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Los femicidios, expresión de un sistema patriarcal

Desde las culturas prehistóricas, hay datos que las mujeres han participado en ritos relacionados con la fertilidad, mejoras de la cosecha y de la caza de animales, además, de ser las mujeres, las encargadas de curar y atender a los partos. También, están los diferentes liderazgos de las mujeres en la historia humana, y en esto, no está exenta la participación de la mujer, en los escritos bíblicos del Antiguo Testamento (Sara, Devora, Ester, entre otras).

Entre los siglos XII y XV los papas católicos unieron “herejía y brujería”, realizando toda una persecución violenta y sangrienta, la mayoría perseguidas y asesinadas fueron mujeres, este hecho se conoce como “cacería de brujas”. La revista “National Geographic” (2016), plantea que entre los siglos XV y XVIII en Europa se asignaron entre 40 y 60 mil hombres y mujeres considerados de practicar brujería, decenas de miles de personas acusadas de connivencia con el diablo, la mayoría humildes mujeres, fueron objeto de terribles oleadas de persecución. En esta “cacería de brujas”, La Inquisición actuaba basada en las supuestas pruebas ofrecidas por los testigos, que estaban seguros de la condición de “bruja” de las acusadas. En Europa y en algunas ciudades de América, la jerarquía católica y protestante, consideró valido el ejercer la violencia para obtener información de las mujeres consideradas que practicaban la brujería. El concepto era simple, el pensamiento común de la Iglesias cristianas de Europa occidental, consideraba que su enemigo era el “demonio o satanás”, y este, lo personalizaba en las “brujas” o “herejes”, por tanto, desde ese argumento teológico, permitía ejercer la violencia sobre estos hombres y mujeres, que eran la mayoría. La mujer, también, era condenada por el simple hecho de cuestionar al hombre o sanar (ejercer la ciencia), también, por ser considerada el “demonio” que tentaba al hombre.

Los femicidios, en estos años, es la expresión de un sistema patriarcal vigente, que se consolida cada día, aun cuando las luchas reivindicativas de las organizaciones feministas y de DDHH han logrado avances en materia legislativa y concientización social; hasta mitad de marzo del 2020, habían asesinado 61 mujeres en Honduras, y solo, en los primeros 7 días de mayo asesinaron 5 mujeres. Un periódico de Guatemala, reportó que el Ministerio Público contabilizó  un total de 3,569 de denuncias de mujeres hasta marzo del presente año; en febrero ya se contabilizaban 27 femicidios, en marzo fueron registrados 13 femicidios. En El Salvador, lo que va de la cuarentena hasta abril se constatan 13 femicidios, y solo el mes de enero fueron 12 asesinatos de mujeres. En América Latina se registraron 2,795 mujeres asesinadas en el 2017. Además del dolor causado a las familias de estas víctimas, se suma la impunidad en la mayoría de casos.

En los evangelios encontramos una práctica de Jesús, donde sana, libera e integra en la vida social a la mujer, devolviendo su dignidad y el ser hija de Dios. Algunos de esos pasajes: la joven prostituta que encuentra amor y perdón en Jesús (Lc 7,36-50). La mujer encorvada es aceptada como “hija de Abrahán” (Lc 13,10-17). La señora considerada impura a causa del flujo de sangre y la cura de su enfermedad (Mc 5,25-34). La mujer adúltera que la acoge, defendiéndola de los fariseos y hombres que querían matarla (Jn 8,2-11). La samaritana, despreciada como “hereje” por los judíos (Jn 4,26). La mujer extranjera de la región de Tiro y Sidón, que cuestiona la mentalidad de Jesús (Mc 7,24-30). Jesús acepta las madres con hijos pequeños y los bendice, aun en contra de sus discípulos varones (Mt 19,13-15). Reprende a los discípulos, y les cuestiona la mentalidad patriarcal, de que el hombre domine a la mujer (Mt 19,10-12).

María Magdalena, curada por Jesús e incluida como discípula, al igual que otras mujeres (Lc 8,2); ella que fue la primera en anunciar la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, a la comunidad de discípulos (Jn 20,16-18). Las mujeres tienen desventaja, no solo en espacios laborales, políticos y sociales, sino en la Iglesias cristianas, donde la mayoría de sus dirigentes varones, se portan como “señores” y “dueños” de la mujer; no como Jesús, que se ubicó de iguales con la mujer, como fue el sueño del Dios Creador.

René Arturo Flores, OFM

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Escrito por Redacción

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