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Mons. Celestino Aós OFMCap: si en Chile «no se hacen cambios profundos, será sólo maquillaje»

En entrevista con Periódico Encuentro monseñor Celestino Aós reflexiona sobre la situación social que se vive en Chile y entrega algunas definiciones.

Mons. Aós reflexiona acerca de la situación de la crisis social en Chile, condenando la violencia y advirtiendo la necesidad de cambios profundos, a nivel de Constitución y de personas.

Plantea la importancia de un mejor reparto de los bienes reduciendo, por ejemplo, las brechas salariales entre los que más ganan y los que menos. Llama también a conformar un nuevo Pacto Social donde los católicos y las parroquias abran sus puertas a creyentes y no creyentes para favorecer el diálogo, la unidad y el discernimiento para la construcción de un mejor Chile, más justo, solidario y en paz.

¿Cuál es la reflexión que hace la Iglesia sobre la situación social que vive el país?
La situación que estamos viviendo estalló por situaciones de injusticia que colmaron el vaso. Ya el año 2017, en el documento «Chile, un país para todos», como Conferencia Episcopal de Chile señalábamos la necesidad de mejorar nuestra convivencia. El pasado 19 de octubre dimos a conocer el documento «Cuidar la convivencia: La paz es fruto de la justicia». Nuestra voz vuelve a aparecer en el documento del 24 de octubre «Levantarnos de la mano de la justicia y del diálogo». Ahí pedimos respetar derechos de las personas y evitar derramamiento sangre para reconstruir la paz social. También emitimos un comunicado conjunto el 21 de octubre con los principales representantes de religiones y tradiciones de fe presentes en Chile, donde pedimos que todos los hombres y mujeres de buena voluntad abramos el corazón, que trabajemos por la paz, que botemos los muros que hoy cierran el diálogo y que generemos puentes que nos permitan el encuentro.

¿Cuál es la importancia del llamado a la justicia y al diálogo social?
La Iglesia mira a Jesucristo, mira a Dios y encuentra que toda persona -desde el momento de su nacimiento, hasta el final de su vida- tiene el derecho sagrado de ser persona y debe ser reconocida como tal. Para la Iglesia no está primero ni el éxito económico, ni el beneficio de unos pocos, sino que primero está la persona. Donde haya una vulneración a la justicia, sea en cuanto a la repartición de bienes, al acceso a la salud o el agua, etcétera, la Iglesia va a levantar su voz, porque eso es lo que recibe como mandato del Señor.

¿Cuál es su postura respecto del llamado a construir un nuevo Pacto Social?
Tenemos que ponernos de acuerdo los chilenos sobre qué queremos decir con Pacto Social, porque, en definitiva, no es un encuentro para imponernos hegemónicamente los unos por sobre los otros, sino para escucharnos, para discernir juntos y llegar a puntos de consenso. Cuando hablamos de un Pacto Social indudablemente que es un compromiso que está sobre la base del respeto a los derechos y deberes fundamentales. Cuando el Papa insistió en que los pobres no pueden esperar, se refería a la situación social de desmedro en que estaban muchos ciudadanos que carecen de lo básico. La tragedia, no sólo de Chile, sino que del mundo, es que mientras una parte de la humanidad despilfarra recursos, como comida, agua y otros bienes, hay otros hermanos y hermanas que se mueren de hambre. Si queremos avanzar hacia una sociedad nueva, no va a ser descartando -como dice el Papa Francisco- a los más desvalidos.

¿Qué esperaría que aborde este nuevo Pacto Social?
Si no se hacen cambios profundos, estaremos hablando de maquillaje y volveremos a repetir la misma historia y el estallido va a ser igual de fuerte o mayor. La sociedad y los que están sufriendo están muy alertas, y no van a tolerar algo que no se sostiene. Por tanto, creo que tiene que haber cambios profundos, pero los cambios profundos no son sólo en las estructuras, sino que también en las personas. Es indudable que hay que cambiar la Constitución y ciertas estructuras, pero también es indudable que tenemos que cambiar a la persona que está dispuesta a ir a quemar un bien público o a insultar al otro.

