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Los retos de la Orden Franciscana Seglar hoy en Europa

Redaccion PyB

Durante el primer Congreso Europeo de la Orden Franciscana Seglar y de la Juventud Franciscana que tuvo lugar en Lisieux
(Francia) del 9 al 15 de julio, 2012, el hermano Tibor Kauser, OFS, Consejero de Presidencia del CIOFS para los países de lengua inglesa, dirigio estas palabras sobre los retos que afronta la OFS en el viejo continente. Las compartimos con todos vosotros.

Europa – un continente con 50 países o estados soberanos, con un territorio de 10,2 M km2, con una población de 740 millones de personas que hablan más de 100 idiomas y utilizan al menos tres alfabetos. Estamos viviendo en un continente maravilloso, multilingüe y multicultural que es casi el más pequeño en territorio, pero que muestra la mayor diversidad. Su principal religión es el cristianismo y una gran mayoría de los cristianos, el 76%, se consideran a sí mismos católicos.

Buenos días, mis queridos hermanos y hermanas de las diversas naciones de toda Europa, reunidos en este significativo primer Congreso de la Orden Franciscana Seglar y la Jufra. Estoy muy contento de tener esta oportunidad de verlos y conocerlos, de conocernos mutuamente, de intercambiar ideas, de alegrarnos y experimentar nuestra fraternidad franciscana. Es un privilegio para mí tener la oportunidad de dirigirme a ustedes en este día especial de la fiesta de San Benito, patrono de Europa.

«… [L]a época que estamos viviendo, con sus propios retos, resulta en cierto modo desconcertante. Tantos hombres y mujeres parecen desorientados, inseguros, sin esperanza, y muchos cristianos están sumidos en este estado de ánimo. Hay numerosos signos preocupantes que, al principio del tercer milenio, perturban el horizonte del Continente europeo que, « aun teniendo cuantiosos signos de fe y testimonio, y en un clima de convivencia indudablemente más libre y más unida, siente todo el desgaste que la historia, antigua y reciente, ha producido en las fibras más profundas de sus pueblos, engendrando a menudo desilusión ». (Papa Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 7.)

Este es el comienzo de la exhortación de JPII. Europa está en crisis. Hoy en día se dice que hay una crisis económica y financiera profunda, grave. Yo no soy un experto en este campo, por lo que no puedo negar eso, sin embargo, creo que se trata más bien de una crisis espiritual y moral. El Papa Juan Pablo II dijo que Europa es una zona misionera. Y como todas las crisis, esta es una oportunidad para descubrir cómo continuar, cómo cambiar las cosas; es también un reto. Si pensamos que las cosas van bien, no sentimos la necesidad de cambiar, no sentimos la necesidad de la conversión. La más profunda tentación es quedarse dormido y no hacer nada, ni buscar la voluntad de Dios. Por lo tanto, esto es no sólo un tiempo de dificultades, no sólo un tiempo de momentos oscuros, sino también el tiempo de la esperanza, el tiempo de futuro. Desafío significa que estamos mirando hacia el futuro. No nos damos por vencidos. Estamos buscando soluciones. La crisis es una bendición, es un don el escuchar la llamada de Dios: “vengan a reconstruir…”

Si las cosas estuvieran bien en el campo de la espiritualidad y la moralidad, estoy seguro de que no habría crisis económicas. Esto también nos muestra la manera cómo empezar. «¡Francisco, ve! Repara mi casa, que, como ves, se está quedando completamente en ruinas.» Cuando la casa está en ruinas, no debemos comenzar con la reparación del techo, sino con el sótano, luego las partes estructurales, y tenemos que aceptar que estas partes no son my visibles. Además, si hacemos bien nuestro trabajo, quedarán ocultas al final. Pero tenemos que repararlas, de lo contrario todo el edificio se viene abajo, aunque parezca muy atractivo. Yo soy arquitecto, por lo que este ejemplo no es realmente lejano a mi realidad. Esta es una crisis de valores, una crisis de prioridades. Tenemos que hacer penitencia y ver cuáles son nuestros valores, cuáles son nuestras prioridades. También tenemos que mirar alrededor y ver a dónde va el mundo, descubrir día a día dónde vivimos; a dónde nos pide Dos que vayamos, que nos está pidiendo Dios que hagamos, cómo es Europa hoy. ¿Cuáles son los aspectos y los desafíos más importantes para nosotros, franciscanos seglares?

