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Los islamistas desafían al gobierno por el caso de Asia Bibi

Grupos radicales como Sunni Tehreek se manifiestan pidiendo la ejecución inmediata de la mujer cristiana acusada de blasfemia. El gobierno, debilitado, archiva el proyecto para modificar la «ley negra»

Ajustícienla inmediatamente. Los grupos islamistas radicales de Paquistán vuelven a la carga y piden la ejecución de Asia Bibi, sin preocuparse por el estado de derecho ni por el proceso judicial en curso, en el que la mujer cristiana, que se encuentra encarcelada desde hace siete años, todavía está acusada ante la Suprema Corte, en el tercer grado del juicio.

El supremo órgano judicial debe decidir si confirmará la pena capital para Asia o si la liberará, declarando su inocencia. Y esta es una eventualidad que significaría el exilio inmediato para la mujer y para su familia, pues corren el peligro de caer en la ejecución extrajudicial (hay una recompensa por su cabeza) a la que algunos imanes llaman abiertamente.

El grupo islámico extremista Sunni Tehreek, que sigue la escuela de pensamiento musulmana «barelví», soltó por las calles de las principales ciudades paquistaníes a sus seguidores y simpatizantes, quienes desde el pasado 15 de abril han pedido nuevamente la muerte de Asia Bibi. El grupo lanzó el enésimo «mensaje en código» al gobierno, advirtiéndole que no modifique la polémica ley sobre la blasfemia.

Una nota oficial de Sunni Tehreek acusó al ejecutivo de Nawaz Sharif de querer eliminar gradualmente la «sharía» de la legislación nacional, «preparando el camino para la transformación de Paquistán en un estado laico y liberal». Y anunció: «No permitiremos que una blasfema quede en libertad».

Hay que recordar que hubo algunas manifestaciones con las mismas modalidades, tonos y contenidos a finales de marzo de este año, después de la ejecución de Mumtaz Qadri, condenado a muerte y ajusticiado a principios de marzo por haber matado en 2011 al gobernador de Punjab, Salman Taseer. Tasar, político musulmán, se convirtió en un blanco porque (convencido del uso erróneo de la ley de la blasfemia, normalmente esgrimida para resolver contiendas personales) criticó la «ley negra» y osó defender justamente a Asia Bibi, a quien visitó en la cárcel, proclamando su inocencia.

Hace tres semanas, alrededor de mil manifestantes lograron incluso penetrar en la «zona roja» de Islamabad, una zona defendida por un cordón militar en la que se encuentran los edificios gubernamentales. Hicieron un plantón de cuatro días frente al Parlamento, esgrimiendo amenazas y tonos violentos, en una atmósfera de tensión y de fuertes presiones.

Las protestas concluyeron después de que los manifestantes obtuvieran del gobierno una declaración por escrito en la que el ejecutivo acogía parte de sus peticiones, comprometiéndose a no modificar la ley sobre la blasfemia y a no hacer concesiones a los condenados por la misma.

Ahora los radicales presionan más y desafían al gobierno, aprovechándose del momento de debilidad política de su líder. Navas Sharif, de hecho, se ha visto involucrado en los últimos días en el escándalo de los «Papeles de Panamá», los documentos filtrados que publicaron diferentes periódicos de todo el mundo en los que se demuestra la existencia de muchas cuentas «offshore» de personalidades políticas de muchas naciones. También el nombre de la familia Sharif aparece en ellos: se trata de tres hijos del actual primer ministro en funciones.

El líder de la oposición paquistaní, Imran Khan, prometió dirigir una protesta frente a la residencia del primer ministro en la ciudad de Lahore, para pedir su renuncia. Sharif trata de defenderse anunciando la formación de una comisión judicial independiente, pero también ha habido protestas frente a esta propuesta y el ejecutivo está pasando por una fase muy delicada.

En este marco, el Ministro del interior, Chaudhry Nisar Alí Khan, anunció una medida que prohíbe todas las manifestaciones públicas an la capital Islamabad, con la intención de frenar la oleada de protestas de los grupos extremistas que penetraron en el «territorio sacro» de las instituciones democráticas.

La reciente actitud de un grupo como Sunni Tehreek representa en la actualidad un desafío abierto al gobierno. Entre los efectos de una fragilidad institucional, agudizada por el escándalo de los «Papeles de Panamá», ahora se podrían archivar las posibles modificaciones a la ley sobre la blasfemia; esas mismas que hace solo algunos meses parecían posibles, cuando no inminentes.

Los cristianos también temen efectos nefastos para Asia Bibi, que permanece encerrada en la celda de aislamiento de la cárcel de Multán. Las medidas de seguridad para defenderla han sido reforzadas después de que algunos informes de inteligencia indicaran que algunos grupos islamistas estaban tratando de asesinarla dentro de la cárcel, como venganza por la ejecución de Qadri.

No hay tregua para la mujer cristiana, ni siquiera dentro de su celda. En un marco de elevada tensión, el equipo de sus abogados no ve con esperanzas una nueva audiencia a corto plazo ante la Suprema Corte. Sería mejor esperar a que se calmen un poco las aguas. Seguir esperando Asia espera justicia desde hace ya siete años, con la paciencia y la oración de una mujer de fe.

Via VI

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Escrito por Redacción

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