in ,

Mons. Lozano destacó la opción por los pobres de monseñor Angelelli

Reflexión de monseñor Jorge E. Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social para el domingo 31 de julio de 2016

El jueves 4 de agosto se cumplen 40 años del asesinato del Obispo argentino Enrique Angelelli. Había nacido en Córdoba en julio de 1923. Tenía 53 años de edad, y hacía 8 años que estaba de Obispo de La Rioja.

Angelelli fue un obispo entregado a la tarea misionera y cercano a los pobres y olvidados. Su predicación estaba fuertemente arraigada en su experiencia de encuentro con la gente y en la meditación asidua de la Palabra de Dios. De allí su conocido lema “con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”. Pero no le fue fácil. Su deseo de implementar el Concilio Vaticano II y el documento conclusivo de la Conferencia de Medellín (1968) le significaron resistencia y rechazos de algunos sectores de la Iglesia riojana. Su cercanía con los pobres y acompañarlos en sus reclamos por la tierra, el trabajo, la justicia, le atrajeron el rechazo de los terratenientes, los poderosos y las Fuerzas Armadas.

Recordemos brevemente el contexto de aquel tiempo en nuestro país. El 24 de marzo de 1976, a través de un golpe de Estado, las Fuerzas Armadas asumieron el Poder iniciando así el autollamado Proceso de Reorganización Nacional, y dando fin de ese trágico modo al gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón. Los años previos habían estado marcados por atentados, secuestros y asesinatos. Los autores: grupos guerrilleros, paramilitares y la denominada “Triple A”, que enlutaron al país e instalaron un clima de violencia que se respiraba por todos lados.

El gobierno de las Fuerzas Armadas también estuvo marcado por secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Hace poco (el 4 de julio) se cumplieron los 40 años de la masacre de San Patricio, en la cual fueron asesinados en esa Parroquia 3 sacerdotes y 2 seminaristas Palotinos.

Volviendo a La Rioja, en ese contexto el obispo Angelelli estaba amenazado, lo que era algo que muchos conocían. Se produjo una escalonada sucesión de hechos de violencia. En la noche del 18 de julio de 1976 fueron secuestrados, torturados y asesinados dos sacerdotes: Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. Ambos estaban en la Parroquia El Salvador, de Chamical. Pocos días después, el 25 de julio, también fue asesinado el catequista y miembro del Movimiento Rural Católico, Wenceslao Pedernera. Lo fueron a buscar a su casa, y cuando abrió la puerta, en esa noche, lo acribillaron a balazos. Era estrecho colaborador del Obispo. El 4 de agosto, cuando viajaba llevando la denuncia del crimen de sus dos sacerdotes, se fraguó un accidente para asesinar a Angelelli.

Nuestro hermano comenzó a ejercer el ministerio sacerdotal en su Córdoba natal como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC) y la Juventud Universitaria Católica (JUC), ambas instituciones vinculadas a la Acción Católica. En 1961, con apenas 38 años de edad, San Juan XXIII lo nombra obispo auxiliar de Córdoba. Participó de varias de las sesiones del Concilio Vaticano II, que marcarían a fuego su experiencia de Iglesia. El 11 de julio de 1968 el Beato Pablo VI lo nombra obispo de La Rioja.

Se dedicó incansablemente a recorrer todas las comunidades, llegando también a algunos ranchos apartados y pobres. Convocó a la “Primera Semana Pastoral” de la cual participaron laicos consagrados y sacerdotes.

También fue poeta. Para sus 25 años de sacerdote escribió: “Veinticinco años vividos por esos caminos de Dios,/con mañanas de Pascua y tardes de dolor,/con fidelidades de hijo y debilidades de pecador,/con las manos metidas en la tierra del hombre…/de este pueblo tuyo que me entregaste, Señor./ Mi vida fue como el arroyo…/ anunciar el aleluya a los pobres y pulirse en el interior;/ canto rodado con el pueblo y silencios de «encuentros»…/ contigo… solo… Señor./ Mi vida fue como el sauzal… pegadita junto al Río/ para dar sombra nomás./ Mi vida fue como el camino…/ pegadita al arenal/ para que la transite la gente/ pensando: «Hay que seguir/ andando nomás».

Cuando se cumplieron 30 años de su asesinato, presidió la misa el Cardenal Jorge Mario Bergoglio. Te comparto algunas pasajes de su Homilía.

