in ,

Lo que ves es lo que eres.

Francisco tenía una capacidad única para llamar a otros – los animales, las plantas y los elementos – «hermano» y «hermana» porque él mismo era un hermano pequeño. Les concedió a otro seres y cosas subjetividad, «personalidad», y dignidad porque primero honró su propia dignidad como hijo de Dios (aunque podría ser a la inversa, también). El mundo de las cosas era un espejo transparente, bidireccional para Francisco, que algunos de nosotros llamamos un universo totalmente «sacramental».

La creación es una sinfonía gigante de simpatía mutua. O, como dijo Agustín, «Al final sólo será Cristo amándose a sí mismo.»

Pero la mayoría no sabe estas buenas noticias todavía. Dios no se puede encontrar «allá afuera» hasta que se lo encuentra, en primer lugar, «aquí», dentro de nosotros mismos, como Agustín expresó profundamente en sus Confesiones de muchas maneras.

Entonces podemos casi naturalmente ver a Dios en los demás y en toda la creación, también.

Lo que buscas es lo que eres.  La búsqueda de Dios y la búsqueda de nuestro verdadero yo son, finalmente, la misma búsqueda. Francisco pasaba toda la noche en esta oración: «¿Quién eres tú, oh Dios, y quién soy yo?», es una oración tan perfecta porque es la oración más honesta y siempre verdadera que podemos ofrecer.

“El miedo, la constricción y el resentimiento son vistos por los maestros espirituales como una ceguera que debe ser superada. Estas emociones no pueden llegar a ninguna parte, ciertamente no a cualquier parte buena»

Por lo tanto todos los místicos son personas positivas, o no son místicos. Su guerra espiritual es precisamente el trabajo de reconocimiento y luego la entrega total a Dios de su negatividad interior y del temor. La gran paradoja es que esta victoria es un don de Dios, y sin embargo, de alguna manera se la debe querer mucho (Filipenses 2: 12b-13).

La práctica central en la mística franciscana, por lo tanto, es que debemos permanecer en el amor, que es por eso un mandamiento como tal (Juan 15: 4-5), de hecho, el gran mandamiento de Jesús. Sólo cuando estamos dispuestos a amar podemos ver el amor y la bondad en el mundo que nos rodea.

Nosotros mismos debemos permanecer en paz, y luego vamos a ver y encontrar la paz allí. Permanecemos en la belleza, y vamos a honrar la belleza en todas partes.

No hay ninguna conducta moral secreta requerida para conocer o agradar a Dios, o lo que algunos llaman la «salvación», más allá de ser una persona amorosa en mente, corazón, cuerpo y alma tu mismo.

!Entonces  podrás ver todo lo que necesitas para ver!

 

Traducción al español del texto en inglés y edición: Daniela Pelussi

Adaptado de “Eager to Love: el camino alternativo de Francisco de Asís”, Richard Rohr pag. 7-10

Comentarios

Leave a Reply

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Ya puedes leer en nuestro Kiosko el Osservatore Romano en español.

Resumén de Tierra Santa 29/05/2015. Video