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Los primeros franciscanos en México

Via Yoinfluyo

Según lo dispone el santoral católico, el 4 de octubre se festeja a san Francisco de Asís, aquel humilde personaje que, bajo el amoroso lema de “paz y bien” fundó una orden religiosa que no solamente apoyó a la Iglesia en un momento crucial de su historia sino que jugó un papel fundamental en la evangelización del Nuevo Mundo.
Vale la pena, a vuelo de pájaro, echar un vistazo a la gran obra realizada por los frailes franciscanos aquí en México.

Empezaremos diciendo que con ellos se inició de modo sistemático la evangelización de estos pueblos ya que fueron los primeros que llegaron como misioneros a estas tierras.

Era el 13 de mayo de 1524 cuando, bajo las órdenes de fray Martín de Valencia, un grupo de doce franciscanos desembarcaba en san Juan de Ulúa. Muy pronto se extenderían por todo el país dando frutos de cultura y santidad.

Brillan como grandes historiadores los franciscanos fray Bernardino de Sahagún y fray Toribio de Benavente a quienes mucho les deben quienes se interesan por el pasado prehispánico. Como gran educador tenemos al franciscano Pedro de Gante quien fundó las primeras escuelas para niños indígenas. A pesar de ser pariente lejano del emperador Carlos V, en vez de ocupar un puesto destacado en España, prefirió traer la fe a tierras de México.

Franciscano fue fray Antonio de Segovia quien, portando una imagen de la Virgen María, logró apaciguar una rebelión indígena en tierras de Jalisco. Esa imagen es hoy venerada como Nuestra Señora de Zapopan en una basílica que está junto a un convento que, en la periferia de Guadalajara, atienden los franciscanos.

Franciscano fue el beato Sebastián de Aparicio, hombre que trajo la civilización por medio de la carreta, que fue el fundador de la charrería y que construyó el camino que unía el puerto de Veracruz con la ciudad de México. Su cuerpo se conserva incorrupto en el templo de san Francisco de Puebla.

Franciscano fue el gran misionero Antonio Margil de Jesús quien recorrió medio mundo predicando el evangelio, encontrándose en lugares tan distantes como Texas o Nicaragua. En el convento de la Santa Cruz de Querétaro se encuentra un extraño árbol que produce espinas en forma de cruces y que, según una piadosa tradición, brotó del bastón que allí había debajo tan santo varón.

Otro fraile que vistió el sayal franciscano fue Junípero Serra, el gran civilizador de la Alta California, quien, al fundar más de 20 misiones, no solamente evangelizó sino que incluso mexicanizó tan lejanos territorios. A él se debe la fundación de la ciudad de San Francisco. Fue beatificado por Juan Pablo II en septiembre de 1988.

Fruto de los afanes evangelizadores de los franciscanos fueron conventos como el de san Francisco de la Ciudad de  México, en su tiempo el más grande de toda Hispanoamérica y del cual únicamente se conservan el templo y un pequeño claustro que hoy ocupa una secta protestante.

Por los rumbos del sur de la ciudad de México, tenemos el maravilloso templo de san Juan Bautista en Coyoacán que atienden actualmente frailes franciscanos. Toda una obra de arte en donde vemos pinturas que muestran la vida de san Francisco así como la presencia franciscana en México.

Mucho se podría hablar de la gran obra realizada por los franciscanos en nuestra patria. Una orden religiosa sumamente popular porque ha sabido ganarse el cariño de los sectores más humildes de la población. A ellos se deben tradiciones netamente mexicanas como son las piñatas o la bendición de los animales.

Todos ellos, dignos hijos del Santo de Asís que le cantaba al Hermano Sol, a la Hermana Luna y que –con ejemplar ternura- supo amansar al terrible lobo de Gubbio que había asolado poblaciones enteras. Vale la pena leer el poema “Los motivos del lobo” en el cual Rubén Darío recrea con sonoros versos tan impresionante prodigio.

Así como san Francisco, con una ternura que brota del amor, supo amansar a la fiera, de igual manera sus franciscanos en México supieron rescatar de la barbarie a infinidad de pueblos que con ansia esperaban la luz de la Verdad.

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Escrito por Redacción

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