Raíces cristianas de Europa

La verdad no depende de que sea anunciada. Muchos creen que la verdad es lo que se anuncia cada vez más fuerte, lo que se proclama más visiblemente. Dios no necesita de esto, su verdad es profunda e independiente. Europa tiene raíces cristianas, esto es un hecho que no depende de que sea anunciado o no, aceptado por los políticos o no. Es muy importante ser consciente de ello, no para Dios – él lo sabe muy bien – sino fundamentalmente para nosotros.

Unidad y diversidad

Uno de los grandes retos de Europa es conjugar armoniosamente la diversidad y el deseo de unidad. Hay más de 100 idiomas diferentes, más de 50 culturas diferentes. Uno de los lazos más fuertes que unen a estas naciones, culturas y lenguas, es el cristianismo. Tenemos muchas cosas en común, tenemos raíces cristianas comunes, y muchos aspectos de nuestras culturas son comunes. Tenemos que reforzar este sentimiento común de pertenencia. Sin embargo, esta época es una época individualista. Se dice que las personas físicas son el ideal, que son independientes, que no tienen ataduras. Es una virtud no tener ataduras, ni a la sociedad ni a la comunidad local, ni a una fraternidad ni a los miembros de la familia que ofrecen vivir juntos como una familia, ni a otra persona por el sacramento del matrimonio, ni a Dios mismo. Pero perder los lazos lleva a perder la esperanza. “A la raíz de la pérdida de esperanza está el intento de promover una visión del hombre separado de Dios y de Cristo”. (Papa Juan Pablo II., Ecclesia in Europa, 9.)

Este total malentendido de la libertad ha llevado a la situación actual del hombre. Además, dado que «ningún hombre es una isla» (Thomas Merton), el hombre ha sido creado para vivir en relación, tener lazos, esto es algo que no se puede pisotear, y por lo tanto a pesar de la dependencia de Dios hay nuevos lazos: el hombre independiente depende de pasiones, de bienes materiales, de dinero, se convirtió en adicto. En lo que a mí respecta, sólo conozco una respuesta a este desafío: restaurar la comunión con Dios en sus diversas formas visibles, es decir, en el sacramento del matrimonio, la familia cristiana, la vida fraterna, la pertenencia a la Iglesia, la pertenencia a Dios en la conversión personal – todas las formas de comunión. Tenemos que vivir una verdadera vida fraterna en nuestras Fraternidades, hacer experiencia de la vida fraterna, de la unión recíprocamente vivificante. Esta es una oportunidad para dar testimonio de que recurrir a los demás, buscar comunidad y vivir una vida fraterna es la solución al problema de la fragmentación de la sociedad, para las víctimas solitarias de la era del individualismo. Es particularmente importante, ahora que enfrentamos al problema del envejecimiento de la Orden, ofrecer la experiencia de la comunidad, del espíritu fraterno. El hombre de nuestro tiempo está sufriendo por la independencia, por la falta de relaciones humanas, así que vamos a ofrecerle nuestra experiencia de fraternidad.

