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Los franciscanos en la Expo de Milán: ¿donde están los pobres?

Es cierto que Caritas Internationalis participó activamente. Es cierto que el Papa Francisco ha enviado un mensaje y la Santa Sede está presente con un pabellón. Es cierto que las buenas intenciones estaban allí, tratando temas relevantes como la nutrición y la seguridad alimentaria. Pero el gran evento del 2015, la Expo de Milán, en la perspectiva de los franciscanos italianos, parece haberse olvidado de los que podrían y deberían ser los protagonistas: los pobres.

Una delegación de franciscanos italianos visitó en los últimos días la Expo de Milán 2015, que lleva por lema «Alimentar el planeta, energía para la vida», y organizaron un seminario de reflexión y preparación, que contó con la contribución de Ugo Sartorio, jefe del sector internacional «Justicia y Paz» de los Frailes Menores Conventuales, y Paolo Martinelli, un fraile capuchino nombrado recientemente, obispo auxiliar de Milán.

Las conclusiones a la que han llegado – asistieron representantes de las Órdenes de frailes, las hermanas franciscanas, los laicos de la Orden Franciscana Seglar y de la Juventud Franciscana – no escatiman críticas al evento que, según la delegación, «podrían desarrollar mejor su tema central”.

Es cierto, señalaron los franciscanos que «diferentes pabellones ofrecen, en la práctica, la posibilidad a los visitantes de afrontar cuestiones importantes: la gran desigualdad entre los pueblos, el control de los recursos por las minorías, el comercio que crea desigualdad social, la falta de reciprocidad entre todos los habitantes del planeta»…  Queda, sin embargo, la sensación de «ver omiso el tema central de la Expo»,  ya que hay demasiados pabellones “que no reflejan el lema de la Expo, prefiriendo centrarse en una estructura que tiende a realzar la belleza de su propio país»,  a veces incluso «con la búsqueda de sensacionalismo.»

Y si «la investigación tecnológica, la arquitectura, el juego de luces y sombras, las sensaciones de aromas agradables que cruzan cualquier gran área de la Expo, son una expresión de la belleza», y que San Francisco de Asís recuerda ser «imagen de la belleza de Dios «, otro aspecto destaca: «pabellones que prestan una especial atención al cuidado de la creación – apuntan desde la  delegación – están al lado de otros que representan alimentos distribuidos en grandes cantidades a bajo costo o las opciones de explotación inicua de las materias primas; y, sobre todo, la explotación de la mano de obra en todos los niveles de la cadena alimentaria».

Y una perplejidad, “lo pobres, por último, parecen estar ausentes de la Expo, solo aparecen en aquellos pabellones que buscan llamar la atención a costa de los marginados”.

Aquella pobre gente que, por el propio carisma, son parte esencial del horizonte franciscano, laicos y religiosos. Fray Ugo Sartorio ha recordado que “es hora de dejar de hablar de la pobreza para volver a hablar de los pobres. El Papa Francisco, en la Evangelii Gaudium, usa cincuenta y tres veces la palabra pobre y solo cuatro, de forma accesoria, la palabra pobreza”

«La relación entre los hombres, con los que necesitan cuidado y atención, es lo que crea las condiciones para alimentar el planeta», añadió.

En la víspera, otro fraile, Marco Tasca, Ministro General de los Menores Conventuales, había publicado la carta “La comida que alimenta. Por una vida sana y santa” donde decía que “el tema del alimento pone a la Iglesia directamente en relación con el mundo y en el mundo, en el sentido que la Iglesia “de salida”, como la ha manifestado el Papa Francisco, tiene que abandonar toda autoreferencialidad para asumir la realidad del hombre y la mujer de nuestro tiempo.

“A partir de los alimentos –prosigue fray Tasca- se pueden plantear muchas cuestiones, incluso dramáticas: ¿cuánta justicia y cuanta injusticia, cuanta paz y cuanta violencia, cuanto trabajo y cuantos robos, en la necesidad natural y espontanea de alimentarse?

Hablar de alimentos significa, por tanto, “hablar de los grandes problemas que enfrenta la humanidad y nos empuja a llevar nuestra mirada a horizontes más lejanos, muchas veces pasados por alto”.

Existe otro frente, “aquel del desperdicio de alimentos, uno de los escándalos más dramáticos de nuestro tiempo”

El escándalo no es la cantidad de comida sino ignorar a los pobres, apunta el Ministro General.

La Expo podría haberlo notado.

PAOLO AFFATATO

Nota de redacción: este articulo aparece primero en la versión en italiano de Vatican Insider. Su traducción y publicación en pazybien.es fue autorizada por el autor.

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Escrito por Redacción

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