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Migración forzada: huyendo con esperanza por una “Tierra Nueva”

Como bien dice el papa Francisco en la encíclica Laudato Sí: “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados” (LS 139). En ese sentido en El Salvador estamos viviendo una crisis nacional que afecta el tejido social y ambiental: la crisis hídrica; la crisis de violencia familiar, la delincuencia, el crimen organizado y la presión que ejerce el Estado, son factores que hacen también a la crisis de la migración forzada.

Con respecto a esta crisis migratoria, decía la hermana Carmela Grijalva, una Religiosa que se ha dedicado por más de 10 años a acompañar esta realidad de la migración, los deportados y la trata de personas:

“Me preocupa la migración irregular, es un riesgo para las personas que deciden hacerlo y sobre todo si son menores que parten solos, sin adultos en el grupo o familias con niños ya que pueden caer en manos de delincuentes o no lograr llegar. Pienso que la migración no es la solución aunque hay gente que logro lo que buscaba. Mientras que en nuestros países no haya posibilidades de una vida digna, la gente va a seguir saliendo con todos los riesgos.»

La población mas vulnerable en este contexto son las mujeres, niños-niñas y la comunidad LGBTTTIQ pero, a pesar de que existe una crisis humanitaria que afecta a la población que huye de la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica (TNC), las concesiones de asilo en Estados Unidos y México son pocas”.[1]

Desde la mirada humana y franciscana podemos decir que en estos países del TNC, un primer elemento preocupante es que no se reconoce la “migración forzada” como una crisis de país; es cierto que el Estado ha hecho espacios y estructuras institucionales, para el deportado (al que le llaman retornado, cuando ningún migrante quiere volver de esa manera: por eso son deportados). El Estado no se está abordando esta realidad dramática que afecta el tejido social, a las instituciones, la integridad familiar y la vida Sico-espiritual de los y las salvadoreñas.

Por lo tanto mientras no se vea a la migración forzada como una crisis social de la nación, este será un dato más, casi cultural. La esperanza del pueblo salvadoreño siempre es la última palabra, el mismo migrante sale con esperanza, valentía y un profundo amor a sus seres queridos, buscando vivir con dignidad.

René Arturo Flores, JPIC-OFM


[1] https://www.msf.mx/document/forzados-a-huir-del-triangulo-norte-de-centroamerica-una-crisis-humanitaria-olvidada

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Escrito por Redacción

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