiz, verduras y frutas donadas por la frutería Moncho o dulces y pasteles que entrega desinteresadamente la confitería Capri.
Por su parte, el Comedor Benéfico de Marín reparte todos los sábados alimentos a familias necesitadas. De las 60 que estaban incluidas en esta iniciativa hace unos años se ha pasado a 150. «Ahí sí que se nota la crisis», reconoce la coordinadora, Sor Manuela Fernández, que ve como un día a la semana matrimonios en paro y con hijos se llevan para casa un carrito lleno de alimentos. Además, estas ayudas no se reparten libremente, sino que cada una de las familias participantes debe cubrir una ficha y justificar con documentos su condición de necesitada.
Con respecto al perfil que abunda entre los 70 comensales que acuden al centro a diario, «destaca la gente joven y, en verano, muchas personas que vienen de paso», reconoce la voluntaria. Un matiz que diferencia al comedor marinense del pontevedrés es la proliferación de numerosos inmigrantes procedentes de África, «sobre todo de Ghana». Aunque muchos de estos comensales profesan la religión musulmana y el centro es católico, las voluntarias de la caridad lo tienen claro, «aquí entra todo el mundo».
En cuanto a la ayuda necesaria para mantener este acto de caridad, Sor Manuela apunta que «la gente se da cuenta de la realidad actual» para volcarse en cada uno de los proyectos que organiza el centro.
A diferencia del comedor de San Francisco, el centro marinense no percibe ingresos del cepillo de los actos religiosos. Así pues, su principal fuente de financiación, además de las ayudas procedentes de las administraciones, proviene del trabajo altruista de las propias voluntarias y de determinadas campañas específicas como el «Festival del Kilo» o las iniciativas navideñas.
«En la pasada campaña de Navidad, por ejemplo, participaron todos los colegios de Marín», recuerda. No obstante, la voluntaria subraya que toda ayuda será bienvenida, «sobre todo productos no perecederos como aceite o arroz».

Más de veinte años con los más necesitados
Tanto el comedor benéfico de Marín como el comedor social de San Francisco llevan más de dos décadas alimentando a personas sin recursos.
En el caso de la institución marinense, todo comenzó en 1986, cuando se percibió un incremento en la zona de familias que no recibían la alimentación adecuada. Tras la creación de la Asociación de Voluntarias de la Caridad, se optó por socorrer a las familias en sus propias casas. El mismo año de la fundación se planteó crear el comedor benéfico que continúa asistiendo a personas en la actualidad.
El voluntariado, además de proporcionar alimentos, trataba de ayudar a la formación de los necesitados más jóvenes. Con el paso del tiempo, el comedor fue derivando la atención hacia otros colectivos como los inmigrantes, enfermos y personas con problemas. Paralelamente, se redujo la asistencia a niños con respecto a los primeros años, ya que empezaron a surgir otras ayudas sociales que evitaron la presencia de estos menores en el centro.
Por su parte, el comedor de San Francisco comenzó su actividad altruista en julio de 1988. Desde entonces ha alimentado cada día, a excepción de los domingos, y, sin distinción alguna, a aquellas personas necesitadas que acudían a comer a las 13.00 horas. En 1994 recibieron el reconomiento más importante que otorga el Concello, el Premio Ciudad de Pontevedra, un galardón que premió la labor de los padres franciscanos.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Mártires franciscanos de Praga serán beatificados el día 13 de octubre

Campo de trabajo en Chelva, España, 2012