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La verdad siempre es perseguida

Hoy a dos años de la canonización de San Óscar Arnulfo Romero, 5 años de su beatificación y 40 años de su asesinato, estamos ante un santo: profeta, pastor y mártir por defender la causa del pueblo empobrecido por ello queremos hacemos memoria de algunas migajas de su vida para alimentar nuestro corazón.   

“Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño, se los digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Ojalá, si, se convencieran que perderán su tiempo. Un Obispo morirá, pero la iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”. (1980)

Con un mensaje que parece nacer del presente, escrito hace ya 40 años, sus palabras nos animan y dan esperanza pero también nos exigen y cuestionan en nuestra comodidad frente a Jesús y su palabra. Después de leer el evangelio en sus homilías no podemos seguir indiferentes ante la palabra profética.

Monseñor Romero fue capaz de “desnudarse” ante el mundo para entregarse plenamente ante el misterio el amor. Hombre de palabras sencillas, hombre pobre entre los pobres, hombre de oración y reflexión, enséñanos a ser apóstoles de Jesús en este tiempo de hoy haciendo vida en nuestro corazón el “Resonar de Dios”.

Algunas de las frases que mas resuenan en la memoria del pueblo son:

“La persecución es algo necesario en la Iglesia. ¿Saben por qué? Porque la verdad siempre es perseguida”.

“La oración es la cumbre del desarrollo humano. El hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es”.
“Mi voz desaparecerá, pero mi Palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger”.
“… Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”
“Es inconcebible que se diga a alguien ‘cristiano’ y no tome, como Cristo, una opción preferencial por los pobres”.
“Ningún hombre se conoce mientras no se haya encontrado con Dios”.
“No me consideren juez o enemigo. Soy simplemente el pastor, el hermano, el amigo de este pueblo”.
“Si no fuera por esta oración y esta reflexión con que trato de mantenerme unido con Dios, no sería yo más que lo que dice San Pablo: Una lata que suena”.

“Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana… ”


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Escrito por Redacción

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