in ,

Papa Francisco: «Que la Iglesia no sea madrastra ni expulse a los fieles»

228636951bMonjas con las «antenas levantadas» para captar las necesidades de los otros y obispos capaces de crear armonía en las diócesis. Son las tareas que Papa Francisco encomendó a los religiosos y a las religiosas de la diócesis de Roma, durante un encuentro en el Aula Pablo VI. Hoy, más que nunca, «se necesita tener siempre paciencia y saber perdonar sin criticas». El modelo que hay que seguir, indicó el Pontífice argentino «es el de la madre que no “expulsa” a sus hijos, de lo contrario es una madrastra». Así quiere a la Iglesia Papa Francisco, y este mismo compromiso es el que propuso a los religiosos en vista del Año Santo de la Misericordia, que comenzará el próximo 8 de diciembre.

 «Deben testimoniar la misericordia», dijo a los religiosos y a las religiosas que llenaban el Aula Pablo VI durante el encuentro diocesano de Roma. El Papa dijo particularmente a las monjas que deben estar siempre «con la sonrisa en los labios, con el corazón lleno de amor como el de una mamá; con el justo equilibrio entre el espíritu y lo concreto, sin estar demasiado en las nubes, sino con los pies en la tierra, para escuchar el mundanal rüido y las necesidades de los hermanos; deben inspirarse en las Bienaventuranzas y tener en cuenta siempre el capítulo 25 del Evangelio de Mateo sobre el que todos seremos juzgados». Gran entusiasmo y un clima de fiesta caracterizaron este encuentro con el obispo de Roma, organizado por la diócesis de la capital italiana.  

«Una monja de clausura –dijo el Pontífice en el discurso, según indicó “L’Osservatore Romano”– no puede ser una mujer excluida del mundo, porque la vocación no es un refugio. Es más, debe estar siempre en tensión: con las antenas levantadas para captar las neceisdades de los demás». Por ello, advirtió el Papa, «es necesario también informarse y mantener el contacto directo con la gente que toca a los monasterios. El servicio a los hermanos debe ser hecho con la sonrisa en los labios, porque a una monja que no sonríe le falta algo». El Papa también invitó a las monjas a rezar por los obispos y sacerdotes, siguiendo el ejemplo de Santa Teresa del Niño Jesús. Las monjas, recordó, «son el ícono de la Iglesia y de la Virgen». 

Respondiendo a un misionero escalabriano, el Papa subrayó «la importancia de la fiesta, que es una verdadera categoría teológica. Festejar no significa hacer ruido, sino, como dice el Deuteronomio, el fin es la alegría de recordar lo que hizo el Señor por nosotros». En relación con cierta competición entre la parroquia y las congregaciones religiosas, el Pontífice dijo que una de las cosas difíciles para un obispo es «crear armonía en la diócesis». Una fiesta y un momento de reflexión compartida. «Muchos colores, tantos como las varias formas de vida de vida consagrada presentes en la diócesis de Roma, pero también bailes, cantos, oraciones y testimonios para expresar la vitalidad de una decisión que acomuna a hombres y mujeres de cada nivel social, raza y lengua», subrayó “L’Osservatore Romano”. Recibió un caluroso aplauso la religiosa de 97 años, sor Cándida Burgio, que saludó al Papa, quien elogió su mirada límpida y su sonrisa de hermana, madre, abuela… En ella, el Papa agradeció a todos los presentes y quiso hacer un homenaje a todos los que perseveran en la vida consagrada.  

Según el Papa, «la fidelidad en la vida consagrada debe, por su naturaleza, reflejar la fidelidad, el amor, la ternura de la madre Iglesia y de la Madre María. Y la consagrada que no sigue esta vía se equivoca». El amor debe ser concreto, afirmó Papa Francisco. «Pero –se preguntó–, ¿cuáles son los contenidos de esta concreción?». La respuesta está en dos passjaes del Evangelio: el de las Bienaventuranzas, en el que se escribe cómo hay que hacer, y el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, protocolo con base en el que seremos juzgados. En él encontramos la concreción de la vida consagrada y siguiéndola, indicó el Pontífice, podemos llegar a un grado elevado de santidad. El Papa después respondió a una pregunta sobre la consacración femenina como dimensión esponsal. La dimensión femenina es muy importante, dijo, «porque las monjas son ícono de la madre Iglesia y de la Madre María». Por ello, Francisco invitó a «no olvidar que la Iglesia es femenina: no es “el Iglesia”, sino “la Iglesia”, y es la esposa de Jesús». «Desgraciadamente –observó– a veces se olvida la importancia del amor materno de la monja, la maternidad de la mujer consagrada».

Via VI

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

El Papa: «Las comunidades miedosas y sin alegría no son cristianas»

Abrirán la causa de canonización de Mons. Angelelli