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Mi alma canta la grandeza del Señor

Día 9 – Camino a la Navidad

Mi alma canta la grandeza del Señor…porque miro con bondad mi pequeñez, Me llamaran feliz…porque el Señor ha hecho obras grandes por mí

Muchas veces pienso que tenemos un impulso casi naturalizado tendiente a centrarnos en todo lo malo que nos pasa en la vida. Claro, no es algo ingenuo, en medio de enfermedades, injusticias, falta de trabajo, tantas cosas que nos pasan, es obvio que vayamos cayendo lentamente sin darnos cuenta en un estado de depresión y desesperanza que nos impide mirar hacia adelante, retomar nuestro camino y fortalecer nuestra esperanza. Si, lo entiendo, todos pasamos momentos difíciles, mas en este particular 2020. Pero contemplar a María en diálogo con Isabel, nos deja una clave para leer nuestra vida y sus acontecimientos, con esos ojos de contemplación que decíamos al comienzo de nuestras meditaciones, esos con los que Santa Clara de Asís sugería a su hermana Inés que mirase el misterio del amor expresado en Cristo.

Si pudiésemos detenernos un momento, parar la velocidad que nos confunde, y nos diéramos la posibilidad de sentarnos bajo la sombra de un árbol, o dejarnos abrazar por ese rincón especial de casa, o quizás a las orillas de un río o del mar, mirar como pasa el agua, reteniendo el paisaje en nuestras retinas, podríamos pensar que el mundo sigue girando. Si, el mundo sigue su curso a pesar de los problemas que embisten brutalmente nuestra vida cotidiana. Poder detenernos y mirar con esos ojos, nos da la posibilidad de dimensionar lo que nos sucede y darnos cuenta que quizás estamos caminando en círculos, sin rumbo ni horizonte, es decir, sin sentido.

Caminar en círculo nos da esa falsa sensación de estar avanzando, pero nos enfrenta a la certeza de saber que nuestros problemas nos persiguen eternamente, es esa sensación de estar caminando una y otra vez por el mismo lugar, perdidos, sin saber a donde ir.

Contemplar ese momento de charla familiar, cercana, intima, común entre María e Isabel, nos abre las puertas a un nuevo horizonte, nos da la posibilidad de mirar la cotidianeidad de una manera distinta, nos abre camino a una posibilidad; y cuando nos decimos a nosotros mismos que algo es posible, el engranaje que da vida a nuestra esperanza, comienza a moverse.

María no esperaba el anuncio del ángel, y aun después de aceptar lo anunciado de parte de Dios, sabía que tenía que enfrentar  una realidad difícil y dura por donde la miremos. Sin embargo, ella se hace posibilidad de Dios y es allí donde el milagro acontece.

Hacernos capaces de Dios es abrirnos a la posibilidad de un mundo distinto, es dejarnos habitar por él y entregarle el timón de nuestra vida dejándonos conducir por caminos nuevos, es decirle Sí, como María, a pesar de nuestros miedos y dificultades, pues en medio de la oscuridad ahora la luz de una estrella nos guía y nos orienta.

Por eso hoy la invitación es permitirnos mirar a estas dos mujeres con ojos de contemplación, pidiendo la gracia de hacernos posibilidad de Dios, aun en medio de las dificultades, para que todo nuestro interior salta de gozo al sentir que Cristo se acerca, como le pasó a Isabel y junto con María nuestra madre podamos decir al Padre de la misericordia un canto de alabanza, porque miró nuestra pequeñez, e hizo en nosotros grandes cosas. Paz y Bien.-

Javier Botto OFS

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Escrito por Redacción

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