En toda Europa la crisis ha sido noticia de primera plana durante mucho tiempo, pero tenemos que ver que las cuestiones financieras hacen que la diversidad sea mal entendida. En Europa tenemos un tesoro, esta gran variedad de naciones, pero también podemos ver que esta variedad es muy mal entendida. Hay rivalidad en vez de colaboración y complementariedad. Las diferencias son puestas al frente mientras las similitudes son puestas atrás, las raíces y los valores comunes se dejan de lado. El norte está contra el sur, el oeste contra el este. Los posibles socios se hacen enemigos entre sí. Hay contradicciones profundas bajo el velo de las sonrisas superficiales. Ciertamente hay algunos desafíos particulares que nuestra Orden enfrenta, junto a los bellos ejemplos alentadores de Fraternidades jóvenes y vivas de la OFS y de la Jufra en algunos países. Al igual que toda la Iglesia Católica en Europa, también nuestra Orden está disminuyendo en número, particularmente en ciertos países. No debemos descuidar el problema del envejecimiento ya que muchas Fraternidades tienen la experiencia de no ser nada atractivas a los demás, especialmente a los jóvenes. Puesto que las Primeras Órdenes están luchando con el mismo problema, la cuestión de la asistencia espiritual es un reto cada vez más importante. Por lo tanto, vamos a ver lo que nosotros, los franciscanos seglares, podemos y debemos hacer. Hay muchas fuentes a las que podríamos recurrir, pero creo que nuestra Regla es la mejor para nosotros. Y cuando digo «nosotros», me refiero a todos nosotros individualmente, y también a nuestras Fraternidades, como signos vivos de la espiritualidad franciscana en el mundo. Tengamos en cuenta que tenemos que dar testimonio, tenemos que responder a los desafíos de nuestro tiempo, tanto individualmente como en nuestras Fraternidades. Ninguno de estos aspectos debe faltar.

Todos aquellos que aman al Señor con todo el corazón, con toda el alma y la mente y con todas sus fuerzas, y aman a sus prójimos como a sí mismos, y aborrecen sus cuerpos con sus vicios y pecados, y reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y hacen frutos dignos de penitencia: ¡oh, cuán dichosos y benditos son aquellos y aquellas…! (Exhortación de San Francisco a los Hermanos y Hermanas de la Penitencia)

Este es el comienzo. Amen al Señor, vuélvanse al Creador en lugar de volverse sólo a las creaturas, vuélvanse unos a otros en lugar de volverse hacia adentro, y hagan penitencia, buscando una conversión permanente. Esta debería ser la base espiritual de todas nuestras acciones y sin ella no hay nada que podamos hacer. La renovación de la casa tiene que empezar con los cimientos, como he dicho antes.

Sepultados y resucitados con Cristo en el Bautismo, que los hace miembros vivos de la Iglesia, y a ella más estrechamente vinculados por la Profesión, háganse testigo e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra. Inspirados en San Francisco y con él llamados a reconstruir la Iglesia, empéñense en vivir en plena comunión con el Papa, los obispos y los sacerdotes, en abierto y confiado diálogo de creatividad apostólica. (Regla 6)

Ahora que la Iglesia es cada vez menos respetada en Europa, el artículo 6 de la Regla tiene una importancia particular. ¡Esto nos corresponde! Tenemos que demostrar que somos miembros de la Iglesia. No sólo para demostrar que somos miembros de una gran organización, que tiene miles de millones de miembros y está dispersa por toda Europa y en todo el mundo, sino sobre todo porque es el cuerpo de Cristo. Confesar que pertenecemos a la Iglesia significa confesar

nuestra pertenencia a Cristo. Como organización está muy lejos de ser perfecta, de lo contrario no habría habido ninguna necesidad de la vocación de Francisco: Ve, y repara mi Iglesia. Nuestro testimonio es esencial. Nuestro espíritu fraterno y nuestra humilde participación en la sociedad tienen que demostrar que la Iglesia no es ofensiva, lo que se dice a menudo como una acusación. Tenemos que fortalecer a la Iglesia. La Orden Franciscana Seglar, no puede existir sin o fuera de la Iglesia. Cuando amamos a nuestra Orden, amamos a la Iglesia. Cuando nos preocupamos por el futuro de la Orden, nos preocupamos por el futuro de la Iglesia. Cuando construimos nuestras Fraternidades, construimos la Iglesia. Tenemos que estar insertados en las diversas comunidades eclesiales – parroquias, diócesis – de lo contrario nuestras Fraternidades no tienen ningún futuro.

