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El mundo abierto en un abrazo

Francisco abraza a Kirill hace unos días en La Habana

El  abrazo como gesto de fe, de encuentro y de paz que junta el Papa Francisco y San Francisco. Igual que la Misericordia.

Francisco abraza a Kirill hace unos días en La Habana
Francisco abraza a Kirill hace unos meses en La Habana

El abrazo de Papa Francesco

El histórico abrazo que ha visto de protagonistas al Papa Francisco y el patriarca Kiril, en Cuba, tiene un significado profundo. No solo por el encuentro entre los dos, esperado desde el año 1054, pero sobre todo por su simbología. El Papa Bergoglio hace del abrazo un gesto material, que toca directamente en la linea espiritual de la misericordia, a quien ha dedicado este Jubileo extraordinario. El abrazo es un instrumento de fe, de comunicación de paz y sobretodo de encuentro. Un gesto que desarma y enriquece al mismo tiempo. Abrazar significa acoger y envolver al mismo tiempo. Es así que cada hombre y mujer puede calificar y embellecer su propia vida. Del mismo modo es como Francisco acoge a los últimos, como a los primeros, a los enfermos como a los que sufren, a los ricos como a los pobres, sin distinción alguna.

El abrazo de San Francisco

Este mismo e idéntico gesto había sido protagonista en la vida de San Francisco de Asís justo en el momento de su conversión. Son las propias fuentes las que recogen su testimonio:  “cuando estaba aún en pecado, me parecía demasiado amargo ver los leprosos, y el señor me condujo entre ellos y con ellos practiqué la misericordia”. Francisco vence el asco y abraza al leproso. El binomio abrazo-misericordia, utilizado a menudo por el papa Bergoglio, tiene su antecedente en los gestos, el estilo, la vida, del pobrecillo de Asís que a menudo ha usado el abrazo por empatía, para pacificar, por amor hacia lo creado, recomendando a todos que «abrazaran la vida».

El abrazo del hombre

Este es el estilo que estamos llamados a vivir, hoy más que nunca, en el consuelo de los migrantes, de los otros, de los últimos.  Aquel abrazo que pocos días después el Papa Francisco dio a los condenados a muerte: «Hagamos un gesto valiente y ejemplar: que ninguna condena sea ejecutada en este Año Santo de la Misericordia” a pedido  el pontífice. Este mismo abrazo hacia el prójimo que a menudo negamos y que sin embargo puede enseñar mucho. Nos contagia, nos vuelve misericordiosos. Me acuerdo de una historia de Mardocheo, quien luego fue rabino de Lecowitz: su padre, lamentándose de su pereza en el estudio, lo conduce a un santo rabino que pide permanecer a solas con el chico. El rabino lo abraza junto a su corazón y lo mantiene así larga y afectuosamente cerca. Cuando el padre volvió, el rabino le dice: “he dado a Mardocheo, un poco de moral, de ahora en adelante no le faltara perseverancia”. Mardocheo, convertido entonces en un famoso rabino, contando este episodio decía: “He aprendido ahora como se convierten los hombres».

Fray Enzo Fortunato

Aparece primero en la revista San Francesco 3/2016.

Traducción del italiano: Sylvia Naoned

 

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Escrito por Redacción

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