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Misericordia, la verdadera reforma de Bergoglio

Papa Francisco, a cincuenta años del Concilio Vaticano II quiere una Iglesia que acoja a los que están lejos o se sienten excluidos: «el mensaje más fuerte del Señor»

ANDREA TORNIELLI

ROMA

 

El Año Santo de la misericordia anunciado ayer por Papa Francisco es una iniciativa directamente relacionada con el mensaje más auténtico del Pontificado.

 

Este Jubileo extraordinario, que comenzará el 8 de diciembre, a medio siglo de la clausura del Concilio, es una sorpresa y al mismo tiempo una lógica consecuencia de lo que el Papa argentino ha tratado de comunicar en estos primeros dos años. «El mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, lo digo humildemente, es el mensaje más fuerte del Señor», dijo cuatro días después de su elección en una homilía en la Iglesia parroquial de Santa Ana en el Vaticano. «Yo creo que este es el tiempo de la misericordia», insistió algunos meses después, durante el vuelo de regreso de Río de Janeiro, en julio de 2013. «La misericordia no es solo una actitud pastoral, sino es la sustancia misma del Evangelio», escribió en una carta enviada el lunes pasado a la Universidad Católica Argentina (UCA).

 

Iglesia acogedora

20130403151349a07bf9Mucho más importante que las reformas estructurales de la Curia o de las finanzas vaticanas, para Francisco siempre ha sido fundamental la invitación a testimoniar el rostro de una Iglesia acogedora, que «facilite» la fe de las personas sin comportarse como una «aduana». Una Iglesia «hospital de campo», preocupada por curar las heridas mortales y que no somete al moribundo a demasiados exámenes y análisis para medir si sus niveles están dentro de la norma de la doctrina moral. Una Iglesia que sale a buscar a los que están lejos, a los que han perdido la fe o a los que se han sentido rechazados o incomprendidos. Una Iglesia que sigue el ejemplo de ese carpintero de Nazaret, ese que hace dos mil años escandalizaba a las buenas consciencias llamando a su lado a los pecadores, perdonando a las prostitutas, contaminándose con el leproso marginado de la sociedad; ese carpintero que explicaba que había venido para los enfermos, es decir para los pecadores, no para los sanos, los justos, que o necesitan la ayuda del médico. Ayer, en la pequeña homilía pronunciada antes de arrodillarse frente a un confesor, Francisco recordó que el de Jesús es un «amor que va más allá de la justicia», va más allá de esa actitud tan difundida entre los doctores de la ley, entre ciertos hombres de religión. Tanto hace dos mil años como ahora.

 

Ver más allá

topic«El llamado de Jesús nos impulsa a cada uno de nosotros a no detenernos nunca en la superficie de las cosas –explicó el Papa–, sobre todo cuando estamos frente a una persona. Somos llamados a ver más allá, a apostar por el corazón para ver de cuánta generosidad cada quien es capaz. Nadie puede ser excluido de la misericordia de Dios; todos conocen la vía para acceder a ella, y la Iglesia es la casa que acoge a todos y no rechaza a nadie. Sus puertas permanecen abiertas de par en par, para que todos los que han sido tocados por la gracia puedan encontrar la certeza del perdón. Entre más grande sea el pecado, mayor debe ser el amor que la Iglesia expresa a los que se conviertan». Este es el centro del mensaje de un Papa mucho menos malintrepretado e incomprendido de lo que se cree, como indica el resultado del estudio que llevó a cabo Almawave, que analzó siete millones y medio de tuits que hablan sobre las palabras de Francisco. Y justamente la misericordia resultó ser el tema central y más importante. El Pontífice argentino actúa con el horizonte de unmisionero consciente de la descristianización que se vive en nuestras sociedades. Trata de comunicar cuál es la naturaleza del cristianismo. Para llegar a los que están lejos y tocar sus corazones, el único camino es el del abrazo de la misericordia. Como el Padre de la parábola, que corre a abrazar al Hijo pródigo antes de escuchar sus explicaciones y sus peticiones de perdón por sus andanzas. Una misericordia tan grande que provoca el resentimiento en el otro hijo de la parábola, el hijo bueno que se había quedado en casa trabajando. Justo como ahora se irritan los autores de una Iglesia “Law&Order”, acostumbrados a usar la doctrina como una lanza y que se molestan por la insistencia con la que Francisco habla sobre la misericordia y sobre los pobres, siguiendo los pasos de un carpintero de Nazaret.

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