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Museo Franciscano en Chile espera urgente restauración.

Via La Discusion

No existe un catastro que permita definir en la actualidad qué es lo que contiene el museo y la humedad ya causa estragos.

A los chillanejos, a veces, se les va la memoria. En febrero próximo se cumplirán tres años desde el terremoto más devastador de las últimas décadas y decenas de edificios patrimoniales aún luchan para volver a ponerse de pie. Uno de ellos, y quizás el más emblemático, es la Iglesia San Francisco, construcción que data de 1913 y que no sólo fue vista por décadas como un espacio de culto, sino también, como un reservorio de nuestra memoria más lejana.

No sólo la nave central del templo sufrió daños, sino también el Museo Franciscano que contenía piezas únicas y de alto valor. Hasta antes del terremoto, funcionaba abierto al público puesto que no sólo contenía piezas religiosas, sino también parte de nuestra memoria campesina e histórica en general.

Recorrerlo hoy duele. No sólo por el caos que han generado las palomas y los vidrios rotos. También, por las filtraciones de agua que han deteriorado cada una de las piezas. El padre Máximo Cavieres nos acompaña a recorrer el sitio. “Este fue uno de los primeros edificios en Chile en construirse con hormigón armado, trajeron todo desde Alemania y eso ha permitido que la estructura no caiga. Nosotros ahora estamos enfocados en conseguir los recursos para poder recuperar el templo. No sólo por el factor de culto, sino porque es patrimonio”, dice.

La primera etapa está lista y tuvo un costo de 180 millones de pesos, que fueron entregados por el Consejo de la Cultura, más aportes de privados y entidades públicas. Ahora, para la segunda etapa, tenemos que reunir 120 millones y para esto se están presentando carpetas a distintas entidades, además de aportes de la comunidad a través de rifas y otras actividades. Hay algunos recursos ya comprometidos, pero falta”, advierte.

Respecto del museo, sin embargo, no hay nada concreto. No sólo porque los recursos no alcanzan para esa parte, sino porque la idea de la congregación es lograr recuperar el templo. “Estamos en conversaciones con personas que se han ido sumando. Ha venido gente a ver qué se puede hacer. Un consejero regional, la Universidad de Talca y de una ONG cultural con el fin de recuperar los libros. Han pasado tres inviernos y la humedad ha hecho su trabajo junto a las palomas”, agrega mientras mira piezas del museo que esperan una intervención.

El museo contiene ornamentos, imaginería, implementos de épocas pasadas, documentos, atuendos, libros, máquinas antiguas y fotografías. Respecto del posible traslado de los objetos hacia Santiago, el sacerdote es cauto. “Todo está sujeto a evaluación. Este es un patrimonio de la ciudad. Hay que habilitar un lugar que tenga las condiciones adecuadas, sin embargo, dentro del proyecto de la segunda etapa no existe porque hay que hacer una tercera etapa que incluya este espacio. A mí me gustaría que surgiera una agrupación como Amigos del Museo San Francisco para poder postular a proyectos que permitan recuperar el espacio”, precisa.

Pérdida de la memoria

El profesor de historia Osvaldo Ziolkowski llegó a trabajar al Colegio San Buenaventura el año 1985 y conoce de cerca el museo. “Había una gran cantidad de material museográfico distribuido por todos lados. Elaboré un proyecto y se lo presenté al padre Ramón Ángel Jara para ordenar todo. Reclutamos a alumnos de tercero a cuarto medio e hicimos un levantamiento de las piezas, dando un ordenamiento. Se hizo un catastro de las obras de arte y otros artículos. La biblioteca no la alcanzamos a ordenar. La idea era hacerlo de forma didáctica e investigar en torno a cada pieza. Nos dieron una sala del segundo piso y allí instalamos las vitrinas, limpiamos, seleccionamos con un registro y restauramos mucho”, recuerda.

Ese ordenamiento permitió abrir el museo al público ese mismo año e incorporarlo a la iglesia. También se reconstruyó la historia de la llegada de los franciscanos y se recuperaron piezas que habían llegado de otras iglesias del sur. “Ese año se cumplían los 500 años del descubrimiento de América y elaboré un proyecto para el Fosis con el fin de hacer una restauración más grande. Se lo presenté a Sergio Villalobos, quien en ese tiempo era director de la Biblioteca de Archivos y Museos. Lamentablemente el historiador vino unos meses después y convenció a la comunidad respecto del traslado de varias piezas a Santiago. Con esto, perdimos el archivo de la historia de las misiones del Bío Bío al sur, documentos originales de O’Higgins como su acta de bautismo (la cual tuve la suerte de tenerla en las manos), otros documentos correspondientes a la Colonia, además de algunos santos que fueron quemados en las misiones en el sur. Perdimos un tremendo patrimonio”, advierte.

Luego de ese hecho, el docente se alejó del proyecto. “Me dolió. Lo considero un robo. Le robaron a Chillán su patrimonio y me siento hasta culpable de haberle entregado el proyecto. Nunca pensé que podría pasar una cosa así. Según lo que explicaron, Villalobos necesitaba documentación para un trabajo que estaba haciendo sobre las misiones”, dice apenado.

Sin embargo, lo peor vendría en 1998, cuando el museo sufrió el robo de uno de los dos incunables que tenía el museo. El otro quedó en la oficina del sacerdote a cargo y posteriormente, al parecer, fue trasladado a Santiago. “Siempre he sostenido que ese robo fue dirigido y perpetrado por alguien que conocía su valor. Databa de 1496 y es uno de los primeros que se hicieron en imprenta en Europa. Ese libro llegó sin duda con Cristóbal Colón y deben ser no más de 30 los que se imprimieron. Además se perdió una pintura de José Joaquín Prieto, tenía una dimensión de 21 por 35, pero mostraba al personaje en una edad más adulta. Me llamaba la atención porque no existen registros de ese Presidente. Se llevaron la pintura y sólo dejaron los marcos. Se perdieron las réplicas del Premio Nobel de Gabriela Mistral y un bastón de marfil del siglo XVII entre otros objetos”, explica.

Según el docente, que dejó el colegio en el 2000, el incunable robado hoy se puede vender en el extranjero por dos millones de dólares mínimo, por lo que está convencido que ese libro fue sacado del país en forma rápida.

Luego del bullado robo llegó hasta la ciudad el empresario Carlos Cardoen y realizó una donación para seguir manteniendo el museo. “Pero se siguieron perdiendo cosas y otras fueron botadas a la basura”, señala.

El docente no ha tenido acceso al museo desde el terremoto, a pesar de eso, se esfuerza por enumerar el material que contenía antes de que él dejara de visitarlo.

Respecto de los libros y pinturas, Ziolkowski advierte que corresponden al Renacimiento, por lo cual es valor es incalculable. “Yo siento que hay que recuperar lo que queda. No sé cuánto es, pero lo que sea, vale la pena el esfuerzo”.

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Escrito por Redacción

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