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Misioneros: mucho más que sacerdotes

  • Las difíciles circunstancias en África convierten a religiosos como el padre Miguel en mediadores, médicos, fundadores de escuelas o educadores de niños soldado

«Mira esa planta». El padre Antonio Labraca, misionero comboniano, tiene el mejor jardín de Ayod, en el reino del escorpión de Sudán del Sur, y no por capricho. Se acerca y descubre unos cuantos tomates, aún verdes. «Después de años de pruebas con diferentes semillas estamos dando con hortalizas capaces de sobrevivir en un lugar árido como este, casi no necesitan agua. Espero que pronto, si la guerra lo permite, estos tomates den de comer a la población», dice convencido en uno de los vértices del llamado triángulo del hambre.

Labraca, un simpático sacerdote italiano, celebra misa los domingos, pero no se limita a eso: está levantando, con gran esfuerzo, una escuela de primaria, ha traducido la Biblia al nuer, el idioma local, introduce vegetales que servirán después de alimento a bocas hambrientas y, lo que es más importante, ha convencido al chamán de la aldea de que no puede seguir con sus prácticas de curandero, que los enfermos deben acudir al hospital de la ONG. Para ello, le ha cedido media hora en medio de la misa católica para que este brujo cuente sus chistes y haga y deshaga sus hechizos de amor sin hacer daño a nadie.

No es fácil dedicar tiempo a celebrar misas cuando hay tantas cosas urgentes por hacer», dice Chema Caballero, ex misionero javeriano

Este misionero, que por las tardes imparte clases de inglés en su propia choza, es sólo uno de los miles que llevan décadas en los lugares más perdidos de África dando lo mejor de sí mismos para defender algo intangible pero irrenunciable para ellos: la dignidad de los pueblos que los acogen. Durante larepatriación del hermano Miguel y la hermana Juliana las redes sociales se incendiaron partiendo de una tesis cuanto menos incompleta: «Si son curas y monjas el viaje debe pagarlo la Iglesia Católica». Sobre el terreno, un misionero puede ser muchas cosas: líder comunitario, doctor, mediador de conflictos, fundador de hospitales, escuelas, orfanatos, educador de niños soldado o, como Labraca, esforzado botánico en medio del desierto. Quizás a lo que menos tiempo dedican es al sacerdocio.

«El padre Miguel llevaba 50 años trabajando de sol a sol en un hospital de Liberia y nunca celebró una misa», comenta a EL MUNDO el legendario Chema Caballero, ex misionero javerianoque consagró muchos años de su existencia a devolver a la vida a los niños soldado y las esclavas sexuales de Sierra Leona. En su centro, pionero en el mundo por las técnicas que usó, tenía auténticos criminales juveniles que hoy son abogados, jueces, carpinteros… «Por nuestras manos llegaron a pasar 10.000 niños que hoy están desenganchados de la guerra», afirma Caballero. «No es fácil dedicar tiempo a celebrar misas cuando hay tantas cosas y tan urgentes por hacer». Caballero exigía mucho de cada uno de sus alumnos, pero luego se los ganaba defendiéndoles, a veces poniendo en riesgo su propia vida, cuando alguien pasaba por el centro buscándolos y pidiendo venganza.

Mediadores

En el papel de los misioneros como mediadores destaca José Carlos Rodríguez Soto, que en los 90 tuvo un rol fundamental en las conversaciones de paz entre el gobierno de Uganda y la milicia apocalíptica de Joseph Kony, hoy fugitivo de la justicia en los bosques de República Centroafricana: «A los misioneros nos respetaban ambas partes y alguien pensó que sería buena idea que nosotros hiciéramos de puente entre los bandos enfrentados». Muchos de ellos han sufrido las consecuencias de esta exposición o lo han pagado con su propia vida: Salvatore Colombo, obispo de Mogadiscio que intentó mediar en la guerra civil de Somalia, fue asesinado en la catedral. Hace unos años su tumba fue saqueada por los yihadistas de Al Shabab para arrancarle dos dientes de oro.

Un misionero portugués que desea permanecer en el anonimato conoció hace tres años a una mujer en un hospital del este del Congo cuya hija sufría una gravísima hidrocefalia, un trastorno letal en esa zona de África, pero operable en el primer mundo. Durante semanas lo intentó todo para poder tratar a la niña en un centro europeo dotado para tal fin, pero chocó con visados, embajadas y burocracia. No encontró otra solución que renunciar a sus votos, abandonar su orden y casarse con la mujer para que su país reconociera a la niña y la dejara pasar.

El padre Miguel Pajares aguantó en Liberia durante sus dos guerras civiles consecutivas

Juan José Aguirre, el obispo de la remota Bangassou (República Centroafricana), se ha enfrentado a los saqueos y secuestros de la milicia de Kony y los islamistas de la rebelión Seleka con el arma más poderosa: la educación. Casi sin medios ha sido capaz de levantar un hospital con quirófanos, una guardería, varias escuelas, una leprosería y un orfanato para miles de niños, además de campañas de vacunación y una casa para enfermos terminales de sida abandonados por sus familias. «Intentamos devolver la normalidad a la gente con un horizonte de esperanza», afirma Aguirre desde su diócesis, un lugar muy parecido al centro Don Bosco de Goma, la capital del Este del Congo y epicentro de la guerra por los minerales de sangre.

El padre Piero, apoyado por misioneros como el español Honorato Alonso, levantó una de las escuelas más importantes y mejor gestionados de formación profesional de toda África siguiendo el modelo que los salesianos han exportado a todo el mundo: talleres de mecánica, carpintería, electricidad… Alonso remacha: «Tenemos además un orfanato para los huérfanos de la guerra, para que tengan un futuro, bueno o malo, pero un futuro».

La lealtad de estos religiosos está probada en las peores circunstancias. El padre Miguel aguantó en Liberia durante sus dos guerras civiles consecutivas, igual que Labraca la de Sudán, o Caballero la de Sierra Leona, o Piero la del Congo. «Compartimos el mismo destino que la población, no contemplamos otra opción», dice Labraca.

Via El Mundo

Nota de Pazybien.es: No solo hay sacerdotes misioneros sino una gran cantidad de laicos, incluso familias, dejandose la vida por los hermanos.

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Escrito por Redacción

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