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La solidaridad, pilar esencial en la vida humana.

[box type=»info»] Amarse pero amar al prójimo. Respetar y tolerar al otro. Acompañar y extender la mano a quién más lo necesita, los valores del altruismo y la naturaleza del cristianismo[/box]

No hay mejor actitud humana que impulsar al otro hacia la búsqueda de nuevas oportunidades, no existe mejor satisfacción personal que el compromiso con la sociedad en su más absoluta exploración hacia la felicidad.

solidaridad-codecMucho se habla del “compromiso social”, de la “caridad humana” y del “ser solidario”, espacios publicitarios, discursos políticos, homilías eclesiales, reuniones con amigos, cenas en familia…

Demasiado se publica sobre la “actitud positiva” para el bienestar personal, el crecer en un ambiente agradable y no “tóxico”, superar efectos negativos y hasta leerse los cien consejos para ser feliz… como si la felicidad estuviese en tópicos, ítems, pautas o normas establecidas por algunos; una receta diseñada, cuando el meollo de la cuestión es aprender desde la experiencia que todos somos parte de la felicidad en estado pleno; con sus altibajos, pero con rumbo hacia la construcción de ella.

Inmersos en una realidad cambiante donde nos interesa -y demasiado- , la vida del otro, donde lo importante se transforma en superfluo y nos olvidamos que somos seres humanos necesitados y que juntos, construimos el edificio de la felicidad… Situados tan sólo en la pura “satisfacción” personal: entregar una limosna y sentirnos aliviados por la “buena acción del día”, ir a misa los domingos y orar por aquellos que sufren y tienen dolor por lo que es la infelicidad humana, ir deprisa por la vida y de pronto, detenerse en el semáforo para ayudar a la señor a cruzar la carretera, levantar el teléfono y recomendar a un amigo para que pueda ingresar a un puesto de trabajo.

Sí, todas estas acciones y muchas más son fascinantes, justas y necesarias en nuestro interior, no porque tengamos aprendido la escala de valores en el que se mueve una sociedad sino porque emanan del corazón del hombre… Somos cambio y movimiento, por ende, crecemos con lo que hacemos y aprendemos los conceptos de la vida, basados en la experiencia personal y comunitaria, nos damos cuenta que lo más sorprendente y emocionante de ella es la solidaridad y el saber pensar-actuar por el otro: altruismo.

La solidaridad; la construcción del espacio del otro es un pilar fundamental en la vida del hombre y debería ser, en todo cristiano, fuente de sabiduría e impulso para poder ser verdaderos ejemplos y constructores de una sociedad más humana, una comunidad con los cimientos puestos en el amor, la esperanza, la comprensión y la tolerancia.

Cuando tengamos la capacidad de entender que la piedra inicial del cristianismo es el amor al prójimo, cuando lleguemos a comprender que el otro es acción y se recrea en mi ejemplo, en mis actitudes y no en mis palabras, cuando nuestro pensamiento deje sólo de construir oraciones y se convierta en acciones será entonces cuando retornemos al camino de la verdad; una senda donde la solidaridad es fuente en estado puro para crecer, desarrollarnos y madurar…

Cuando actuemos, nos arremanguemos y toquemos el dolor de aquellos que sufren y lloran en su silencio… Cuando estemos con ellos, en aquél sitio; donde tantos ancianos esperan el fin de sus vidas apartados de lo esencial; una sociedad… allí, donde sus miradas se han apagado y son esclavos de sus pensamientos…

Tenemos ejemplos, personas que han dado su vida por el otro… Seres humanos que han caminado y transitado por la tristeza y la amargura de aquellos que no tenían luz, esperanza ni reconocimiento. Hombres y mujeres que entendieron y comprendieron que la felicidad se alcanza cuando emana la alegría en el corazón del otro sea por un gesto, una mirada, un abrazo o simplemente, reconocerlo como hermano en este trayecto. Mujeres que defendieron los derechos de muchos y que levantaron del suelo a miles y miles excluidos de un sistema… hombres que tuvieron el coraje de ser voz de aquellos que no tenían ya ni el aliento para defenderse a sí mismos…

Los cristianos nos adentramos en un tiempo de inmensa alegría, vamos camino a la Navidad, nos acercamos a contemplar aquél Niño que llega y nos reparte esperanza… Es tiempo de detenernos, de autoevaluarnos y preguntarnos si somos realmente seres solidarios, si construimos un mundo (desde el espacio que nos toca) con inclusión, oportunidades o simplemente somos caritativos saciando el momento.

Para finalizar, me hago eco de las palabras del filósofo Emmanuel Levinas: “La verdadera correlación entre el hombre y Dios depende de una relación de hombre a hombre, de la que el hombre asume la plena responsabilidad como si Dios no contara”. Por tanto, lo importante no es afirmar la propia identidad, ni interrogarse sobre el ser o no ser, sino preocuparse por el otro…”

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Escrito por Omar Leonard

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