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Palabras de fuego. Por Manuel Romero, tor

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¿Cómo se os queda el corazón tras oír estas palabras? Jesús vivió en la línea de los profetas -como Jeremías- que captaban los tejemanejes que nos traemos los hombres olvidando a Dios y poniendo la confianza en lo caduco y en las obras de nuestras manos.

Jesús, antes de este fragmento, habla a los discípulos de la necesidad de estar vigilantes y no aceptar cualquier propuesta. Pone en alerta frente a la corrupción de intenciones. Y los primeros que no están dispuestos a desear de otra forma son los más cercanos. Su familia le declara loco y sus discípulos se pelean -a sus espaldas- repartiéndose la sucesión.

Es cierto que la condena de Jesús vendrá de manos del Sanedrín, de Pilato, de las denuncias de los fariseos, las pruebas de los saduceos… Pero lo más doloroso y el primer trago de la cruz viene de manos de los suyos.

A todos nos da miedo el juicio de los nuestros, de los que creemos nuestros protectores, hermanos, amigos. Y su rechazo provoca en nosotros la dulcificación de nuestras denuncias: la “mentira piadosa”, el “silencio pacífico”. Y todos -si somos honrados- pasamos por parte de esa decepción que vivió Jesús.

De ahí sus palabras y su queja: “Traigo fuego y ojalá estuviera todo ardiendo”.Nos hace comprender la necesidad de cierto fuego para quemar lo viejo y que renazca lo nuevo. Pero hemos de reconcoer que nos da tanta pereza cambiar -en la Vida Religiosa- que preferimos llenarnos de broza y que nos ahoguen las malas hierbas. Si no cambiamos por las palabras de Jesús o las apreciaciones de los hermanos, aparecerá un cerilla y nos quemará sin solución. En esta época de incendios estivales: ¿Cómo se te queda el cuerpo con estas palabras?

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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