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Mali; el amor de las monjas obreras en tiempos de Yihad

Caminan con el pueblo maliense y, a pesar de las amenazas fundamentalistas, ofrecen testimonio de Cristo en la cotidianidad, dedicándose particularmente a la promoción de la condición femenina. Tienen muchos proyectos, como un espacio para acoger a las chicas sin escolaridad

Acogen a todos, pero no ocultan su identidad cristiana: promueven iniciativas de apoyo social y se encuentran con las familias para la oración. Las monjas obreras de la Santa Casa de Nazaret en diciembre de 2013, siguiendo una explícita petición de la Iglesia local, decidieron abrir una misión en Mali. Su llegada, prevista para octubre de 2012, fue postergada por motivos de seguridad, porque la región era un escenario de enfrentamientos y violencia.

A las prioras sor Erminia y sor Sekunda (de Burundi) se sumaron desde hace un año, otras dos monjas burundesas que viven actualmente en Faladjé (a 750 kilómetros de distancia de la comunidad) para estudiar el bambara, la lengua más difundida en el país. «Confiamos —cuenta sor Erminia— en la ayuda del Señor, que nos ha enviado y nos asegura su presencia: ‘Estaré siempre con ustedes, no teman’».

La ex colonia francesa desde hace tiempo está en la mira de las fuerzas yihadistas «ya desperdigadas por todo el país y, nos dicen, imprevisibles. Nuestra ciudad de Sevaré, cerca de Mopti, vive tranquila gracias al gran despliegue de fuerzas militares especiales, malienses y de la ONU. Pero esto no quita que de tanto en tanto haya pequeños ataques o focos. Pero no nos impiden desempeñar (con prudencia) nuestras actividades cotidianas. La comunidad maliense necesita recorrer un camino de justicia, de reconciliación y de paz, crecer en la confianza recíproca, comprometerse para salir de la pobreza sin esperar solamente ayuda del exterior, sino explotando los inmensos recursos de humanidad que posee».

El último episodio sangriento perpetrado en Sevaré, lugar estratégico por su aeropuerto, fue en agosto de 2015 en un hotel, como sucedió también recientemente en la capital Bamako. «Antes del ataque —continúa sor Erminia— nos reuníamos dos tardes a la semana con las familias cristianas para la oración; ahora nos pidieron que acompañáramos solo a las familias de nuestro barrio; estamos bastante protegidas y vigiladas en nuestros movimientos y en las celebraciones dominicales». Como sea, fueron muy bien recibidas «tanto por la población cristiana como por los hermanos musulmanes que nos respetan mucho». Fueron «adoptadas». Hay un dicho popular que dice: «Dejaste tu casa y llegaste a tu casa»; por ello la visita a las familias es considerada como una bendición.

Las monjas obreras, que nacieron del carisma de Sant’Arcangelo Tadini, ofrecen testimonio, con una vida de fraternidad, caridad y acogida, del amor de Dios por cada hombre. Tratan de promover la condición femenina y en particular se dedican a las chicas más necesitadas. «Abrimos nuestra casa al grupo de mujeres cristianas de nuestra Comunidad eclesial de base primero para la oración y luego para pequeñas actividades, como la fábrica del jabón, jardinería y el microcrédito. Después, nos comprometimos con ellas a visitar a las familias musulmanas del barrio y ahora estamos comenzando con un pequeño grupo la alfabetización y la cursos de costura a las chicas (de 10 a 18 años) sin escolaridad».

Estas últimas dejan las aldeas para irse a la ciudad, en donde encuentran empleo trabajando para las familias acomodadas: «trabajan entre 12 y 14 horas al día, difícilmente tienen días libres y reciben una paga miserable; nunca han ido a la escuela o la abandonaron durante los primeros años. Cada sábado por la tarde las recibimos en nuestra casa para algunos momentos de fraternidad y descanso. Están muy contentas de que alguien se interese por sus vidas. Y hoy estamos planeando para ellas un espacio más grande, más acogedor y que pueda ofrecer formación, pasatiempos y, por qué no, también una vivienda».

Los corazones de las monjas obreras están llenos de muchas iniciativas, pero «no siempre es fácil encontrar modalidades concretas para ponerlas en práctica; simplemente hemos elegido crecer con ellas, ver y estudiar juntas lo que la población necesita principalmente».

Via VI

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Escrito por Redacción

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