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La Vida o el Movil. Por Daniela Pelussi

11 Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. 12
(…) y ve dos ángeles de blanco, (…)

13 Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió:

«Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.»

14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

15 Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.»

16 Jesús le dice: «María

Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» – que quiere decir: «Maestro».

17 Dícele Jesús: «(…) vete donde mis hermanos y diles:

Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.»

(Jn 20, 11, cf 12, 13-16, cf 17)

 

se han robado el cristo  Hace unos días algún ser humano tuvo la “feliz” idea de robarse una imagen de Cristo de mi parroquia. Estaba yo rondando por la web y veo la foto que les comparto en ente envío… que, nobleza obliga, ¡se la robe al párroco!
Ya que saque una con mi móvil pero (y créanme, no es chiste) me robaron a mi, entre otras cosas, el móvil.

Así que entre el tiempo libre que tengo sin mirar la bendita pantalla, miro a la gente… sus rostros… sus expresiones…  y cómo todos miran los móviles.  Tanto que los adultos van de la mano con los niños pero con la atención en el móvil. De modo que no advierten los pequeños descubrimientos del mundo que hacen mientras caminan los más pequeños.
Es como pertenecer a una dimensión paralela estar en la realidad, en el presente. Creo que por eso es tan difícil el encuentro. ¡Cuánto cuesta encontrarse con los amigos!

 

También observo lo apresurados que son para la angustia mis prójimos.
Lo apresurados que somos todos para juzgar, culpar y regodearnos en la miseria ajena.
En estos asuntos andaba yo cuando, hablando con Laura, le comento que me robaron. Y ella me dice: “Bueno, Dani, ¡ya van a venir tiempos lindos!”.

Me quede en silencio.
Pensé, sentí y le contesté: “aunque si lo piensas… estos son tiempos lindos… si ponemos todo nuestro corazón en las riquezas materiales, es lógico que estemos tristes. Pero si tenemos amor… ¿Quien nos puede robar eso?  ¡¿Quién nos puede robar la Vida?!

Así que, que me perdone el párroco, ¡me alegro que hayan robado al cristo!.

Entiéndase, a Cristo no nos Lo pueden robar, a menos que sea de yeso. A menos que sea un cristo aguado, de estampita con cabello rubio y ojos azules, de misa de compromiso, de desinterés por el otro, de tedio de religión costumbrista. De pietismo resignado, de mesianismo ateo… de “superioridades” religiosas.
Nos invito a que dejemos vivir atontados con “el móvil de la costumbre” y pidamos el Espíritu en nuestras vidas. Y nos dejemos sorprender por la Vida, que está ahí y es tan hermosa.

 

Para que podamos mirar al Señor y reconocerlo en todas las circunstancias. Para que se nos abran los ojos y conozcamos que somos mirados por Él. Y vivamos según su corazón.
Y tengamos un corazón más bueno para amar.
Que es donde se da el Encuentro:
Magdalena lloraba porque le habían sacado a Aquel que era todo en su vida. Y estaba tan comprometida en encontrar el cuerpo que no le hubiese importado perder la vida.
Pero la Vida le salio al Encuentro y se reconocieron, no tanto por las apariencias, sino por el amor y la amistad que tenían.

 

Iglesia: ¡¿Te robaron a Jesús?!
¿Por qué lloras, qué buscas?

¡Te envía el Señor a ser profeta del Reino!
El Vive en medio de ti. Tu vida es luz para los hombres, tus hermanos.

Tu Cristo se Levanto, está Vivo y te llama por tu nombre.

¡No tengas miedo! Tu Dios te conoce.

 

¡Alégrate!

Tu Dios te conoce.

Por Daniela Pelussi

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