Como Jesucristo fue el verdadero adorador del Padre, del mismo modo los Franciscanos seglares hagan del la oración y de la contemplación el alma del propio ser y del propio obrar. Participen de la vida sacramental de la Iglesia, especialmente de la Eucaristía, y asóciense a la oración litúrgica en alguna de las formas propuestas por la misma Iglesia, revivan así los misterios de la vida de Cristo (Regla 8.). En este camino de renovación, el Sacramento de la Reconciliación es signo privilegiado de la misericordia del Padre, y fuente de gracia (Regla 7).

La participación en la vida sacramental de la Iglesia es mucho más que un comportamiento piadoso, más aun, va más allá de los aspectos espirituales. La participación en la vida sacramental significa participar en la sociedad, llevando una vida seglar que tiene una base sacramental profunda, la cual tiene un impacto en nuestros actos, actitudes y respuestas a los desafíos de nuestro tiempo. El bautismo nos permite la primera reflexión sobre la cuestión de la defensa de la vida. Nuestra adopción como hijos de Dios es la decisión fundamental de Dios por el hombre. Es la expresión del “sí” de Dios a la vida. Nuestra respuesta es nuestro ‘sí’ a la primera llamada de Dios en lugar de decir ‘no’ al don de la vida. Tenemos que promover la aceptación del don de Dios en lugar del rechazo. En la Eucaristía, experimentamos la PRESENCIA real de Jesucristo, y esta presencia nos da la fuerza para estar en el mundo, que niega esa existencia. Toda nuestra vida tiene que irradiar la alegría de Cristo. Miren qué tristes son los que viven sin Dios. La Eucaristía es el sacramento de la comunión. Ninguna comunidad puede existir sin la PRESENCIA real del Señor. En el sacramento de la reconciliación podemos dar testimonio del amor misericordioso de Dios; cuando Dios perdona nuestros pecados en el ámbito sacramental, esto ha de inspirarnos a reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás. Estos tres aspectos van de la mano: reconciliarme con Dios, conmigo mismo y con el prójimo. Sin los dos primeros no podemos traer paz a la sociedad, que es un aspecto de nuestra vocación: ser portadores de paz. El testimonio franciscano en situaciones de oposición es convencer más que ganar, como lo hace Dios con nosotros.

Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense…” (Gen 1, 27-28) ¿Vemos que la imagen de Dios es una pareja, una comunidad, una familia? Se considera como muy contemporáneo no casarse, ser soltero, vivir juntos sin contraer matrimonio, pero esta tergiversación de la independencia genera gente solitaria, aun cuando vivan una vida social muy activa. El sello del matrimonio parece ser hoy en día un tesoro escondido, pero es sólo Dios quien puede resolver los problemas de este tipo. Vamos a redescubrir una y otra vez que Dios es el primer ejemplo de comunidad, de las relaciones familiares. La unción de los enfermos es el signo sacramental de la vida, la expresión del amor de Dios en su PRESENCIA real, erguida en el lado opuesto a la eutanasia que minusvalora críticamente la vida de los enfermos y ancianos. Al dar testimonio de esta vida sacramental ofrecemos nuestra respuesta franciscana a estos desafíos.

Este enfoque de los franciscanos seglares a la vida sacramental es mucho más que celebrar los sacramentos dentro de la Iglesia (edificio), es una parte de nuestro camino vocacional, a fin de que el poder que Dios proporciona a través de los sacramentos sea una realidad también en el mundo al ofrecernos a nosotros mismos como instrumentos del Señor. Asociándose a la obediencia redentora de Jesús, que sometió su voluntad a la del Padre, cumplan fielmente las obligaciones propias de la condición de cada uno, en las diversas circunstancias de la vida*), y sigan a Cristo, pobre y crucificado, confesándolo aun en las dificultades y persecuciones (Regla 10). Consideren el trabajo como don de Dios y como participación en la creación, redención y servicio de la comunidad humana (Regla 16).

