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La revolución cultural y social del Papa Francisco en Laudato Si

zzzzinte1Pope Francis waves to the crowd after his traditional Christmas "Urbi et Orbi" blessing from the balcony of St. Peter's Basilica on December 26, 2013 at the Vatican. AFP PHOTO / FILIPPO MONTEFORTE zzzz

En esta su primera Encíclica Social (LS), dedicada a la Ecología que trata sobre “el cuidado de la casa común”, el Papa nos llama a  “una valiente revolución cultural” (LS 114). Es la revolución del pensamiento social y moral inspirado en la fe, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que se ha desarrollado en nuestra época contemporánea y que el Papa continúa en profundidad con LS. Con su perspectiva y metodología inductiva, en el encuentro entre la realidad y el Evangelio (cf. LS 15-16). Una mirada desde la ética y el Evangelio, en el ver, juzgar o valorar y actuar sobre la realidad. Con un enfoque interdisciplinar en el empleo de las ciencias humanas o sociales, para un adecuado análisis transformador del mundo. De esta forma, el Papa plantea un desarrollo y ecología integral donde se inter-relacionan los diversos aspectos de lo humano y de lo real, como lo espiritual o personal, lo social y lo ambiental (LS 138-140). Para la promoción de la justicia social-global con los pobres de la tierra, de la justicia ecológica en el desarrollo sostenible. En la línea de los santos y testimonios de la Iglesia como es, de forma paradigmática, San Francisco de Asís (cf. LS 10). 

Lo que estás generando que los representantes del poder y de la riqueza, los poderosos y los ricos del neoliberalismo, del capitalismo global lancen, cada vez más, abundantes críticas y ataques contra el Papa. Y es que desde un conocimiento profundo (vital) de la realidad, el Papa analiza y denuncia la desigualdad e injusticia social-mundial y global que saquea a los pobres y a la naturaleza. Lo cual, cada vez más, crea opresión, muerte y destrucción de los pobres, de los pueblos y del medio ambiente. Todo ello es causado por las actuales e injustas relaciones humanas, por las estructuras sociales e internacionales, por los sistemas mundiales de la economía, del comercio y de las finanzas (cf. LS 48-52). Las raíces de toda esta injusticia social-global y ecológica hay que buscarlas: en la actual y global ideología individualista del neoliberalismo, con su relativismo y tecnicismo-economicismo, con su consumismo y codicia; en el sistema del capitalismo con el libre mercado como ídolo y su especulación financiera, con sus empresas multinacionales y corporaciones financieras-bancarias. Lo que mantiene y acrecienta la injusticia del hambre y la pobreza, destruye la dignidad y vida de las personas, del ambiente (cf. LS 109-114).

Desde lo anterior, el Papa enseña toda una ecología o bioética global que promueve y defiende la vida en todos sus aspectos, con coherencia y credibilidad. Lo que se opone a la cultura de muerte como son las desigualdades e injusticias del hambre y de la pobreza, de la explotación del trabajo y de la naturaleza, de las guerras y del aborto (cf. LS 115-122). Impulsa la fecundidad y diversidad de la naturaleza del ser humano con su cuerpo, de las relaciones-complementariedad entre el hombre y mujer que se expresan en el matrimonio, abierto a la vida con los hijos y a la belleza de la familia (cf. LS 155). Transmite y profundiza así las claves y valores principios de la DSI que, inspirada en la fe, se realiza en el constitutivo amor social y caridad política para la búsqueda del bien común, de la justicia liberadora con los pobres de la tierra (cf. LS 159, 228-231).

Tales como que la ética y la política deben orientar la economía, al mercado y a las finanzas, al servicio del bien común y de la justicia con los pobres; frente al tecnicismo y al mercado libre puestos como (falsos) dioses, la idolatría del beneficio y ganancia por encima de la vida y dignidad de las personas (Cf. LS 189-198). En contra del liberalismo y del capitalismo, el destino universal de los bienes está por encima de la propiedad, que solo es ética si realiza esta social y justa distribución de los recursos, de la tierra y del resto de bienes del planeta. Lo contrario a la esclavitud e insolidaridad de la riqueza, del ser rico que no reparte los bienes con los pobres, para que haya justicia e igualdad entre las personas y pueblos (cf. LS 93-95). En esta línea, se ha de promover la vida y dignidad del trabajador, la humanización del trabajo decente con salarios justos y el resto de condiciones laborales dignas, frente a la dictadura del capital y del tecnicismo (cf. LS 124-129). Como se observa por todo lo anterior, el Papa plantea y propone toda una revolución cultural, ética y social inspirada en el Dios del Evangelio de Jesús. La revolución de la civilización del amor, del trabajo digno y de la pobreza solidariafrente a la del capital y de la riqueza, al consumismo e individualismo.

 Via RD

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Escrito por Redacción

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