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Meditación sobre San Pablo por Javier Guillen, ofs

Del Libro de Hechos de los apóstoles 20, 1-12:

 

Cuando se calmó el tumulto, Pablo mandó llamar a los discípulos, los animó, se despidió y emprendió el viaje hacia Macedonia.

Atravesó aquella región animando a los hermanos con muchos discursos, hasta que llegó a Grecia. Allí se detuvo tres meses y, cuando se disponía a embarcarse para Siria, se enteró de que los judíos habían hecho planes contra él, de modo que decidió volver por tierra atravesando Macedonia.

Lo acompañaron [hasta Asia] Sópatro, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo de Tesalónica; Gayo de Derbe y Timoteo; Tíquico y Trófimo de Asia. Éstos se adelantaron y nos esperaban en Tróade.

Pasada la semana de los Ázimos zarpamos nosotros de Filipos y a los cinco días los alcanzamos en Tróade, donde nos quedamos siete días.

Un domingo que nos reunimos para la fracción del pan, Pablo, que debía partir al día siguiente, se puso a hablar y prolongó el discurso hasta media noche. Había bastantes lámparas en el piso superior donde estábamos reunidos.

Un muchacho llamado Eutico, estaba sentado en el alfeizar de la ventana. Mientras Pablo hablaba y hablaba, le fue venciendo el sueño, hasta que vencido por completo, se cayó del tercer piso al suelo, donde lo recogieron muerto.

Pablo bajó, se echó sobre él, lo abrazó y dijo:

-No os asustéis que aún está vivo.

Después subió, partió el pan y comió. Estuvo conversando hasta la aurora y entonces se marchó. En cuanto al muchacho lo llevaron vivo y todos se sintieron muy consolados.

 

REFLEXION:

 

Querido hermano, querida hermana, Paz y Bien!

 

Ésta Palabra, viva y eficaz, nos regala muchas enseñanzas, nos puede transmitir muchas cosas; vamos a intentar sacar algunas de ellas, pues Bien vale la pena. Seguramente a unos les llamará la atención más unas cosas que otras, y les enseñará unas cosas y a otros otras, para crecimiento de todos, como bien pudimos ver ayer al reflexionar en comunidad esta Palabra.

 

Todo el texto está impregnado de una dulzura apostólica exquisita de San Pablo, de una entrega de todo su tiempo, de un cuidado amoroso por los hermanos de su alrededor; y cuando contemplamos esas actitudes en San Pablo, vemos cómo él no sólamente le entrega su tiempo a Dios, sino que le ha entregado su corazón, y gracias a esa entrega Dios ha podido convertirle su corazón a imagen del corazón de Dios, es decir, en un corazón de buen pastor, lleno del Amor de Dios. Si pensamos en el San Pablo rudo y duro, que perseguía a los cristianos antes de la caída del caballo, antes del Encuentro con el Señor, parece que fuera otra persona que el que nos encontramos en esta lectura, y realmente es la misma persona pero gracias a Dios con otro corazón. Por tanto, Dios nos está pidiendo que le entreguemos nuestros corazones, para Él poder obrar en nosotros, para que nuestros corazones sean más a «imagen y semejanza suya». Y en la oración, cuando oramos, movemos nuestros corazones hacia Dios, y por eso salimos renovados siempre, y llenos de las Bendiciones que necesitamos, porque Dios está trabajando en nosotros, porque hemos dado el pasito de entregar nuestro corazón en la oración. Pues la llamada que Dios nos hace a cada uno, igual que le hizo a los apóstoles, es una llamada a estar con Él y a ser enviados, las dos cosas, pues las dos son necesarias. La palabra apóstol significa «enviado», y todos, cada uno en su entorno y en la forma que Dios le pida, somos llamados a ser enviados a un mundo que tanta sed de Dios tiene, somos llamados a ser apóstoles del Amor y de la Paz de Dios. Y formamos una comunidad unida por el Espíritu de Dios, donde el Padre nos Ama, nos cuida, se sabe nuestra vida entera, está presente con paciencia y con Amor en toda nuestra historia; y esa misma comunidad que formamos también es una comunidad de enviados. Un día, me preguntaba un chico con toda la sencillez del mundo, que cuál comisión teníamos los que vamos humildemente predicando (con obras y palabras) la Buena Noticia de Dios; y ciertamente que no tenemos ninguna comisión como la podría entender el mundo, pero es que toda buena noticia, y más ésta gran Buena Noticia, al vivirla, intrínsecamente lleva consigo el que te nazca compartir algo Bueno a los demás; y es que esto no es sólo una noticia, sino que te llena del Amor de Dios, que te hace feliz y pleno y que te lleva también, como no podía ser de otra manera, a transmitirlo a los demás; pues el Amor de Dios no es egoísta sino lo contrario, por lo que no nos lo podemos quedar para nosotros mismo, pues entonces nos secaríamos, ya que no lo estaríamos viviendo; el Amor de Dios se multiplica en nosotros al vivirlo, y al vivirlo, necesariamente, lo compartimos! En cualquier examen de Lenguaje, aunque el profesor no nos aprobara con esta respuesta, podemos recordar que efectivamente el mejor antónimo para la palabra «egoísmo» es «Amor de Dios».

