En esta su primera Encíclica Social (LS), dedicada a la Ecología que trata sobre “el cuidado de la casa común”, el Papa nos llama a  “una valiente revolución cultural” (LS 114). Es la revolución del pensamiento social y moral inspirado en la fe, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que se ha desarrollado en nuestra época contemporánea y que el Papa continúa en profundidad con LS. Con su perspectiva y metodología inductiva, en el encuentro entre la realidad y el Evangelio (cf. LS 15-16). Una mirada desde la ética y el Evangelio, en el ver, juzgar o valorar y actuar sobre la realidad. Con un enfoque interdisciplinar en el empleo de las ciencias humanas o sociales, para un adecuado análisis transformador del mundo. De esta forma, el Papa plantea un desarrollo y ecología integral donde se inter-relacionan los diversos aspectos de lo humano y de lo real, como lo espiritual o personal, lo social y lo ambiental (LS 138-140). Para la promoción de la justicia social-global con los pobres de la tierra, de la justicia ecológica en el desarrollo sostenible. En la línea de los santos y testimonios de la Iglesia como es, de forma paradigmática, San Francisco de Asís (cf. LS 10). 

Lo que estás generando que los representantes del poder y de la riqueza, los poderosos y los ricos del neoliberalismo, del capitalismo global lancen, cada vez más, abundantes críticas y ataques contra el Papa. Y es que desde un conocimiento profundo (vital) de la realidad, el Papa analiza y denuncia la desigualdad e injusticia social-mundial y global que saquea a los pobres y a la naturaleza. Lo cual, cada vez más, crea opresión, muerte y destrucción de los pobres, de los pueblos y del medio ambiente. Todo ello es causado por las actuales e injustas relaciones humanas, por las estructuras sociales e internacionales, por los sistemas mundiales de la economía, del comercio y de las finanzas (cf. LS 48-52). Las raíces de toda esta injusticia social-global y ecológica hay que buscarlas: en la actual y global ideología individualista del neoliberalismo, con su relativismo y tecnicismo-economicismo, con su consumismo y codicia; en el sistema del capitalismo con el libre mercado como ídolo y su especulación financiera, con sus empresas multinacionales y corporaciones financieras-bancarias. Lo que mantiene y acrecienta la injusticia del hambre y la pobreza, destruye la dignidad y vida de las personas, del ambiente (cf. LS 109-114).

Desde lo anterior, el Papa enseña toda una ecología o bioética global que promueve y defiende la vida en todos sus aspectos, con coherencia y credibilidad. Lo que se opone a la cultura de muerte como son las desigualdades e injusticias del hambre y de la pobreza, de la explotación del trabajo y de la naturaleza, de las guerras y del aborto (cf. LS 115-122). Impulsa la fecundidad y diversidad de la naturaleza del ser humano con su cuerpo, de las relaciones-complementariedad entre el hombre y mujer que se expresan en el matrimonio, abierto a la vida con los hijos y a la belleza de la familia (cf. LS 155). Transmite y profundiza así las claves y valores principios de la DSI que, inspirada en la fe, se realiza en el constitutivo amor social y caridad política para la búsqueda del bien común, de la justicia liberadora con los pobres de la tierra (cf. LS 159, 228-231).

Tales como que la ética y la política deben orientar la economía, al mercado y a las finanzas, al servicio del bien común y de la justicia con los pobres; frente al tecnicismo y al mercado libre puestos como (falsos) dioses, la idolatría del beneficio y ganancia por encima de la vida y dignidad de las personas (Cf. LS 189-198). En contra del liberalismo y del capitalismo, el destino universal de los bienes está por encima de la propiedad, que solo es ética si realiza esta social y justa distribución de los recursos, de la tierra y del resto de bienes del planeta. Lo contrario a la esclavitud e insolidaridad de la riqueza, del ser rico que no reparte los bienes con los pobres, para que haya justicia e igualdad entre las personas y pueblos (cf. LS 93-95). En esta línea, se ha de promover la vida y dignidad del trabajador, la humanización del trabajo decente con salarios justos y el resto de condiciones laborales dignas, frente a la dictadura del capital y del tecnicismo (cf. LS 124-129). Como se observa por todo lo anterior, el Papa plantea y propone toda una revolución cultural, ética y social inspirada en el Dios del Evangelio de Jesús. La revolución de la civilización del amor, del trabajo digno y de la pobreza solidariafrente a la del capital y de la riqueza, al consumismo e individualismo.

 Via RD