La unión consumada

El libro de los Hechos de los apóstoles nos cuenta el acontecimiento de Pentecostés con todo detalle: a saber lo que oyeron, lo que vieron y lo que sintieron. En esta experiencia la mano poderosa de Dios actuó en ellos y así también la reacción externa que se produjo en muchos que de todas partes del mundo  habían ido a Jerusalén y pudieron contemplar aquel acontecimiento. En él Dios quiso dar a entender la presencia del Espíritu Santo haciéndolos hablar en todas las lenguas a aquellos que lo recibieron. Hoy sin embargo este misterio sigue cumpliéndose en la iglesia universal extendida por toda la tierra que en sus diversas lenguas continua dando a conocer las maravillas de Dios.

En aquel acontecimiento pascual  una fuerza divina inundó sus corazones haciéndolos capaces de anunciar la Buena Nueva en distintas lenguas. Dios los vistió con su belleza y majestad como nos dice el salmo. Aquellos hombres miedosos, asustados, cobardes y rudos se llenaron de una fuerza misteriosa y saliendo de su cobardía y encerramiento gritaron a todas las naciones (en distintas lenguas) las maravillas de Dios. Fueron renovados, iluminados, fueron santificados. Aquellos hombres encorvados fueron enderezados y sin titubear proclamaron la Buena Noticia. El Espíritu Santo prometido bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo según lo había dicho, bajó sobre los apóstoles reunidos y obró en ellos múltiples efectos así como nos lo dice la Sagrada Escritura.

A cada uno de ellos, el Señor le confiaba su misión sobre la tierra teniendo así todos la misma meta: el mismo Señor y su Reino. Los apóstoles saben que ninguna persona puede proclamar al Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Es Aquel que fecunda nuestros desiertos con sus obras,  Aquel que vence nuestros miedos, levanta nuestro ánimo y pone en nuestros labios su Palabra. Y como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros así deben permanecer los que profesan y proclaman al Señor, que a pesar de ser muchos y a cada cual dotado individualmente, forman y viven en torno a solo una persona: la Santísima Trinidad (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo)

Hoy es el día del nuevo nacimiento. El día en el que se cumplió aquella promesa apostólica <<permaneced en la ciudad (Jerusalén) hasta que se os envíe el Espíritu santo>>. A partir de ahora los apóstoles se dedicaran a anunciar el arrepentimiento y el perdón del Señor así como su muerte y resurrección. Hoy queridos fieles es el nuevo comienzo de entonces y de ahora. Hoy es aquel día en que la luz inundó inmensamente los corazones de la primera comunidad cristiana apartando así la penumbra que hasta entonces nublaba sus ojos y su ser a partir de la partida de su Señor y Maestro. Hoy que sí pudieron comprender aquellas misteriosas palabras pronunciado por Él cerca de su partida << Un poco más, y no me veréis, y de nuevo un poco, y me veréis…>>. Era necesario que esta primera comunidad siguiera pero de una manera nueva al Verbo de Dios.

Hermanos y hermanas hoy recibimos también el mismo espíritu que recibió la primera comunidad reunida. Hoy el Espíritu Santo renueva, purifica, transforma, y rejuvenece la iglesia formada por sus fieles por la virtud del Evangelio y la conduce a la unión consumada con Cristo. Hoy el Espíritu santo viene a alegrar nuestro corazón con su presencia. Hoy nuestra pequeñez humana recibe la gracia divina. Hoy somos revestidos de la gracia – de la vida  divina- para ser testigos en el mundo. Hoy el Espíritu santo de Dios irrumpe en nuestra vida favoreciendo en cada uno su relación con Dios y con el prójimo. Hoy como entonces adquirimos en la medida en que somos dignos de ello lo que el alma fiel puede desear; ser como Dios (siendo participes de la naturaleza divina del  verbo transformándonos a su estilo de vida).Esto solo podía ser posible con la comunicación del Espíritu Santo. Sujetos pues al Espíritu Santo, daremos testimonio de que somos hijos de Dios; herederos de Dios y coherederos de Cristo.

Y como franciscana- Clariana que soy, no puedo sino reconocer lo mucho que desearon y aconsejaron  nuestros fundadores a que siempre y en todo momento nos dejáramos guiar por el Espíritu Santo de Dios, no apagando jamás el espíritu de oración y su santa operación. Francisco de asís ya al final de su vida, resumiendo la visión de la Orden y muy consciente de lo que se vivía entonces declaró << El Espíritu Santo… es el Ministro general de la Orden» (2 C 193). Tanto el como ella, en esa ciudad pequeñita de Asís supieron lo que debía ser el núcleo y el centro de todo seguimiento cristiano: el mismo Espíritu del Señor y su santa operación. Es decir que en todo lugar, en todo tiempo y por encima de todo,  interesa tan sólo la obediencia total o plena disponibilidad a este Espíritu del Señor, que realiza todo bien y toda santidad en el hombre.

Pidamos sin cesar pues a este don divino, que se deja comprender por su bondad, que nos ayude a comprender y a conocer las verdades que contienen los misterios divinos y humildemente sepamos compartirlos, darlos a conocer a todas las naciones. Pidamos por los países que están en guerra sin olvidar a nuestros hermanos y hermanas perseguidos o son negados su derecho de religión. Y por todos nosotros para que día a día valoremos y apreciemos las grandes maravillas que Dios nos regala, que sepamos custodiarlas llevando una vida santa, de entrega total a Dios y al prójimo.

Paz y bien a tod@s feliz de solemnidad y buen domingo.

 

Hna. Catalina Mª Inmaculada Ohp

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Escrito por La Voz desde la Clausura

La hermana Catalina María Inmaculada pertenece a la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara (Clarisas) y nació en Kenia en 1984. Actualmente reside en el Convento de Jesús a la Columna, Belálcazar - Córdoba (España)

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