¿De qué forma esta crisis puede ser una oportunidad para construir un mejor país?
Yo creo que todo el dolor que estamos padeciendo, y que está recayendo sobre todo en los más pobres, nos tiene que llevar a reflexionar sobre el por qué se ha producido y cómo podemos evitar que se produzca de nuevo. Tendremos que aprender de esta crisis y pensar sobre las estructuras que estaban y que han llevado a colmar el vaso, pero también sobre este otro Chile que estamos descubriendo.

¿Qué podemos hacer como Iglesia para aportar en la resolución de esta crisis?
No podemos quedarnos en la reflexión, hay que hacer cosas. Como cristianos el arma más fuerte que tenemos es la oración, porque sólo Dios puede cambiar el corazón de los hombres. Nosotros tenemos que rezar por Chile y por los chilenos, por los que están sufriendo más, por aquellos que van por el camino de la violencia, para que cambien, por aquellos que están desconcertados. Pero, además, si vamos a hacer este Pacto Social, tenemos que hacer lo que podamos en nuestras iglesias. Tenemos infraestructura, locales, salones de catequesis o parroquiales y a veces la gente de la población no tiene otro lugar donde reunirse. Abramos nuestras iglesias, convoquémoslos a que dialoguen, a que expresen sus sentimientos. Hay gente que está muy tensa, con miedo o quizá con rabia. Yo sé, porque he tenido el testimonio de varios sacerdotes que lo han hecho, y ha sido muy enriquecedor ver que los jóvenes hayan participado y que los mayores hayamos podido escucharlos, porque ellos ven las cosas de otra manera. Tenemos también acciones sociales que pueden parecer pequeñas, pero no lo son. En los vecindarios hay ancianos, personas enfermas. Para ellos esto ha sido mucho más duro. Quizá ir a visitar a esas personas. Cuando uno tiene amor, el Espíritu Santo va mostrando cosas que se pueden hacer.

¿Se debieran fomentar cabildos ciudadanos en parroquias, por ejemplo?
Es bueno y es necesario. Si vamos a conformar un Pacto Social tenemos que conversar, dialogar. Tenemos derecho a dar una mirada cristiana, pero creo que nuestras parroquias y locales deben abrirse para un diálogo no sólo de los católicos, porque hay gente que piensa que la moral es de patrimonio de nosotros los católicos y no. Nosotros podemos exponer nuestra manera de pensar las cosas, de desearlas y habrá que llegar a acuerdos, precisamente para eso se convoca un Pacto Social. No cabe duda que la Iglesia tiene infraestructura en poblaciones, y puede aportar. Creo que ahí habría que ser bien claros, para invitar a todas las personas de buena voluntad que quieran participar. No me parece bien segmentar sólo en católicos, porque entre todos debemos buscar la unidad.

¿Cuál es la autocrítica que hace la Iglesia sobre lo que está ocurriendo?
Como Iglesia tenemos que considerar nuestra propia fragilidad y la de nuestros hermanos. En la Iglesia estamos todos y cuando vamos a misa decimos yo confieso ante Dios que soy pecador y reconozco todos los pecados de mis hermanos. En segundo lugar, ver lo que estamos tratando de hacer ante delitos tan desconcertantes como los abusos, debemos preguntarnos como seres humanos cómo llegamos a esto, pues lo importante es mirar al futuro y pensar qué tenemos que hacer para que esto no vuelva a repetirse, para que no vuelva a haber abusos y para que no haya violencia. Esta es nuestra autocrítica, nosotros no nos erigimos en jueces.

¿Quién tiene la culpa por lo que está pasando en Chile y en la Iglesia?
Todos. Todos tenemos una cuota de responsabilidad, ciertamente algunos más que otros, porque cuando uno asume un cargo de responsabilidad asume también mayor responsabilidad y exigencia, pero ninguno puede decir yo no tengo nada que ver con esto. Todos tenemos que ver y todos tenemos que empujar para decir: «Yo quiero ser mejor ciudadano y mejor cristiano». Siendo mejor ciudadano y mejor cristiano, Chile y la Iglesia serán un poco mejor.

