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La simple verdad de la defensa de la vida.

eco4D01Participe esta mañana de la segunda jornada del Encuentro Internacional por el Derecho a la Vida, en el Congreso de los Diputados de Madrid.

Quiero escribir unas líneas sobre esto, no desde mi fe cristiana porque sé que todos los que leéis la compartís, sino desde mi punto de vista de hombre de bien.

Más allá de algunas cifras escandalosas como las más de 8.000.000 de vidas sesgadas desde el 68 en el Reino Unido o las más de 100.000 anuales que se pierden en España, lo que más me conmovió fue la disertación del Señor Oliveira, parlamentario portugués. Fue sencilla, como suele ser la verdad, mostro unas imágenes de las ecografías de sus nietos. Y esto me recordó a mis dos hijos.

Sencillo. Cuando mi mujer me dijo que estaba embarazada de mi primer hijo y fuimos al ginecólogo para hacer la primera prueba, le puso la máquina de la ecografía y se escuchó el corazón de quien ya era mi hijo y se vio un pequeño punto en la pantalla que latía. Un corazón, inicio, núcleo de la vida, que latía y se mostraba con apenas dos o tres semanas.

La discusión por el aborto me parece tan absurda que no logro explicarla. Va más allá de conceptos o creencias religiosas, es pura evidencia y sentido común. En el vientre materno hay vida, desde el primer momento.

Pero me temo que la discusión va por otra parte, tiene más que ver con las “libertades” de la mujer y su derecho a “decidir”. Ambas cosas amparadas y fomentadas por algunos sectores a quienes interesa que se de este cambio cultural en favor de la muerte.

Yo también defiendo las libertades de las mujeres, y de todos los demás, y también defiendo el derecho a decidir de quien sea pero siempre y cuando esos derechos no aplasten los de otros.

Dios nos dio un cuerpo maravilloso y lo dotó de muchos sentidos y capacidades, incluida la de sentir placer, en consecuencia me parece muy bien que la gente, disfrute de el. El problema es que este mundo plantea que se puede ir por la vida sin asumir responsabilidades, sin asumir las consecuencias de los actos que realizamos. Es la cultura del “vivir al día”, en palabras de Jaime Mayor Oreja, de disfrutar del momento y nada más.

¿No sería mejor ejercer el derecho a decidir ANTES de concebir una vida? Se pueden decidir muchas cosas, incluso que forma de anticoncepción usar, pero me parece absurdo el plantear que se pueda decidir generar vida para luego decidir matarla. Nos oponemos a la pena de muerte, al maltrato de animales y ¿nos da igual la vida del no nacido? No sé, será quizás porque este mundo materialista, no cree en lo que no puede tocar o ver…

Más allá de conceptos y creencias religiosas que podemos debatir toda la eternidad, la unión física entre un hombre y una mujer (repito, entre hombre y mujer), en términos normales, genera vida. Desde el primer minuto. Vida única e irrepetible y nadie tiene derecho a destruirla.

Así de sencillo, como suele ser la verdad.

GLS

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