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Oración interreligiosa por la paz en la basílica de San Francisco (Buenos Aires)

Buenos Aires, 12 Oct. 11 (AICA)

Representantes de diversos credos participaron de una jornada interreligiosa en el claustro de San Francisco

Representantes de diversos credos participaron de una jornada interreligiosa en el claustro de San Francisco

Representantes de diversos credos participaron ayer en el claustro de la basílica de San Francisco de una jornada interreligiosa por la paz en conmemoración del 25° aniversario del histórico encuentro que tuvo lugar en Asís, Italia, el 27 de octubre de 1986, por voluntad del beato Juan Pablo II.

     Organizado por la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones de la Conferencia Episcopal Argentina (CEERJIR), llevó por lema “Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz» y en respuesta a la invitación realizada por el papa Benedicto XVI el pasado 1 de enero de 2011, en el marco de la Jornada Mundial de la Paz.

Con aquel “espíritu de Asís”, se unieron a orar y reflexionar sobre la paz autoridades religiosas de las comunidades judías, cristianas, islámicas, bahai’s, budistas, mormonas y hare krishna, además de representantes de los pueblos originarios.

También estuvieron presentes autoridades civiles del gobierno Nacional, de los gobiernos porteño y bonaerense, y miembros de diferentes asociaciones, confraternidades, fundaciones, movimientos, institutos que trabajan a favor del diálogo y la paz.

El encuentro comenzó con un canto del coro “Gomidás”, de la Iglesia Apostólica Armenia, dirigido por la directora Makruhí Eulmesekian, y siguió con la bienvenida a cargo del guardián del convento franciscano, fray Sebastián Robledo.

El obispo de Chascomús y presidente de la CEERJIR, monseñor Carlos Humberto Malfa, recordó con profunda elocuencia el profético gesto realizado por el beato Juan Pablo II en 1986 y destacó la invitación del papa Benedicto XVI a continuar con aquella oración por la paz como peregrinos de la verdad y de la paz.

Luego los representantes de las diferentes religiones se trasladaron como peregrinos, al pie de las diferentes columnas asignadas en torno del patio central, para orar a Dios por la paz con fidelidad a sus propias creencias y con pleno respeto a todos los demás creyentes.

Finalizada la oración, cada credo se acercó al centro del claustro con una antorcha encendida, para expresar de algún modo la presencia misteriosa de Dios mismo en la historia humana.

El gesto de peregrinar con la llama encendida desde cada tradición, se convirtió en un único fuego, para expresar el profundo deseo de todos que arda como fuente de Luz entre los seres humanos, marcando su triunfo sobre las tinieblas, su calor sobre el frío, su paz sobre la guerra, su vida sobre la muerte.

Luego se escucharon cinco reflexiones sobre la verdad, la peregrinación y la paz, a cargo de Mabel Quinteros, por los Pueblos Originarios; el rabino Abraham Skorka, por la comunidad judía; el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado argentino; Samir Salech, en representación del islam; y Lidia Manssur por el pueblo Baha’i,

A su término, se invitó a los presentes a tomar luz del brasero como signo y compromiso de construir la paz cada día.

“Como dijo el beato Juan Pablo II en una oportunidad: ‘Lleven la luz de la Paz a las calles de la ciudad, en medio de la gente y de las casas. Que la claridad de esta noche, llena de esperanza, alcance a los hermanos y hermanas de los países lacerados por cada forma de guerra y se transforme para ellos en rocío de paz’”, relató Enrique Costemalle, de la Comisión de Diálogo Interreligioso de la arquidiócesis de Buenos Aires.

Por último, se invitó a realizar fraternalmente un saludo de paz, y a no olvidar que “las grandes guerras, de hecho, son preparadas por muchas pequeñas guerras, hechas de actos de prepotencia y egoísmo, por muchas pequeñas gotas de odio y de injusticia. Gotas que dependen de nosotros  todos”.

“Nosotros, los hombres, no podemos resolver el misterio de la historia, el misterio de la libertad humana que dice NO a la paz de Dios. No podemos resolver todo el misterio de la relación entre Dios y el hombre, de su acción y de nuestra respuesta. Tenemos que aceptar el misterio. Confiar quiere decir entrar activamente en este amor divino, participar en este trabajo de pacificación”, se concluyó parafraseando al beato Juan Pablo II.+

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Escrito por Redacción

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