Los políticos enfrentan actualmente el desafío del equilibrio económico. La economía se rige por los mercados financieros y las áreas realmente lucrativas están muy lejos del trabajo manual honesto y decente y de esos campos que producen mediante el trabajo pesado y laborioso. Nosotros, franciscanos seglares, nunca nos esforzamos por llegar a las clases altas de la sociedad. Mientras que algunos valores son virtuales –el dinero es virtual en el mundo–, Dios es muy concreto. Tenemos que respetar el valor del trabajo honesto y hacer todo lo posible por ver «el fruto del trabajo». Estén presentes con el testimonio de su vida humana y también con iniciativas eficaces, tanto individuales como comunitarias, en la promoción de la justicia, particularmente en el ámbito de la vida pública; empéñense en opciones concretas y coherentes con su fe (Regla 15).

Esto está en estrecha conexión con la cuestión de la justicia social, ya sea dentro de cada país como también entre los diferentes países. ¿Quién es rico y quién es pobre? ¿Quiénes son nuestros amigos? Y al citar lo que la Regla dice de las dificultades, tenemos que dejar de pensar sólo de las necesidades personales, las dificultades personales, las persecuciones personales. Siempre tenemos que estar del lado de los marginados, de las minorías, de los grupos con dificultades graves – los que han perdido sus empleos, sus hogares, sus familias, su dinero, su esperanza, su fe, y, finalmente, su conciencia de ser capaces de amar y de ser amados. Tenemos que ver tanto a los individuos como a los grupos enteros, aceptando que cada uno de nosotros tiene una capacidad diferente y una misión personal. Hay un amplio horizonte abierto ante nosotros. La sociedad está sufriendo el impacto ecológico y ambiental, la contaminación, la exportación de basura contaminada y de tecnologías subdesarrolladas, de oeste a este, la contaminación de los mares, etc. Ya hemos visto ejemplos maravillosos en nuestra Orden de cómo hacer frente a estos desafíos y cuidar de la creación.Laaltatecnologíaesmuyalta.Haylatentacióndepensarquesabemosdemasiado, que somos Dios, que ya no necesitamos ningún dios. Nos separamos muy fácilmente de Dios. Además, esta alta tecnología excluye a una gran cantidad de personas de la sociedad. No eres nadie si no tienes una dirección de correo electrónico, una cuenta bancaria, un teléfono celular, una tarjeta de crédito o los nuevos widgets. Esto afecta a las generaciones, especialmente a las más débiles: los más jóvenes y los ancianos, y a los que no tienen recursos económicos. Exactamente a quienes tenemos que acompañar. Vamos a explicarles que Dios no nos pide un «me gusta» en Facebook y vamos a apoyarlos, también con el ejemplo personal. La vida cívica es un privilegio para nosotros. Tenemos que vivir con las oportunidades de las sociedades democráticas (cuando y donde las haya). La ciudadanía activa es una obligación. Tenemos que promover la paz y la justicia, tenemos que ser activos en la vida cívica, en la vida pública de la sociedad.