“El diálogo tan encantador entre la Iglesia y el Pastor tiene esas dos actitudes tan lindas: coraje para anunciar el Evangelio y aguante para sobrellevar las dificultades que la misma predicación del Evangelio provoca. Porque evidentemente la predicación del Evangelio mueve las aguas y provoca esas actitudes que se repiten siempre a lo largo de la historia en aquellos que no quieren escuchar la palabra de Cristo, provoca el cuestionamiento del predicador, ya comenzó con Jesús, lo cuestionaban, le decían ‘vos echás a los demonios por poder de los demonios’; provoca el cuestionamiento del que anuncia la palabra, ya sea pastor, ya sea del pueblo, a través de los consabidos métodos de la desinformación, la difamación y la calumnia.”

“Un enamorado de su pueblo que lo acompañaba en el camino, y lo acompañaba hasta las periferias, las periferias geográficas y las existenciales. Recordemos el cariño con que acariciaba a los ancianos, con que buscaba a los pobres y a los enfermos, con el que clamaba por la justicia. Él estaba convencido de que el hombre hecho de barro escondía adentro un proyecto de la Trinidad, un proyecto de Dios: ‘Mezcla de tierra y de cielo, proyecto humano divino en cada hombre se hace rostro y su historia se hace pueblo’, Dios rostro de hombre, historia de pueblo.”

“El recuerdo de Wenceslao, Carlos, Gabriel y el obispo Enrique no es una simple memoria encapsulada; es un desafío que hoy nos interpela a que miremos el camino de ellos, hombres que solamente miraron el Evangelio, hombres que recibieron el Evangelio y con libertad. Así nos quiere hoy la patria, hombres y mujeres libres de prejuicios, libres de componendas, libres de ambiciones, libres de ideologías, hombres y mujeres de Evangelio; sólo el Evangelio y, a lo más podemos añadirle un comentario, el que le añadieron Wenceslao, Carlos, Gabriel y el obispo, el comentario de la propia vida.”

Hoy concluye en Polonia la Jornada Mundial de la Juventud. Ha sido un acontecimiento que seguramente hemos podido seguir en alguna de las transmisiones de la televisión, radio o Internet. También las redes sociales reflejaron la preciosa emocionalidad del encuentro entre Francisco y los jóvenes de mundo.

Les comparto un fragmento de lo que el Papa les dijo en su primer encuentro con ellos:

“También quiero confesarles otra cosa que aprendí en estos años. No quiero ofender a nadie, pero me genera dolor encontrar a jóvenes que parecen haberse «jubilado» antes de tiempo. Esto me hace sufrir. Jóvenes que parece que se hayan jubilado con 23, 24, 25 años. Esto me produce dolor. Me preocupa ver a jóvenes que «tiraron la toalla» antes de empezar el partido. Que se han «rendido» sin haber comenzado a jugar. Me produce dolor el ver a jóvenes que caminan con rostros tristes, como si su vida no valiera. Son jóvenes esencialmente aburridos… y aburridores. Que aburren a los demás, y esto me produce dolor. Es difícil, y a su vez cuestionador, por otro lado, ver a jóvenes que dejan la vida buscando el «vértigo», o esa sensación de sentirse vivos por caminos oscuros, que al final terminan «pagando»…y pagando caro. Piensen en tantos jóvenes, que ustedes conocen, que eligieron este camino. Cuestiona ver cómo hay jóvenes que pierden hermosos años de su vida y sus energías corriendo detrás de vendedores de falsas ilusiones ‒en mi tierra natal diríamos «vendedores de humo»‒, que les roban lo mejor de ustedes mismos. Y esto me hace sufrir. Yo estoy seguro de que hoy, entre ustedes, no hay ninguno de esos, pero quiero decirles: Existen los jóvenes jubilados, jóvenes que tiran la toalla antes del partido, hay jóvenes que entran en el vértigo con las falsas ilusiones y terminan en la nada”.

El viernes 29 y el sábado 30, en la ciudad de Posadas en Misiones, pude participar del encuentro de Nuevos Dirigentes, el equipo de formación de jóvenes dirigentes políticos y sindicales de la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Qué bueno es ver y escuchar a jóvenes que “no tiran la toalla” y renuevan su compromiso en la construcción del bien común de nuestro país.

El próximo jueves 4 de agosto se conmemora a San Juan María Vianney, el cura de Asis, Patrono de los sacerdotes. Recemos por todos nosotros, los sacerdotes de este tiempo de la historia, por las vocaciones, por los seminaristas.

Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú

Comentarios

Leave a Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Ecología y estilos de vida

Carta por la Fiesta de Santa Clara del General de los Frailes Menores.