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No las olían. Por Manuel Romero, TOR

Usamos la expresión “olerse algo” cuando intuimos, sospechamos que algo va a pasar o que es de una determinada manera antes de confirmarlo. Según la RAE -en una de sus acepciones-, “olerse algo” significa “conocer o adivinar algo que se juzgaba oculto, barruntarlo”.

tener-olfato-15¿Por qué comienzo así? Sencillamente, porque en el fragmento del evangelio de Lucas, los discípulos estaban recibiendo noticias de un Jesús que andaba vivo; pero no sabían a qué atenerse. Ninguno de ellos esperaba la resurrección. Estaban de luto y la realidad imponía su ley. Se nota por sus reacciones cuando aparece el resucitado: llenos de miedo, alarmados, dudosos, atónitos… Era un cuadro de pánico, de nerviosismo, con falta de sensatez y de paz; sólo faltaba la banda sonora de una película de miedo. Por eso, Jesús se planta en medio del grupo y se les hace presente a través de todos los sentidos:
– Primero les habla al oído: “Paz a vosotros” -les dice- y les tranquiliza.
– Después a través de la vista. Les invita a mirar las heridas de pies y manos. Heridas que recuerdan el sufrimiento y lo vivido con ellos. Ven al mismo que les llamó, al que amaron y que murió unos días antes ajusticiado.
– Luego por medio del tacto. Les invita a tocarle para confirmar que era de carne y de historia. Y les dijo: “Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. 
– Más adelante alude al sentido del gusto: “Y como no acababan de creer”, les pidió: “¿Tenéis algo de comer?” Y comió pescado; comida de milagro, comida de pescadores.

Pero faltó el olfato. Supongo que Cristo se dio cuenta de que “no se olían” el Misterio y tuvo que abrirles el entendimiento para comprender las Escrituras: que el Mesías padecería la desconfianza, la sospecha y la muerte por parte de los hombres, pero que resucitaría de manos del Padre. Aquellos discípulos, estaban también cumpliendo las Escrituras: no se fiaban y sospechaban del resucitado porque se guiaban sólo por los sentidos.

El acto de fe es razonable y a ello contribuyen, necesariamente, las experiencias sensibles. Pero no son suficientes porque el creer y el confiar pertenecen al terreno del corazón. Fijaos cómo Pedro argumenta, ante los culpables de la muerte de Jesús: “Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida”. Y les ofrece un cambio de paradigma; pasar de la razón al corazón, de la ley a la vida… convertirse y bautizarse.

Nosotros no somos distintos de aquellos discípulos que recibieron la visita del Resucitado. Sospechamos y dudamos porque queremos tener la seguridad absoluta de su presencia y elección. Y nos enredamos exigiendo poder ver, tocar, gustar y oír… sin cambiar. Pedimos pruebas a un Señor que aún arrastra las llagas de su entrega por nuestra causa. ¡Qué falta de sensibilidad y de agradecimiento la nuestra!

¿Qué muestras le damos nosotros a Él de nuestra confianza? Creo que nos falta el olfato del reconocimiento. “No nos olemos el Misterio” y exigimos pruebas a quien se ha dado por entero.

¡Señor resucitado, danos el olfato necesario para reconocer tu entrega y para testificarla al mundo!

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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