¿Cómo debiera construirse el Chile que viene?
Me cuesta entender que si la Constitución comienza diciendo que todas las personas tienen derecho a vivir, se legalice la muerte en un aborto. Me parecen importantes también las libertades de expresión y de culto. Tenemos derecho a que se respete nuestra expresión de fe y a que se respeten nuestros símbolos. La Constitución lo dice y lo debería decir una eventual próxima Constitución. No soy experto, y tampoco sé si este tema debiera entrar a nivel de reforma constitucional, pero el tema del reparto de los bienes es relevante. No puede ser que uno esté cobrando una miseria y el otro un sueldo tremendo. En algunos países se ha conseguido aplicar un porcentaje o proporción, por ejemplo, de diez veces entre el salario más alto y el menor, pero no puede ser que sea de 40 ó 200 veces más que el mínimo. Hablamos de un mejor reparto de los bienes. Otro tema importante a mi juicio es el de la informática y del poder de los medios de comunicación y redes sociales. Piense usted que durante la crisis que hemos vivido hubo millones de reproducciones y viralización de noticias falsas de Chile, muchas de ellas lanzadas a los medios voluntariamente, con ánimo de envenenar y desenfocar las cosas. Hay también robo y mal uso de datos de las personas, etcétera.

¿Cómo se protege a la sociedad?
Otro tema importante es el cuidado del medio ambiente. Hay todo un mundo nuevo que tendrá que entrar en una eventual nueva Constitución.

¿El Arzobispado de Santiago, como empleador, podría aplicar una política de ajuste de brechas salariales?
Ya se está avanzando en eso. Hay que buscar la justicia. A nadie se le va a quitar o robar, pero el tema económico es importante y bien católico. Hay además un punto importante que es la transparencia. Los fieles tienen derecho a conocer el destino que se da a los bienes que ellos aportan. El Arzobispado publica esa información en su sitio web y seguiremos profundizando en esto. También hay un criterio de solidaridad que ya existe y debemos reforzar. Parroquias que tienen más recursos ayudan a las que tienen menos. Durante las manifestaciones se han producido violaciones a los derechos humanos.

¿Cuál es su postura al respecto?
Los muertos nos duelen. Todos y cada uno de ellos. Y los heridos también. Tanto si llevan uniforme como si no llevan. Más allá de si un señor vulnerado en sus derechos humanos tenía una investidura por ser miembro de una institución respetable, da lo mismo, porque hubiera sido lo mismo con una vulneración de derechos a la vecina de la esquina. Las personas tenemos la misma dignidad o no la tenemos. Todos son personas y todos son ciudadanos de este país. Por eso es que nos duelen. La Iglesia condena toda violencia, la de quienes disparan y la de quienes incendian. El dolor que causa la violencia nos duele. Lo que pedimos es que la violencia cese. En segundo lugar, que se investigue y se vean las responsabilidades que se puedan tener. Para eso están los tribunales y están estas organizaciones. Hoy día Chile tiene -a diferencia de los 80- una situación diferente pues hay instituciones que están funcionando y a las que se puede recurrir.

¿Qué mensaje envía al pueblo cristiano de Santiago?
Tratemos de no justificar ninguna violencia, la violencia es mala siempre. Lleva a más violencia. Segundo lugar, hay demandas legítimas que se han de manifestar de una manera también legítima, respetuosa. La tercera cosa es que tengamos un poco de paciencia. Las flores no nacen en un día. Es un proceso. Pretender que Chile va a cambiar todo y hacerlo todo en un día, más en un momento de nerviosismo, no, hay que hacerlo pero se requiere tiempo y paz. Y lo cuarto es que cada uno piense qué es lo que puede aportar en este momento a Chile. Todos tenemos algo que aportar.

Via Periodico Encuentro

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Escrito por Redacción

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