 

En esta Palabra, al contemplar el milagro de resurrección del joven caído, vemos también cómo Dios hace sus milagros para todos, para toda la comunidad. Es decir, el milagro que acabamos de leer no fue sólo para el joven que resucitó, sino para aumentar la fe de toda la comunidad presente allí y para afianzar con este signo y prodigio las palabras de predicación de Pablo; y no sólo para la comunidad presente allí, sino para cada uno de nosotros que gracias al Espíritu Santo vivimos la Palabra de Dios en nuestras vidas, se nos hace presente aquí y ahora. Nosotros también tenemos en nosotros mismos y en personas de nuestro alrededor, pequeños y grandes testimonios que nos regala Dios, para seguir en el Camino, en la Verdad y en la Vida. Cuántas veces no has entrado con la cabeza muy negativa o vuelta loca, a una oración y has salido con una Paz tan grande, y totalmente renovado y lleno de santa Alegría?! Ahí está Dios también levantándote de la caída que traías! Alomejor traías una caída espiritual, fruto de una dormidera espiritual (muy común hoy con el bombardeo de mensajes  que tenemos en los medios que nos llevan a anestesiar nuestro espíritu, pues nos llevan al egoísmo y a cosas que no son de Dios muchas veces), y esa caída espiritual que traías antes de la oración en la que Dios te resucita y te levanta, puede ser comparable a la caída del joven que se cayó de un tercer piso, o alomejor es una pequeña caída por el tropiezo con una piedra, o alomejor es una caída de un rascacielos; pero es el mismo Dios el que con todo su Amor nos levanta de cualquiera que sea la caída que traigamos, y también cura nuestras heridas; podemos decir que nos hace una criatura nueva! Y por eso es que salimos renovados de la oración! Y para no alargarme en exceso (con el riesgo de que alguien se caiga dormido de alguna ventana, jaja), decir sencillamente que Dios nos ha dejado armas para protegernos de esa anestecia espiritual en la que podemos caer, y esas armas son la oración, los sacramentos, la caridad, y en todas esas armas es el Espíritu Santo el que está presente y hace de nuestro Escudo y de mucho más, porque un escudo no convierte corazones y el Espíritu Sí! Y esa conversión del corazón es y tiene que ser siempre a Jesucristo, que es el que nos hace libre y por tanto hace que seamos más nosotros mismos y vivamos en plenitud. Piensa también que el que ama es el que ora, pero también que ese llenamiento de Amor se  produce en la oración, en ese Encuentro con el Amor de los Amores.

 

Es muy Bella la imagen de San Pablo, un caído de caballo, siendo instrumento de Dios para levantar al joven caído; es un caído levantando a otro caído; pero San Pablo, luego de la caída del caballo (y gracias a ella) se encontró con el Señor, como también se va a encontrar este joven tras su caída. Y eso es lo que es la comunidad, la Iglesia, como no se cansa tampoco de repetir nuestro papa Francisco comparándola con un hospital espiritual; la Iglesia somos una comunidad de caídos que hemos sido levantados por Dios! Un hermano de la comunidad de oración se preguntaba ayer si éste joven se habría vuelto a dormir en una prédica; la verdad es que es simpática la pregunta, pero también podemos sacar una enseñanza profunda. Probablemente no se durmiera en ninguna otra ocasión, pero sí que estoy seguro que la tentación de dormirse le volvería alguna vez, pues ése es el modo de actuar de nuestro Enemigo, que se va y vuelve; y es por lo que tenemos que estar vigilantes y recordando los Beneficios de nuestro Dios, las Bendiciones que ha derramado en nuestras vidas y en la de nuestros hermanos.

 

A otra hermana de la comunidad de oración le llamó la atención la rareza de los nombres, que se citan en la Palabra, de las personas que acompañaban a Pablo. Y a mí y a todos eso también nos dice cómo Dios nos llama a cada uno personalmente, seamos como seamos, por dificultoso o raro que sea nuestro pasado y presente, Él nos llama y no se cansa de llamarnos.

 

Es apasionante hablar de Dios y escuchar hablar de Dios, por eso a San Pablo se le pasaban las horas; como también es apasionante sobre nuestra Madre María, templo del Espíritu Santo; contemplándola a ella y a sus actitudes, tenemos un camino seguro para llegar a su Hijo, Jesucristo, el Amor de Dios hecho carne; tenemos un camino seguro para saber qué hacer en cada momento; y tenemos a una gran intercesora que es ella, que nos lleva de la mano y nos ampara todo el tiempo. Bajo el amparo de ella, encomiendo la vida y las situaciones de cada uno de ustedes: Reina de la Paz, ruega por nosotros.

 

Un fuerte y fraternal Abrazo en Jesús y María!

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Escrito por Redacción

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