Ser – actuar

Tengo que hablar de un problema más fundamental. Hoy en día el actuar precede a la existencia, al «ser». Este es el momento de la devaluación del ser, del dominio del actuar. Sólo los que son activos son valiosos para la sociedad, los que son productivos. Cuanto más produces, cuanto más actúas, más serás respetado. Hay que restablecer el valor del ser. Dios es ser. «Yo soy el que soy». La autodeterminación de Dios no incluye ninguna referencia a sus actos, a su poder creativo. Él es la existencia, esto es lo que considera más importante de lo que tiene que decirnos de sí mismo, a pesar de que no hay nadie más activo que él. Tenemos que redescubrir el valor de esas criaturas de Dios que son improductivas: los bebés, los ancianos, los enfermos, los minusválidos. No son valiosas debido a algún sentido piadoso «cristiano» o humano del amor. Son valiosas porque son la imagen de Dios, como todos los demás. En esencia, no son menos que nadie. El valor de las criaturas – vivas o de otro tipo – no está basado en su conveniencia, a su utilidad. Si no fuera así, ¿qué sería de las artes, de la naturaleza, de los hermosos lugares? Recordemos la actitud de San Francisco ¡y sigamos su ejemplo! Sientan, además, respeto por las otras criaturas, animadas e inanimadas, que «son portadores de la significación del Altísimo» y procuren con ahínco superar la tentación de explotación, con el concepto franciscano de la fraternidad universal (Regla 18). Esta actitud es también una expresión de la naturaleza contemplativa de nuestra vocación. Como Jesucristo fue el verdadero adorador del Padre, del mismo modo los Franciscanos seglares hagan del la oración y de la contemplación el alma del propio ser y del propio obrar. (Artículo 8). ¿Vivir una vida contemplativa en el estado seglar de vida? Sí, no sólo es posible, sino que se recomienda. Es un verdadero reto – también aquí, en Europa, en un continente de desarrollo material y técnico – descubrir el valor de «ser» y admirar el poder creador de Dios, que ha creado a todos y todo a nuestro alrededor. Una manera de vivir una vida contemplativa es separarse del mundo en una total dedicación a la oración enfocando en Dios no sólo los ojos espirituales, sino también los ojos del cuerpo. Hay otra manera, abierta para nosotros seglares: contemplar a Dios en todas sus criaturas y alabarlo por todos y todo lo que nos encontramos en el mundo, dedicándonos a vivir en nuestro estado de vida seglar, en familia, en nuestro trabajo profesional diario, encontrando nuestra labor misionera en la familia, en el trabajo, en la comunidad eclesial. Así es como nosotros, los franciscanos seglares, podemos unirnos a Francisco en su deseo de estar siempre con el Señor, quien por su parte fue al mundo en obediencia y por el bien de los demás. (Florecillas XVI).

Como portadores de paz y conscientes de que la paz ha de construirse incesantemente, indaguen los caminos de la unidad y del entendimiento fraterno mediante el diálogo, confiando en la presencia del germen divino, que hay en el hombre y en la fuerza transformadora del amor y del perdón. Mensajeros de la perfecta alegría, esfuércense permanentemente en llevar a los demás el gozo y la esperanza (Regla 19). Tenemos que cobrar fuerza de la gracia del Señor y del ejemplo de los franciscanos seglares que han dado testimonio del espíritu franciscano en el mundo, desde Santa Isabel, el rey San Louis, pasando por Ángela de Foligno y otros, hasta los franciscanos seglares de nuestro tiempo, como László Batthyány-Strattmann, Konrad Adenauer o Franz Jägerstetter. Pertenecemos a una Orden. Orden significa que lo primero va primero, lo que es último va al último. Las cosas tienen su lugar. Tenemos una cierta prioridad, la casa se construye en la manera correcta, sobre una roca. Pertenecer a una Orden es una gracia. Tenemos que estar agradecidos.

Ser franciscanos seglares es una vocación, una forma de vida, donde podemos reconocer y ser conscientes de los valores, tenemos nuestras prioridades. Esta es nuestra oportunidad para hacer frente a los retos de la Europa de hoy. A menudo pensamos que somos débiles, viejos y pocos: ¿cómo podemos aguantar? Pero no olvidemos que no estamos solos. A pesar de que nuestra arca parece ser muy frágil, estamos aquí, en la Iglesia y en la OFS. Tenemos nuestro Maestro y Señor que nos invita: ¡Vayan mar adentro! DUC IN ALTUM!

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Escrito por Redacción

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