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Papa Francisco a los capuchinos: Quien no sabe perdonar es un gran condenador

FranciscoMisa_LaurenCaterACIPrensa_160615El Papa Francisco presidió a primera hora de la mañana una Misa en la Basílica de San Pedro con cientos de frailes capuchinos, con motivo de la exposición estos días de los cuerpos del Padre Pío y de Leopoldo Mandic, ambos de esta orden.

En su homilía, les pidió no caer en el pelagianismo y les invitó a retomar el carisma del perdón, porque “el que no sabe perdonar es un gran condenador”. A su vez, habló de la actitud que todo confesor tiene que tener ante la persona que acude a confesarse porque está arrepentido de sus pecados.

“Quien es el gran acusador en la Biblia es el Diablo”, afirmó. “En cambio, Jesús pasó tantas horas de oración y de escuchar a la gente como San Pío y San Leopoldo, aquí”.

“Esto que les digo a ustedes, se los digo a todos los confesores. Si no saben hacerlo bien, que hagan otra cosa. Pidan esta gracia, yo la pido para ustedes, para todos los confesores, también por mí”, dijo.

El Santo Padre habló de dos actitudes: “Una actitud de grandeza ante Dios que se expresa en la humildad y otra actitud de mezquindad que viene descrita por el mismo Jesús, de cómo hacían los doctores de la ley, que todo era preciso, pero dejaban de parte la ley para hacer sus pequeñas tradiciones”.

Francisco recordó que “la tradición de los capuchinos es una tradición de perdón, de dar el perdón, entre ustedes hay muchos buenos confesores, porque se sienten pecadores”.

“Y delante de la grandeza del Señor rezan: “escúchame Señor”. Y porque saben rezar así saben perdonar”, aseguró.

Sin embargo, “cuando uno se olvida de la necesidad de perdón, lentamente se olvida de Dios y se olvida de pedir perdón y no sabe perdonar”.

“El humilde que se siente pecador es un buen perdonador en el confesionario. El otro, como estos doctores de la ley, solamente sabe condenar”, dijo el Papa.

Francisco aseguró hablar a todos los confesores al decir que “el confesionario es para perdonar y si tú no puedes dar la absolución, hago esta hipótesis, por favor no maltratarlos”.

“Aquél que viene, viene a buscar fortaleza, perdón, paz. Que encuentre un padre que lo abrace y le diga Dios te quiere y que se lo haga sentir”, añadió.

El Pontífice contó una anécdota: “Yo conocí un hombre capuchino, de gobierno, superior, después de 70 años fue enviado a un santuario a confesar y este hombre tenía una fila grande de gente para perdonar.  Un gran perdonador. Siempre encontraba el modo de perdonar o, al menos, de dejar en paz el corazón. Una vez me dijo: ‘vos, sos obispo y yo pienso que perdono demasiado. Tengo escrúpulos’. Le pregunté ‘¿qué hacés cuando te sentís así?’. Y me dijo: ‘voy delante del tabernáculo y le digo: Señor hoy he perdonado demasiado pero fuiste tú el que me da el mal ejemplo’”.

El Santo Padre afirmó también que existen dos lenguajes: el de los gestos y el de las palabras.

“Si una persona se acerca a mí en el confesionario es porque quiere cambiar y lo dice con el gesto de acercarse. No es necesario hacer las preguntas. Y si una persona viene, es porque en su ánimo no quiere hacerlo más. Pero muchas veces no pueden porque están condicionados por su vida, su psicología, su situación”.

Por eso, “hay que tener un corazón amplio y dar el perdón. Es una semilla, una caricia de Dios”.

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Homilía completa del Papa Francisco pronunciada durante la Eucaristía con los Hermanos Capuchinos en la Basílica de S. Pedro, 9 de febrero 2016

En la liturgia de hoy hay dos actitudes: una actitud de grandeza ante Dios que se expresa en humildad – el rey Salomón – y otra actitud de mezquindad que describe el mismo Jesús, de los doctores de la Ley: para quienes todo era preciso, dejaban de lado la Ley por observar sus pequeñas tradiciones.

Vuestra tradición de capuchinos es una tradición de perdón, de conceder el perdón. Entre vosotros existen tantos buenos confesores. Y, porque se sienten pecadores, como nuestro hermano Cristoforo. Saben que son grandes pecadores y ante la grandeza de Dios continuamente rezan: «¡escucha Señor y perdona!». Y porque saben rezar así, saben perdonar. En cambio cuando alguien se olvida de la necesidad que tiene de perdón, lentamente se olvida de Dios, se olvida de pedir perdón y no sabe perdonar. El humilde, quien se siente pecador, es un gran perdonador en el confesonario. El otro, como estos doctores de la Ley que se sienten los puros, los maestros, sólo saben condenar. Yo os hablo como hermano y en vosotros quisiera hablar a todos los confesores, especialmente en este Año de Misericordia: el confesonario es para perdonar. Y si tú no puedes dar la absolución – hago esta hipótesis – ¡por favor, no castiguéis! Quien se acerca, busca el consuelo, el perdón, la paz para su alma. Que encuentre un padre que le abrace y diga: «¡pero Dios te quiere mucho!». Y se lo haga sentir.

Me desagrada decirlo, pero cuánta gente, creo que la mayoría de nosotros hemos sentido decir: «yo no voy más a confesarme porque una vez me han preguntado esto, me han hecho lo otro…». ¡Por favor! Vosotros capuchinos tenéis este don especial del Señor: perdonar. Y os pido: no os canséis de perdonar. Pienso en uno que he conocido en otra diócesis, un hombre de gobierno, que luego, terminado su tiempo de gobierno – de guardián, de provincial – a los setenta años ha sido envidado a un santuario para confesar. Y este hombre tenía una cola de gente, todos: sacerdotes, fieles, ricos y pobres, todos. Era un gran perdonador. Siempre encontraba un modo para perdonar, o al menos para dejar a esta alma con un abrazo. Una vez me lo encontré y me dijo: «oye, tú eres obispo y puedes decirme, yo creo que peco porque perdono demasiado. Y me viene este escrúpulo» ¿Y por qué? – pregunté. «No lo sé, pero siempre encuentro el modo de perdonar». ¿Y qué haces cuando sientes eso? «Voy a la capilla, ante el sagrario, y digo: Señor, perdóname, creo que hoy he perdonado demasiado. Pero Señor, ¡has sido tú quien me dio este mal ejemplo!».

Sed hombres de perdón, de reconciliación, de paz. Existen tantos lenguajes en la vida. Lenguaje de la palabra, pero también existe el lenguaje de los gestos. Si alguien se acerca a mí, en el confesonario, es porque siente algo que le pesa y que quiere quitárselo. Quizás no sepa cómo decirlo, pero el gesto es este: si una persona se acerca es, porque quisiera cambiar, cambiar y ser otra persona y lo dice con el gesto de acercarse. No es necesario hacerle preguntas: pero tú, tú… Y si una persona viene, es porque no quiere volver a cometerlo más. Sin embargo tantas veces las personas no pueden cambiar porque están condicionadas por su psicología, por su vida, por su situación. Ad impossibile nemo tenetur (nadie está obligado a hacer lo imposible). Un corazón amplio, el perdón… El perdón es una semilla, es una caricia de Dios. ¡Confiad en el perdón de Dios! No caigáis en el pelagianismo: tú debes hacer esto, esto, esto… Vosotros tenéis este carisma de confesores. ¡Retomadlo, renovaos siempre! Y sed grandes perdonadores, porque quien no sabe perdonar termina como estos doctores en el Evangelio: se vuelven grandes condenadores. ¿Y quién es el gran acusador en la Biblia? El diablo. O adoptáis la actitud de Jesús que perdona, dando la vida, la oración, tantas horas ahí sentados, como estos dos santos, o adoptáis la actitud del diablo que condena, acusa. No sé, no logro deciros nada más, y en vosotros digo a todos, a todos – a los sacerdotes que van a confesar. Y si no se sienten capaces, que sean humildes y digan: no, no, no, yo celebro la Misa, limpio los pisos, hago otra cosa, pero no confieso porque no lo sé hacer bien. Y pedid al Señor la gracia. Gracia que pido para todos vosotros, y para todos, para todos los confesores, también para mí.

Con información de ACI y Hnos. Capuchinos

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